Jordi Sánchez asegura que vive en el AVE. El rodaje de La que se avecina y otras películas que protagoniza le obliga a ir a Madrid de forma más que irregular.
El catalán no deja su Barcelona. Le gusta la tranquilidad del barrio en el que ha crecido y de la zona en la que ahora vive, donde son sólo 9.774 vecinos.
El actor ha encontrado en la Font d’en Fargues un refugio en el que vivir. No muy lejos de donde nació y creció, el barrio de Montbau.
La luz, el espacio y la tranquilidad del barrio fueron lo que atrajo al actor. Y es que esta zona de Barcelona está en una de las faldas del Turó de la Rovira, un lugar donde reina la tranquilidad.
Un barrio con historia
El barrio nació sobre antiguas tierras agrícolas y alrededor de una fuente y una masía que le dan nombre y cuyo origen se remonta a la Edad Media, Can Fargues.
Poco queda de eso, pero tampoco son restos. La actual masía aún conserva en su interior una antigua torre militar construida a finales del siglo XI, que durante el siglo XIII fue transformada en una masía fortificada.
Una masía que cambió de manos
La finca experimentó diferentes reformas a lo largo de los siglos. En el XVII ya existen referencias a la producción de vino y posteriormente se convirtió en una residencia de carácter acomodado, rodeada de jardines.
A mediados del siglo XIX, la propiedad pasó a Montserrat de Casanovas, que la había heredado cuando todavía era conocida como Mas Pujol.
La finca acabó vinculándose al apellido de su marido, Pere Fargas, y de ahí procede el nombre con el que se conoce tanto la masía como el barrio.
Ahora, en cambio, la titularidad de Can Fargues es municipal. Sus dependencias acogen la Escola Municipal de Música Can Fargues. Sus jardines forman también parte de los espacios públicos del barrio.
Una fuente que da vida
La otra pieza que dio nombre al barrio es la Font d’en Fargues. A finales del siglo XIX, el agua de la fuente comenzó a canalizarse y a ganar popularidad.
En 1905 fue declarada de uso público y el agua llegó a envasarse en garrafas con la marca Agua Fargas-Horta, que se distribuían en Barcelona.
Punto de reunión
El lugar también se convirtió en un punto de encuentro para vecinos de otros barrios, que acudían allí a pasar el día y organizar meriendas.
Alrededor de la fuente se construyó hacia 1900 una pequeña gruta y un espacio de recreo. El antiguo quiosco modernista, obra del arquitecto Roc Cot, ha sido rehabilitado y recuperó su uso como establecimiento después de las obras realizadas en el conjunto patrimonial.
La transformación definitiva llegó a comienzos del siglo XX. Las tierras de Can Fargues y de otras propiedades de la zona comenzaron a parcelarse para construir viviendas.
La primera referencia documental al barrio es de 1905. Siete años después, Montserrat de Casanovas y Pere Fargas presentaron un proyecto para urbanizar sus terrenos siguiendo el modelo de ciudad-jardín.
Cómo se vive aquí
Las primeras torres comenzaron a aparecer junto a la antigua carretera de Horta y en las zonas más próximas a la montaña.
Eran viviendas de veraneo, muchas de ellas con jardines y fachadas decoradas con mosaicos, esgrafiados, cerámicas y otros elementos ornamentales.
Fincas famosas
Todavía quedan ejemplos de aquella arquitectura. Can Joan Giol, por ejemplo, ya existía en 1905 y está considerado un ejemplo de torre de veraneo modernista proyectada por Guillem Busquets.
Otras viviendas conservan mosaicos hidráulicos y decoraciones cerámicas de las primeras décadas del siglo XX.
La construcción del barrio también estuvo relacionada con la Cooperativa de Periodistas para la Construcción de Casas Baratas.
El colectivo promovió varias viviendas para sus asociados y levantó grupos de casas entre la Font d’en Fargues y el vecino barrio del Carmel.
La formación del barrio
En la Font d’en Fargues se construyeron, entre 1918 y 1919, varias de estas viviendas, con una arquitectura de inspiración noucentista. El conjunto forma parte todavía de la huella que dejó aquella primera urbanización.
La cooperativa también estuvo vinculada al antiguo casino del barrio. El edificio fue construido en 1928 por Adolf Florensa y con el tiempo pasó a convertirse en equipamiento vecinal.
Vivir en la ciudad y con naturaleza
Todo el aspecto del barrio parece ser casi de esas épocas. En sus calles hay muchas casas de principios de siglo y los bloques de viviendas que hay no tienen mucha altura.
A eso se le suman las vistas. Al estar sobre una colina, sus vecinos tienen vistas sobre la ciudad y la naturaleza colindante.
Además, al estar cerca de un bosque todavía se escuchan los pájaros por la mañana e incluso algún gato en celo por las noches.
Aquí se vive bien, como fuera de Barcelona. Decenas de viviendas cuentan con piscinas, algunas comunitarias, otras privadas. De ahí que gente con un nivel adquisitivo medio se mude allí.
Colegio de élite
Una buena prueba de ello es el colegio inglés Princess Margaret, que se encuentra en la misma calle donde estaba la vieja masía y la fuente que le da nombre. Ahora, además, forma parte del exclusivo grupo educativo Ágora.
Todo está pensado para el confort, como fue pensado a principios del siglo XX. Algo que hace comprensible que Jordi Sánchez haya encontrado aquí su refugio.
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