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A las 06:11 de la mañana, la estación de Castelldefels ha sido escenario de un suceso casi mágico, la única grieta en un muro de silencio que ha durado todo el día.

Un tren ha entrado sigilosamente por la vía 2, ha abierto puertas y ha cargado a un puñado de pasajeros incrédulos que se frotaban los ojos ante lo inesperado.

Gabriel, personal comercial en la estación, narra la escena con precisión: el maquinista hizo "amago de marcha", cerró puertas y confirmó telefónicamente su destino: "Sí, sí, voy hasta Vilanova. ¿Con viajeros? Sí".

El convoy partió hacia el sur, llegó a su destino y la vía volvió a morir. "No ha vuelto a pasar nada más. Ni ha vuelto, ni ha ido para atrás".

El andén de la estación de Castelldefels este jueves, vacío CG

Fue el 'tren fantasma'. La excepción que confirmaba la defunción operativa de Rodalies. Minutos después, Cataluña amanecía desconectada.

Ahora sabemos por qué ese tren fue una anomalía estadística: solo seis de los 140 maquinistas convocados para el turno de mañana en el núcleo de Rodalies se han presentado a trabajar. El resto, el 95% de la plantilla, se ha plantado.

La 'huelga' antes del pacto

Lo que el usuario ha vivido como un caos tenía una aritmética sindical precisa. La parálisis de este jueves es la respuesta directa a la tragedia de Gelida del pasado martes.

Aunque Renfe y Adif intentaron salvar la jornada con un informe asegurando que la red era segura, el documento no solo no convenció a los maquinistas, sino que los indignó. El resultado ha sido una negativa masiva a arrancar los motores sin garantías físicas.

El bloqueo se ha mantenido férreo hasta pasadas las cuatro de la tarde. En una reunión maratoniana en la estación de Sants, iniciada a las 11:00 horas, Generalitat, Renfe, Adif y el sindicato Semaf han alcanzado finalmente un consenso para desbloquear la situación. La clave: "inspecciones conjuntas".

A partir de esta misma tarde, convoyes formados por maquinistas y técnicos recorrerán los 13 itinerarios de la red. Solo cuando den el visto bueno, línea por línea, se reanudará la circulación.

Pero mientras en los despachos de Sants se sellaba el acuerdo con caras de satisfacción por parte del comisionado Pere Macias y la consellera Sílvia Paneque, en los andenes del Baix Llobregat se vivía un drama muy distinto.

La mentira de las pantallas

A pie de vía, la jornada comenzó con una colisión de expectativas. A las 06:00 horas, los monitores prometían una "recuperación progresiva", siguiendo la directriz optimista que el Govern había defendido la noche anterior.

La realidad duró 15 minutos. "A las seis y cuarto, automáticamente la han cambiado y han dicho que por causas operativas no se presta servicio", relata el personal de la estación de Castelldefels.

Mensaje en las pantallas de las estaciones de Rodalies para informar de la suspensión del servicio este jueves, 22 de enero GALA ESPÍN Barcelona

Sin embargo, tal y como ha podido saber este medio, la plantilla ya sabía que esa promesa era papel mojado. Un comunicado interno de Semaf enviado la noche anterior ya advertía a los trabajadores de que las garantías eran "altamente insuficientes" y confirmaba que hoy no saldrían trenes.

Mientras la megafonía pedía disculpas por "causas operativas", los trabajadores de la estación se veían obligados a repetir consignas vacías: "No hay circulación en ninguno de los dos sentidos".

El trabajador, tirado

Roberto, empleado de hostelería cerca de la Sagrada Familia, es la cara visible de las estadísticas. Al toparse con el cierre de la estación, su sentencia ha sido inapelable: "Me he quedado frito". Su trayecto de 45 minutos se ha convertido en una odisea de autobús y metro de casi dos horas.

Su enfado apunta a la línea de flotación de la economía real. "Nosotros somos los que movemos el país... si no trabajamos, ¿qué podemos hacer?". "Esto es diario", remata con una resignación que duele más que la propia queja.

20 kilómetros marcha atrás

Si la situación hacia Barcelona era difícil, la de quienes intentaban ir hacia el sur ha sido dramática. Al no tratarse de obras programadas, no se ha activado un Plan Alternativo de Transporte (PAT) con flotas de autocares, dejando al tramo Castelldefels-Sitges-Vilanova sin cobertura.

El Garraf se ha convertido en una ratonera. La falta de buses directos ha provocado situaciones absurdas: trabajadores salientes del turno de noche en Vilanova se han visto obligados a viajar en sentido contrario, hacia El Prat de Llobregat, para intentar enlazar con un transporte que les devuelva a casa.

"Irte casi 20 kilómetros para atrás para luego volver... es caótico", reconocen en taquilla, donde el único servicio prestado hoy ha sido el canje de billetes de tren inservibles por vales de autobús.

El absurdo en Gavà

Una imagen que mejor define el colapso se ha producido en Gavà. La estación, vacía y con el acceso a andenes vetado bajo la premisa de "sabemos lo mismo que vosotros", ha dado paso a una escena esperpéntica en el exterior.

Treinta minutos después de cerrar su turno, el mismo empleado de Renfe que informaba del bloqueo se encontraba en la parada del autobús, haciendo cola junto a la treintena de pasajeros a los que no había podido atender. Todos atrapados en la misma acera esperando un bus que no daba abasto.

La estación de Rodalies de Gavà este jueves por la mañana, vacía CG

¿Y mañana qué?

El acuerdo de esta tarde promete una "recuperación progresiva" a partir de mañana viernes, condicionada a esas "marchas exploratorias" que certifiquen que no hay árboles amenazando la vía ni taludes inestables. La consellera Paneque habla de un plan a medio plazo y reuniones bimestrales.

Sin embargo, a pie de andén, la confianza tardará más en volver que los trenes. Gabriel, el testigo del único convoy que circuló hoy, resumía el sentir general antes de conocerse el pacto: "Échate a temblar". Mañana, si las inspecciones lo permiten, Rodalies intentará volver a ser un servicio de transporte.

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