Adiós a las aceras típicas de Barcelona: así es el nuevo panot

Adiós a las aceras típicas de Barcelona: así es el nuevo panot CANVA

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Adiós a las aceras típicas de Barcelona: así es el nuevo panot

El ayuntamiento de la ciudad crea un nuevo diseño sostenible e inteligente, adaptado a las necesidades el siglo XXI

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Más allá de la Sagrada Familia, del mar o del Tibidabo, hay una forma inequívoca de reconocer que uno está en Barcelona: mirando al suelo. Las baldosas de sus calles son únicas y tienen incluso nombre propio; se las conoce como panots.

Estas baldosas hidráulicas, con un diseño característico, dan forma, en cierto modo, a la ciudad. Son tan singulares que incluso hay quien se las lleva como recuerdo. Por eso, este diciembre, una noticia ha sorprendido a muchos barceloneses.

La ciudad ha comenzado a despedirse, poco a poco, del panot, al menos del clásico. Este símbolo de Barcelona desde hace más de un siglo inicia ahora una nueva etapa.

Desde el Ayuntamiento de Barcelona aseguran que no se va a prescindir de este icono, sino que será sustituido por el llamado panot del siglo XXI.

Dónde está

Bajo este nombre se esconde una versión renovada que apuesta por la innovación, la sostenibilidad y la reducción del impacto ambiental, sin renunciar a la identidad urbana. O eso aseguran sus impulsores.

Quien quiera verlo solo debe acercarse a la Gran Via de les Corts Catalanes, en el tramo comprendido entre el paseo de Gràcia y la rambla de Catalunya. Allí se ha instalado, hace menos de una semana, este símbolo renovado.

Primera vez

No es el único espacio en el que se ha probado, pero sí el último. Se trata de la segunda prueba piloto de un proyecto que podría transformar de forma progresiva las aceras de la capital catalana.

La primera fase se llevó a cabo en marzo en la Superilla del Poblenou. Allí se evaluaron aspectos como la resistencia, la facilidad de limpieza, la adherencia, el drenaje, la estabilidad del color y el comportamiento acústico del pavimento.

Los resultados fueron positivos y animaron al Ayuntamiento a dar un paso más con esta segunda prueba en pleno centro de la ciudad.

La elección de la Gran Via no es casual. Se trata de una de las arterias más concurridas de Barcelona, con un elevado tránsito peatonal diario.

El nuevo panot

De hecho, el Ayuntamiento ha instalado un tótem interactivo en la esquina con la rambla de Catalunya. Este dispositivo informa sobre las características del nuevo panot y muestra en tiempo real el número de peatones que pisan el pavimento experimental.

El mensaje es claro: cada paso cuenta. La instalación hace visible cómo el uso cotidiano del espacio público puede contribuir a una Barcelona más sostenible e innovadora, reforzando la idea de que el cambio empieza desde el suelo que se pisa.

Prueba piloto

Del mismo modo, este dispositivo resulta útil para medir el desgaste, la resistencia a la rotación y la durabilidad en condiciones de tráfico peatonal intenso.

El objetivo del Ayuntamiento es validar el comportamiento del nuevo material en condiciones reales de uso intensivo antes de plantear su extensión a otras zonas de la ciudad.

Según el consistorio, esta prueba permitirá comprobar la durabilidad y la funcionalidad del pavimento en un entorno exigente, donde confluyen peatones, comercios y actividad constante.

El nuevo panot es fruto del reto de innovación urbana lanzado en 2022 por el Ayuntamiento de Barcelona y la Fundación BIT Habitat. Su diseño incorpora materiales reciclados y cemento procedente de escorias, lo que permite reducir significativamente las emisiones de CO2 asociadas a su fabricación.

Mejoras respecto al original

Además, el pavimento mejora la permeabilidad del suelo, reduce el ruido, atenúa el efecto isla de calor y contribuye a neutralizar gases contaminantes. Todo ello refuerza el compromiso de Barcelona con el objetivo de neutralidad de carbono en 2030.

Y es que el panot no estaba pensado para los nuevos tiempos: se diseñó a finales del siglo XIX, cuando la ciudad se expandió con el Plan Cerdà.

El origen del panot

Barcelona necesitaba entonces un pavimento resistente, económico y fácil de producir. Con el paso del tiempo, estas baldosas de cemento no solo cumplieron su función práctica, sino que se convirtieron en un símbolo cultural de la ciudad.

Ahora, más de cien años después, Barcelona afronta el reto de actualizar ese icono para adaptarlo a los desafíos actuales: sostenibilidad, cambio climático, durabilidad y mejora de la calidad del espacio público.