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Mònica Terribas vuelve al periodismo de investigación que tanto le gusta. Ha realizado un documental sobre el Opus Dei para HBO que ya da que hablar.

La periodista ama su profesión y no para quieta, siempre arraigada a su tierra y a su ciudad natal.

Hace poco, la catalana confesaba en un programa de televisión los maravillosos recuerdos que tiene de Cervera, la ciudad de Lleida donde pasó numerosos veranos.

De allí, además, era su madre y era feliz. Recuerda especialmente la plaza de Santa Anna, donde jugaba a la botifarra cuando era niña y donde durante un tiempo también bailó sardanas. Los ensayos se realizaban en un local de la misma plaza.

Los recuerdos de Terribas

También allí empezó su carrera laboral, pero no como periodista. A los 15 o 16 años, trabajó como dependienta en una tienda donde “despachaba sujetadores y lencería”.

La ciudad que Terribas recorría durante aquellos veranos, y que es su refugio de infancia, es hoy una localidad que conmemora sus primeros mil años de historia.

Una ciudad con 1.000 años de historia

Sus orígenes se remontan al año 1026, en plena Edad Media. Allí, en la actual capital de la Segarra, se creó un asentamiento, en lo alto de una colina, que quedaba entre los mundos cristiano y musulmán.

Ese enclave obligó a fortificar la zona. De aquella época aún se conservan las murallas, aunque las que se mantienen en pie son principalmente de los siglos XIV y XV.

El circuito llegó a sumar casi 3 kilómetros, con un foso de 8 metros de anchura, además de torres, almenas, pasos de ronda y otros elementos defensivos.

La estructura de la ciudad medieval todavía puede reconocerse al recorrer la calle Mayor, que serpentea siguiendo la forma de la colina.

Un pueblo marcado por la guerra

A lo largo de este eje aparecen casas señoriales y edificios que recuerdan el pasado de una localidad que tuvo una importancia mucho mayor de la que podría sugerir su tamaño actual.

Uno de los grandes capítulos de la historia de la ciudad llegó después de la guerra de Sucesión. En 1717, Felipe V fundó la Universidad de Cervera, una institución que se convirtió en el centro de enseñanza superior de Cataluña durante buena parte del siglo XVIII.

Una universidad milenaria

El edificio universitario es hoy uno de los grandes símbolos de Cervera. Su arquitectura tiene un marcado carácter monumental, con una planta rectangular y torres en los ángulos. En el interior destacan el paraninfo, la capilla y el retablo barroco de Jaume Padró.

La universidad dejó de funcionar como centro universitario en Cervera cuando la institución fue trasladada a Barcelona en el siglo XIX.

Cervera CATALUNYA TURISME

El edificio, sin embargo, sigue teniendo usos educativos y alberga actualmente, entre otras instituciones, el Institut Antoni Torroja y la UNED.

Más allá de eso, la universidad modificó por completo la ciudad. La llegada de profesores, estudiantes, trabajadores y nuevas actividades transformó durante décadas la ciudad y su economía.

Santa Maria

A poca distancia se encuentra la iglesia de Santa Maria, uno de los principales edificios góticos de Cervera.

Su construcción comenzó a finales del siglo XIII, continuó durante el XIV y quedó terminada en el XV.

Un campanario

El templo está integrado en el tejido urbano y su campanario queda encajado entre la iglesia y la Paeria.

La torre alcanza aproximadamente 50 metros de altura, una cifra que explica que sea uno de los elementos más visibles del perfil de la ciudad.

En su interior conserva seis campanas, que todavía son volteadas manualmente por los campaneros de Cervera.

El campanario también puede visitarse mediante las visitas guiadas que organiza Turismo de Cervera. Desde lo alto se obtiene una panorámica de la plaza Mayor y de buena parte de la ciudad.

Qué más ver en Cervera

La plaza Mayor es otro de los puntos imprescindibles del recorrido. Allí se encuentra la Paeria, el edificio del Ayuntamiento, junto a un conjunto de casas porticadas que forman uno de los espacios urbanos más característicos del casco antiguo.

A eso se le suman sus calles, llenas de historias y leyendas. La más conocida de todas es el Carreró de les Bruixes, o callejón de las Brujas.

Pueblo de brujas

El espacio se fue formando a medida que las casas fueron cerrando los espacios entre sus balcones y los antiguos huertos.

Su aspecto estrecho y sinuoso terminó alimentando las historias relacionadas con las brujas que supuestamente se escondían y escapaban por allí para entrar y salir del castillo.

Esta mitología forma parte del origen de una de sus fiestas más queridas a día de hoy, el Aquelarre de Cervera.

Se celebra el último sábado de agosto y combina fuego, música, espectáculos, correfocs, magia y elementos vinculados a las brujas y al mundo esotérico.

La Cervera de Terribas

Y en medio de este patrimonio se crió Mònica Terribas. Entre la plaza de Santa Anna, las partidas de botifarra, los ensayos de sardanas y las brujas.

También en un pueblo cargado de importancia en la historia de Cataluña y una fuente de conocimiento gracias a su universidad.

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