Desarrollo industrial y arquitectura de vanguardia siempre estuvieron unidos. Los arquitectos y estudiantes de dicha carrera son muy conscientes de ello.
Aunque ahora todas las fábricas siguen el mismo patrón, algunos empresarios quisieron hacer de su compañía algo único incluso en su forma.
Una clara referencia son las colonias que se construyeron alrededor de las industrias textiles catalanas. A finales del siglo XIX y principio del XX fue una práctica tan extendida.
Los grandes empresarios apostaron por atraer a sus trabajadores a sus fábricas ofreciendo diseños revolucionarios para que sus empleados se sintieran en un espacio único. Un ejemplo claro: los Güell, que contaron con Gaudí para su empresa de Santa Coloma de Cervelló.
Una fábrica y un chalet
Esta no fue la única colaboración del arquitecto con los Güell, ni con la industria. La familia tenía una fábrica de cemento en Castellar de n’Hug llamada Asland. Estaba en los Pirineos y llegar allí era difícil.
Conscientes de ello, sus responsables encargaron al arquitecto de Reus construir una residencia para los trabajadores de su empresa y también para los ingenieros de las minas de carbón que la hacían funcionar.
Un lugar incomunicado
En 1902, el arquitecto proyectó el Chalet de Catllaràs, pero la comunicación entre la mina, la fábrica y la población más cercana, Guardiola de Berguedà, seguía siendo difícil. También lo era transportar la producción para distribuirla. Por eso decidieron unir la fábrica con la red ferroviaria mediante un tren.
El ferrocarril facilitó la vida a los trabajadores y permitió mejorar el transporte de la producción. El antiguo trazado conectaba la fábrica con la red ferroviaria de Guardiola de Berguedà.
Sí, el ahora conocido como Tren del Ciment recupera parte de aquel recorrido. Se puso de nuevo en funcionamiento el 1 de julio de 2005 y actualmente recorre 3,2 kilómetros entre La Pobla de Lillet y el Clot del Moro, con una parada en los Jardins Artigas.
Si bien es cierto que el 14 de octubre de 1963 dejó de prestar su servicio, la voluntad de recuperar el patrimonio y de ofrecer un turismo de calidad en la zona lo hizo resurgir.
El viejo ferrocarril
En julio de 2005, con la ayuda de los Ferrocarrils de la Generalitat de Catalunya, la recuperación de viejas locomotoras y el reacondicionamiento de las vías, el ferrocarril volvió a circular.
Quien suba a este tren tiene garantizadas varias experiencias. En primer lugar, revivir un viaje en un tren de época. La segunda es recorrer un camino de 3,2 kilómetros rodeado de naturaleza que lleva hasta otra construcción vinculada a Gaudí en La Pobla de Lillet. Y no hablamos solo del citado chalet, que estuvo décadas abandonado.
La antigua fábrica
La antigua fábrica de cemento Asland, que hoy alberga el Museu del Ciment, es obra del arquitecto Rafael Guastavino. La construcción comenzó en 1901 y la fábrica entró en funcionamiento en 1904.
Durante la construcción de ese edificio, el arquitecto se alojó en casa de otra familia con recursos, los Artigas. En compensación por el favor, el de Reus les diseñó unos jardines que poco tienen que envidiar al Park Güell. Y, además, estos están mucho menos masificados.
Los Jardins Artigas fueron diseñados por Gaudí a principios del siglo XX y forman parte del actual recorrido del Tren del Ciment. El conjunto incorpora elementos arquitectónicos como puentes, bancos, fuentes y barandillas.
Para llegar a esta obra de Gaudí solo hace falta subirse a este tren histórico que lleva hasta allí. Una experiencia que une historia, industria y arquitectura en poco más de tres kilómetros.
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