Cataluña tienen espacios para todos los gustos. Las diferentes sierras, montañas y colinas del territorio son una caja de sorpresas.
Más allá de encontrarse con castillos, cascadas o ríos, en una escapada por el bosque uno puede dar con minas y saltos de agua.
Así, en uno de los paisajes más singulares de la comarca de la Selva uno puede dar con las antiguas minas de Osor, una explotación minera que llegó a alcanzar 290 metros de profundidad y más de 15 kilómetros de galerías.
A ellas, además se llega por unos senderos que avanzan junto al agua, pequeños saltos y el histórico Pont de les Bruixes.
Dónde está el lugar
El conjunto se encuentra a unos 5 kilómetros de Osor (Girona), junto a la carretera que comunica el municipio con Anglès.
Este fue un polo de la actividad minera hasta que las minas cerraron en 1979. Aun así, todavía permanecen parte de las antiguas instalaciones y la colonia donde vivieron los trabajadores.
Una mina con 11 niveles
La explotación minera llegó a contar con 11 plantas y un pozo vertical de 290 metros. En sus instalaciones se extraían y trataban minerales como la blenda, el plomo y el espato de flúor.
Durante las décadas de mayor actividad, las dimensiones de la explotación fueron considerables.
En los años 60 y 70 se llegaron a extraer alrededor de 400 toneladas diarias de espato de flúor, que se transportaba hasta Sant Feliu de Guíxols para después ser enviado por barco a Estados Unidos.
Más de 300 trabajadores llegaron a trabajar en las minas durante su etapa de mayor rendimiento.
La vida en la colonia industrial
La colonia funcionaba prácticamente como un pequeño núcleo de población, con escuela, economato y farmacia, además de celebraciones y procesiones.
A lo largo de la historia de la explotación pasaron por ella más de 4.000 personas procedentes de distintos lugares.
Senderos junto al agua
La ruta permite alejarse de las antiguas instalaciones y adentrarse en el entorno natural de las minas.
Uno de los recorridos sigue el curso de la riera y permite encontrar piscinas naturales y saltos de agua entre una vegetación abundante.
El recorrido también conduce hasta el Pont de les Bruixes, un pequeño puente estrecho de un solo arco, construido entre los siglos XVI y XVII, que cruza la riera Gironella.
Es aquí donde aparece el entorno de Can Clerc, la antigua colonia que primero tuvo actividad textil y que posteriormente fue utilizada por la empresa minera para alojar a sus trabajadores hasta 1932.
Cómo se ve hoy
Hoy todavía se pueden reconocer algunos de los elementos relacionados con aquella historia.
Entre ellos están las ruinas de las antiguas instalaciones, una chimenea de una antigua industria textil, la capilla dedicada a Santa Bárbara y las construcciones de la colonia.
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