Castillo de Tamarit

Castillo de Tamarit Castell de Tamarit

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El pueblo costero de Tarragona con una fortaleza románica y calas cristalinas: fortalezas del siglo XI, una torre de vigilancia y calas de aguas cristalinas

Recorre el recinto amurallado de Tamarit un castillo colgado sobre el mar con calas de aguas cristalinas y leyendas de corsarios

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El batir constante de las olas del mar contra la piedra medieval y el inconfundible aroma a pino fresco envuelven una de las estampas defensivas más espectaculares y fotografiadas de toda la costa catalana.

Alzado majestuosamente sobre un promontorio rocoso que se adentra de forma imponente en el agua, el histórico recinto amurallado de Tamarit nos transporta de inmediato a un tiempo dominado por corsarios, vigilantes de la costa y batallas marítimas.

A tan solo unos pocos kilómetros de la antigua Tarraco romana, este rincón del litoral de la comarca del Tarragonès se presenta como el destino perfecto para desconectar durante el fin de semana, caminar entre fortalezas centenarias, descender hasta la orilla del mar y dejarse llevar por la tranquilidad que se respira.

Una fortaleza militar

La silueta del Castillo de Tamarit impacta a primera vista al emerger directamente sobre una gran mole de piedra erosionada por el salitre.

Esta imponente fortaleza militar de origen románico fue construida durante el siglo XI con un objetivo puramente estratégico: defender la franja litoral tarraconense frente a las incursiones de barcos piratas y corsarios que amenazaban la región.

Castillo de Tamarit

Castillo de Tamarit EFE

Al acercarse a pie al recinto fortificado se pueden contemplar de cerca sus murallas, las torres de vigía y las antiguas dependencias señoriales.

Resulta un auténtico placer bordear los acantilados que lo rodean y observar detenidamente cómo los bloques de piedra tallada parecen nacer de la propia roca natural, fusionando la arquitectura medieval con el paisaje marino de forma impecable.

Patrimonio entre murallas

Protegida tras los gruesos muros de la fortaleza se esconde la Iglesia de la Asunción, un coqueto y sobrio templo románico que durante siglos funcionó como el corazón espiritual del pueblo.

Su arquitectura maciza y de líneas sencillas responde al estilo de la época, diseñado tanto para resistir el paso del tiempo como para servir de refugio seguro en caso de ataques corsarios. Su fachada se integra de manera armónica en el lienzo de la muralla que envuelve el patio central del recinto.

Fuera de los muros de la fortaleza principal todavía es posible intuir los rincones de lo que fue el antiguo núcleo medieval de Tamarit.

Sus vecinos compaginaban el trabajo agrícola en los campos cercanos con las duras jornadas en el mar, siempre atentos a la amenaza pirata que podía asomar en cualquier momento por el horizonte.

Torre de la Mora Tamarit

Torre de la Mora Tamarit

Dar un paseo sin prisa por lo que queda de sus callejuelas permite toparse con arcos de piedra bien conservados, puertas defensivas y viejos muros que han resistido a lo largo de los siglos frente al mar.

La ruta por los alrededores se completa con la visita a la Torre de la Mora, una torre de vigilancia litoral erigida en el siglo XVI en una posición elevada.

Su planta circular garantizaba un control visual absoluto sobre un amplio tramo de la costa, formando parte de la red de atalayas que avisaba a los pueblos vecinos en cuanto se avistaba una nave enemiga.

Calas de agua cristalina

A los pies de la mole rocosa se extiende la amplia Playa de Tamarit, un arenal de aguas poco profundas ideal para disfrutar de un baño relajante frente a la fortaleza.

Muy cerca se descubren también calas resguardadas como la Cala Jovera, una pequeña ensenada flanqueada por pinos y rocas cuyos fondos transparentes invitan a practicar esnórquel.

Cómo llegar

Llegar en coche desde Barcelona es facilísimo: solo tienes que coger la autopista AP-7 o la A-2 rumbo a Tarragona y tomar la salida hacia la Playa de Tamarit tras enlazar con la N-340. En apenas 1 hora de trayecto (unos 80 kilómetros) estarás allí listo para empezar la ruta.

El acceso a las calas y los senderos junto a los acantilados es totalmente libre y gratuito durante todo el año, convirtiéndolo en una opción fantástica para regalarse una jornada inolvidable descubriendo la arquitectura defensiva frente al Mediterráneo.