Cala Jovera, en Tamarit | CATALUNYA TURISME

Cala Jovera, en Tamarit | CATALUNYA TURISME

Viajes

El pueblo costero con un castillo medieval que impresiona: fortalezas del siglo XI, una torre de vigilancia y calas de aguas cristalinas

Un rincón secreto en la costa tarraconense donde la piedra medieval se funde con el mar entre acantilados de pinos e historia de corsarios

Otras noticias: El refugio de Andrés Velencoso: con 6.347 habitantes, un recinto medieval amurallado y un paraíso marinero de calas con agua cristalina

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El batir constante de las olas contra la piedra medieval y el inconfundible aroma a pino, envuelven una de las estampas más espectaculares de la costa catalana.

Alzado majestuosamente sobre un promontorio rocoso, el recinto amurallado de Tamarit nos transporta a un tiempo de corsarios y vigilancia frente al mar.

A escasos kilómetros de la antigua Tarraco romana, este rincón del litoral es perfecto para desconectar mientras caminas entre pinos y fortalezas medievales. Merece la pena ponerse un calzado cómodo para recorrer sus senderos, bajar hasta la arena y dejarte llevar por la calma que se respira junto al mar.

Un castillo sobre el roquedal

La silueta del Castillo de Tamarit impacta a primera vista al emerger sobre una gran mole de piedra que se adentra directamente en el agua.

Esta fortaleza militar románica fue construida en el siglo XI para defender la franja litoral frente a las incursiones piratas y corsarias.

Castillo de Tamarit

Castillo de Tamarit EFE

Al acercarte al recinto se pueden contemplar de cerca sus murallas, las torres de vigía y las antiguas dependencias señoriales. Es un gustazo bordear los acantilados y observar cómo los bloques de piedra parezcan nacer de la propia roca.

La iglesia de la Asunción

Protegida tras los muros de la fortaleza se esconde la Iglesia de la Asunción, un coqueto templo románico que durante siglos fue el corazón espiritual del pueblo.

Su arquitectura sobria y maciza responde al estilo de la época, pensado para resistir el paso del tiempo y servir también de refugio.

fachada sencilla se integra de forma natural en el lienzo de la muralla que rodea el patio.

En su interior se guardaron durante generaciones valiosas piezas sacras muy queridas por los antiguos habitantes de la baronía.

El antiguo núcleo medieval

Fuera de los muros de la fortaleza todavía se intuyen los rincones de lo que fue el antiguo pueblo medieval, donde las familias se cobijaban al abrigo de la piedra cuando el peligro acechaba.

Sus vecinos compaginaban el trabajo de la tierra con las duras jornadas en la mar, siempre atentos a la amenaza que podía llegar desde el horizonte.

Dar un paseo sin prisas por lo que queda de sus callejuelas es toda una experiencia para viajar en el tiempo. A cada paso te topas con arcos de piedra bien conservados, puertas defensivas y viejos muros que han resistido siglos de historia frente al salitre del Mediterráneo.

La Torre de la Mora

En los alrededores del promontorio destaca la presencia de la Torre de la Mora, una torre de vigilancia litoral erigida en el siglo XVI para alertar de la presencia de buques enemigos.

Su planta circular y su elevada posición garantizaban un control visual sobre un amplio tramo del horizonte costero.

Torre de la Mora Tamarit

Torre de la Mora Tamarit

Esta torre formaba parte de esa red de atalayas que salpicaban la costa catalana para avisar a los pueblos vecinos en cuanto se avistaba una nave enemiga en el horizonte. Hoy en día, su silueta erguida frente al mar se ha convertido en un rincón emblemático del paisaje y en una parada imprescindible para disfrutar de las mejores vistas de la zona.

Playas y calas de aguas cristalinas

Al pie de la pared rocosa se extiende la amplia Playa de Tamarit, un arenal de aguas poco profundas galardonado habitualmente por la calidad de sus servicios y su entorno natural.

Es el lugar idóneo para disfrutar de un baño relajante frente a la imagen de la fortaleza.

Muy cerca se descubren también calas resguardadas como la Cala Jovera, una pequeña ensenada flanqueada por pinos y rocas que ofrece un ambiente íntimo.

Sus aguas transparentes invitan a practicar esnórquel o a pasear por la orilla contemplando el paisaje.

Cómo llegar

Llegar en coche desde Barcelona es facilísimo: solo tienes que coger la AP-7 o la A-2 rumbo a Tarragona y tomar la salida hacia la Playa de Tamarit tras enlazar con la N-340. En apenas 1 hora de trayecto estarás allí listo para empezar la ruta.

El acceso a sus calas, los paseos por los senderos junto a los acantilados y las vistas desde los miradores son totalmente libres y gratuitos durante todo el año.

Acercarse a este rincón costero es una opción fantástica para regalarte una jornada inolvidable descubriendo una arquitectura defensiva frente al Mediterráneo.