Los drones se han convertido en el nuevo quebradero de cabeza de los agentes del área penitenciaria de los Mossos d’Esquadra, encargados de la seguridad perimetral de las prisiones catalanas --a excepción de la de Ponent, en Lleida-- y de los funcionarios que custodian a los reclusos. Por eso, desde el cuerpo policial autonómico y el Departamento de Justicia de la Generalitat han puesto en marcha una prueba piloto para detectar la presencia de estos aparatos en las inmediaciones de las cárceles.



Los vuelos silenciosos y efectuados a una elevada altura, que los hace imperceptibles al ojo humano, los ha convertido en uno de los sistemas favoritos de los presos para que sus compinches les hagan llegar algunos elementos que escasean dentro de prisión, como teléfonos o sustancias estupefacientes, por ahora, sin éxito. Para evitar que lo consigan, desde hace unas semanas los Mossos d'Esquadra y el Departament de Justícia han puesto en marcha el escudo antidrón Kuppel en dos centros penitenciarios.

Una prueba piloto de éxito

Así lo expresan a Crónica Global fuentes cercanas al proyecto, que confirman el aterrizaje de uno de esos aparatos en el perímetro de la prisión de Lledoners (Barcelona) cargado con “droga, un móvil y un cargador” y que fue interceptado por un agente de la policía catalana antes de que el receptor pudiese hacerse con la carga.

El dron con la droga y los móviles sobre la cárcel de Lledoners / FOTOMONTAJE DE CG

“Además de un sistema que interrumpa la comunicación entre el piloto y el aparato, estamos realizando una prueba piloto en Quatre Camins y en Joves --ambos en la Roca del Vallès-- para detectar la presencia de drones y localizar a quien los manipula”, expresan. Se trata del sistema Kuppel, una red compuesta por sensores y cámaras de alta precisión que permite detectar el vuelo de estos aparatos sobre infraestructuras sensibles, como aeropuertos, centrales petroquímicas y, ahora también, cárceles. Este sistema emite una alerta en tiempo real sobre el vuelo de un dron e informa de la localización tanto del aparato como del piloto, que puede encontrarse a varios kilómetros de la zona. 

El sistema arroja buenos resultados

“Necesitamos herramientas para controlarlo”, denuncian las mismas voces, que agradecen que Justicia haya tomado cartas en el asunto y esté implementando medidas que, de resultar eficaces, podrían extenderse al resto de prisiones de Cataluña. “Si el sistema Kuppel funciona debe ser Justicia quien adquiera los equipos para los centros penitenciarios y quien traspase la gestión de la seguridad a los Mossos”.

Además, confiesa que la presencia de drones sobre las cárceles, que no cuentan con espacio aéreo protegido, les preocupa. Aunque los centros penitenciarios están blindados con muros dobles de protección, alarmas, sistemas de detección, cámaras, infrarrojos y microondas, los internos se las han ingeniado y han encontrado en los drones una nueva vía que podría permitirles superar estas barreras, aunque por el momento la policía autonómica no tiene constancia de que haya sido una opción efectiva. 

Tirachinas y bis a bis

En los últimos años los agentes que se encargan de la vigilancia perimetral de las prisiones catalanas detectaron pequeñas cantidades de droga entre los muros. Tras realizar las pertinentes pesquisas, descubrieron que los excompañeros de los presos lanzaban las dosis desde fuera con la ayuda de un tirachinas. Los Mossos d'Esquadra han detectado numerosas vías de entrada de elementos prohibidos, "desde visitas que entran con droga y móviles dentro del cuerpo, en los bis a bis, hasta el lanzamientos desde el exterior”.

Lo que antes hacían de forma rudimentaria, ahora lo hacen mediante el uso de drones. “Lo bueno es que no pueden levantar mucho peso, porque lo que más nos preocuparía es que pudiesen meter un arma o, en un futuro, que un interno se pueda ir sobre un dron”. Una posibilidad remota después del éxito de Kuppel.