Jordi Cruz está de vuelta con Masterchef Celebrity y una vez más vuelve a dar que hablar. Algo que ya se lo toma con deportividad.
El chef del ABaC, reconocido con tres estrellas Michelin, está por otras cosas. Trabajador empedernido acumula horas entre fogones, platós de televisión, eventos y campañas publicitarias.
Pero entre restaurante y televisión también necesita desconectar. Para hacerlo, tiene un lugar de referencia en la Costa Brava.
No va a un lugar cualquiera, el catalán descansa en Calella de Palafrugell, una pequeña localidad de tradición marinera (y habanera) donde encuentra un ritmo muy distinto al de Barcelona.
Un refugio compartido
El cocinero catalán suele pasar allí algunos de sus periodos de descanso junto a su pareja, la arquitecta Rebecca Lima.
La localidad, con unos 600 habitantes durante buena parte del año, conserva buena parte de la fisonomía tradicional de un antiguo núcleo pesquero.
Pueblo de vacaciones
Calella de Palafrugell mantiene un casco urbano de calles blancas que desembocan directamente en el litoral.
Durante los meses de verano la población aumenta y el paseo marítimo concentra buena parte de la actividad, aunque el municipio conserva espacios alejados del bullicio turístico.
Calella
Uno de los puntos más reconocibles es Port Bo, conocido también como la playa de las barcas.
Las pequeñas embarcaciones pesqueras permanecen sobre la arena frente a las antiguas casas de pescadores y a Les Voltes.
Los atractivos de Calella
Los soportales forman una de las imágenes más características de Calella. Sus arcos protegían antiguamente a pescadores y comerciantes y hoy acompañan el paseo por la primera línea de costa.
Port Bo concentra buena parte de la identidad de la localidad, pero no es el único espacio junto al mar.
Un pueblo, ocho calas
El litoral de Calella de Palafrugell está formado por numerosas playas y pequeñas calas repartidas entre zonas rocosas y pinares.
Entre las más próximas al centro aparecen Port de Malaespina, la Platja d'en Calau y la Platgeta. Hacia el norte se encuentran El Canadell y Els Canyers, con un frente marítimo algo más amplio.
Una plaza de Calella
Dos miradores permiten observar desde arriba el perfil del pueblo y su costa. El de Manel Juanola i Reixach y la Punta dels Burricaires ofrecen vistas sobre las casas blancas, las playas y el Mediterráneo.
El litoral también puede recorrerse a pie mediante el Camí de Ronda de la Costa Brava. El trazado permite salir de Calella en dirección a Llafranc y continuar hacia los Jardines de Cap Roig, siguiendo distintos tramos de la costa.
Paseo por el camí de Ronda
Uno de los puntos del recorrido es la cala del Golfet, situada junto al Espacio Natural Protegido de Castell-Cap Roig.
El entorno combina las zonas rocosas del litoral con los pinares y pequeños espacios de baño.
Unos jardines muy musicales
Muy cerca se encuentran los Jardines de Cap Roig, un jardín botánico que reúne más de 1.000 especies vegetales.
El recinto también acoge cada año el Festival de Cap Roig, uno de los principales acontecimientos musicales de la zona.
Jardines de Cap Roig
El entorno de Cap Roig une naturaleza, patrimonio y actividad cultural. Los jardines se encuentran en una zona costera vinculada también al castillo de Cap Roig, integrado en el conjunto que da nombre al espacio protegido.
El Camí de Ronda permite enlazar estos lugares con otros puntos del litoral sin necesidad de abandonar la costa. La ruta hacia Llafranc es uno de los recorridos habituales para quienes quieren conocer esta parte del Empordà a pie.
Territorio indiano
La historia de Calella y de las localidades próximas también está relacionada con los llamados indianos.
El camino de los Americanos conecta Calella de Palafrugell, Llafranc y Llofriu y recuerda a los habitantes de la zona que emigraron a América, especialmente a Cuba, para buscar fortuna.
Arquitectura y gastronomía
Algunos de ellos regresaron posteriormente y dejaron su huella en la arquitectura, las costumbres y la vida económica de sus municipios de origen.
La gastronomía forma igualmente parte de esta identidad local. La cocina del Empordà mantiene una fuerte presencia del pescado y el marisco, además de elaboraciones tradicionales vinculadas a los productos de la zona.
Calella de Palafrugell
Entre los platos habituales aparecen diferentes preparaciones de arroz, desde la paella hasta el arroz negro o el arroz marinero.
También son habituales la fideuá, el suquet de peix y los guisos de pescado con patata y caldo, elaborados con la tradicional picada. Platos que Jordi Cruz disfruta como uno más.
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