Cataluña conserva pequeños pueblos en los que el paso del tiempo se aprecia en las fachadas de piedra, las calles estrechas y los edificios históricos.
La Figuerosa, en la comarca del Urgell (Lleida), es uno de ellos. Muy poca gente lo conoce. Hasta los vecinos han ido abandonando el lugar, pero su historia es apasionante.
Este núcleo rural de Lleida empezó el siglo XX con unos 700 vecinos. Ahora, cuando han pasado más de 100 años, apenas hay 72 habitantes registrados, según los últimos datos del Idescat.
¿Eso es malo? No para quien quiere disfrutar de un poco de tranquilidad y conocer la historia de Cataluña y de esta región en particular.
Las calles del lugar
El pasado de La Figuerosa es casi su presente. Al menos, el de sus calles, que mantienen un trazado urbano que recuerda su pasado medieval.
Sus casas se agrupan alrededor de la calle principal, mientras que varios callejones estrechos completan el entramado.
La historia de La Figuerosa
No es que sean muchas calles. El conjunto, de dimensiones reducidas, se puede recorrer a pie sin problemas. Así se descubre la arquitectura tradicional y los vestigios de una antigua organización defensiva.
Y es que la historia de La Figuerosa está marcada por los conflictos. Todo se remonta, al menos, al siglo XI.
En 1075, el conde Ermengol IV cedió el lugar a Arnau Traver. Décadas después, en 1105, la donación pasó a la canónica de Santa Maria de Solsona.
A partir de ese momento, el asentamiento quedó bajo control eclesiástico durante buena parte de la Edad Media. Aun así, las características del núcleo responden a una tipología defensiva.
Cuánta gente vivía allí
Esto se aprecia bien al recorrer sus calles estrechas y curvas. Durante el paseo se observan los vestigios de lo que pudo ser una muralla perimetral. Sin embargo, el antiguo castillo ha desaparecido.
Algo parecido ha sucedido con sus vecinos. A comienzos del siglo XX, el antiguo municipio superaba los 700 habitantes, una cifra que incluía también a los caseríos y las explotaciones rurales del entorno.
Quién vive ahora
Todo empezó a cambiar en 1969. Ese año, La Figuerosa se integró en el municipio de Tàrrega, junto con Claravalls y El Talladell.
Desde entonces, la población ha seguido disminuyendo hasta los 72 residentes actuales. Sus habitantes están contentos con lo que tienen. En el fondo, son unos privilegiados por poder disfrutar de todo su patrimonio de forma casi exclusiva.
No es poco. La iglesia de la Mare de Déu de l'Assumpció, construida en el siglo XIX, destaca por su arquitectura.
El templo presenta una planta basilical, cubierta a dos aguas y un ábside poligonal. En uno de sus laterales se levanta el campanario, que conserva una sola campana.
Cómo es la iglesia
La fachada incorpora pilastras y un frontón triangular, elementos propios de su arquitectura neoclásica.
En el extremo suroeste del núcleo se encuentra la ermita de Sant Marçal, que conserva elementos medievales y cuyo origen se sitúa en el siglo XIV. El edificio tiene una sola nave, una capilla lateral y un ábside poligonal.
Casas de piedra y calles estrechas
La puerta, enmarcada en piedra, incorpora un escudo grabado, mientras que sobre la construcción sobresale un pequeño campanario de una sola abertura.
Las viviendas de La Figuerosa responden a la arquitectura agrícola tradicional de la zona.
Algunas conservan fechas grabadas en las dovelas de sus portales, señales que permiten rastrear la antigüedad de determinados edificios, incluidos algunos anteriores al siglo XVIII.
Cómo es el pueblo
El núcleo mantiene una apariencia rural, con tramos de calle sin pavimentar y un alumbrado funcional limitado.
Solo hay un problema: La Figuerosa no dispone de restaurantes ni de comercios en activo y carece de equipamientos públicos. Lo único que sigue en marcha es un pequeño local social que se utiliza ocasionalmente.
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