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En los jardines de la finca Torre Girona, situados en la frontera invisible entre el exclusivo barrio de Pedralbes y la actividad académica de la Zona Universitaria, en Barcelona, reina una calma aparente. Los paseantes observan la arquitectura neoclásica del siglo XIX, los árboles centenarios y la piedra antigua, imaginando quizás el retiro espiritual de una familia burguesa de antaño.

Sin embargo, tras los muros de la antigua capilla de la finca, el silencio monacal hace años que desapareció. Un zumbido eléctrico, grave y constante, vibra las veinticuatro horas del día en el interior del recinto, acompañado por el parpadeo incesante de luces azules que se reflejan en las viejas vidrieras. Lo que allí se esconde no tiene nada que ver con la fe, sino con la fuerza bruta del cálculo.

Silencio roto

Ese edificio religioso, hoy desacralizado, alberga el Barcelona Supercomputing Center (BSC), el hogar del MareNostrum 5. No es una simple sala de servidores; es una de las instalaciones científicas más potentes y estratégicas de la Unión Europea, encapsulada dentro de una enorme caja de cristal transparente diseñada para aislar térmicamente la máquina sin dañar la piedra original del templo.

Aspecto de un supercomputador MareNostrum 5 EFE/Enric Fontcuberta

La visión es impactante por su anacronismo. Las columnas clásicas y los arcos de la nave central abrazan una estructura futurista de dos pisos de altura. Es un diálogo arquitectónico imposible entre el pasado romántico de Barcelona y el futuro digital del continente, una estampa que ha llevado a esta instalación a ser citada internacionalmente como el centro de datos más bello del mundo.

Potencia desbocada

Pero la estética es solo el envoltorio de una bestia tecnológica. El MareNostrum 5, inaugurado a finales de 2023, representa un salto cuántico respecto a sus predecesores. Su puesta en marcha ha supuesto una inversión total estimada en unos 202 millones de euros, financiada al 50% por la iniciativa europea EuroHPC y el resto por un consorcio liderado por el Ministerio de Ciencia español, la Generalitat de Catalunya y la UPC.

Las cifras de su rendimiento escapan a la comprensión humana cotidiana. Esta máquina tiene una capacidad de rendimiento pico de 314 petaflops, lo que se traduce en 314.000 billones de cálculos por segundo. Una potencia de fuego diseñada para resolver en horas problemas complejos que a los ordenadores convencionales les llevaría siglos descifrar.

Herencia burguesa

La ubicación de este cerebro electrónico no es casualidad, sino fruto de la oportunidad histórica. La capilla formaba parte de la residencia de veraneo de Manuel Girona, el banquero y alcalde que en el siglo XIX financió de su propio bolsillo la fachada de la Catedral de Barcelona. La burguesía catalana construyó el recinto; la ciencia moderna lo ha reconquistado.

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, y Sergi Girona, director de Operaciones del BSC, durante la inauguración del MareNostrum 5 Europa Press

Cuando la Universidad Politécnica de Cataluña necesitó a principios de los 2000 un espacio diáfano y con techos altos para instalar la primera versión del superordenador, la antigua capilla se presentó como la única opción viable en el campus. Lo que nació como una solución provisional por falta de espacio se ha consolidado hoy como un icono inseparable de la marca Barcelona.

Ciencia vital

Lejos de ser un juguete caro, el MareNostrum 5 es una herramienta crítica para la supervivencia. Sus procesadores se dedican a la investigación médica de alto nivel, permitiendo diseñar nuevos fármacos mediante simulaciones moleculares masivas o crear "gemelos digitales" del corazón humano para personalizar tratamientos cardíacos sin riesgo físico para el paciente.

Así luce el MareNostrum 5, en el BSC BSC

También es un vigía climático. La máquina se utiliza para generar modelos predictivos sobre el calentamiento global con una precisión inédita, simulando la atmósfera y los océanos en el marco del proyecto europeo Destination Earth. Es, en esencia, un oráculo moderno que funciona con algoritmos en lugar de profecías.

Fascinación mundial

El magnetismo del lugar ha trascendido lo científico para entrar en la cultura popular. El escritor Dan Brown, autor de El Código Da Vinci, visitó las instalaciones en varias ocasiones y quedó tan hipnotizado por el contraste entre ciencia y religión que situó allí escenas clave de su novela Origen, describiéndolo como un lugar donde lo divino y lo humano se tocan.

Hoy, la capilla de Torre Girona sigue allí, discreta entre la vegetación del Campus Norte. Para el estudiante despistado, es solo una iglesia vieja más. Para la comunidad científica, es el santuario donde Europa guarda su cerebro más valioso, protegido por muros de piedra que han visto pasar la historia de una ciudad entera.

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