La ruta circular que esconde un castillo del siglo X, cuevas de la Font del Ferro
La ruta circular que esconde un castillo del siglo X: 12 kilómetros de paisaje, cuevas con 4.000 años de historia y un laberinto de 450 metros
El recorrido pasa por una antigua iglesia declarada Bien Cultural de Interés Nacional
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12 kilómetros pueden parecer muchos, pero en realidad se hacen en 3 horas andando, sin mucho esfuerzo y con unas cuantas paradas.
Esto es lo que ofrece una ruta circular que parte de Castellolí (Barcelona) rumbo a unas cuevas con 4.000 años de historia y un laberinto de 450 metros excavado en la roca.
Por el camino, uno también encuentra un castillo medieval del siglo X, una antigua iglesia, una torre de telegrafía óptica del siglo XIX y hasta una masía de la revolución industrial.
El punto de partida es el Parc de la Font de Castellolí, desde donde parte el camino para encontrar, al poco tiempo, la Barraca de l'Olivar d'en Maties, una construcción de piedra seca levantada probablemente entre los siglos XVIII y XIX.
La Barraca de l'Olivar d'en Maties
La construcción se halla en la zona de pinar de Els Marges y presenta una planta circular. Sus muros tienen unos 60 centímetros de anchura y el conjunto conserva un perímetro de unos 10 metros.
A simple vista pueden parecer unas cuantas piedras, pero este tipo de construcciones eran y, a veces, todavía son refugios para pastores y animales de carga cuando les pilla la tormenta.
Un castillo con más de mil años de historia
Siguiendo el recorrido se llega a uno de los puntos más relevantes, el castillo de Castellolí. No se ve una gran torre, solo los restos de algún muro que lucen sobre un cerro situado a unos 582 metros de altitud.
Una vez más, es importante conocer la historia. Las primeras referencias documentales al castro Audelino o Odelino se remontan a mediados del siglo X.
Castillo de Castellolí Ajuntament de Castellolí
La fortaleza formaba parte de los castillos de frontera en la batalla entre los condados cristianos y las tropas de Al-Ándalus. Todos buscaban un lugar desde el que avistar al enemigo y este castillo fue uno de ellos.
De entre sus ruinas todavía sobresalen una gran cisterna rectangular y algunos muros de estancias, cubiertas con bóvedas de medio punto, además de restos de las murallas perimetrales.
La iglesia
Y casi a su lado está la antigua iglesia de Sant Vicenç, que durante siglos estuvo vinculada a la fortaleza.
Por su importancia, más que por su estado de conservación, el conjunto de ambas construcciones está protegido como Bien Cultural de Interés Nacional (BCIN).
Una torre que conectaba Barcelona y Lleida
Tampoco queda muy lejos de allí una construcción más moderna y, pese a todo, casi igual de mal conservada: una torre de telegrafía óptica del siglo XIX, que formaba parte de la línea militar de telegrafía óptica entre Barcelona y Lleida.
Esta era la torre número 8 de este ramal y utilizaba el sistema de comunicación basado en señales codificadas que se transmitían entre torres situadas a distancia visual. Ahora solo se ven parte de los muros de fachada, algunas aspilleras y elementos realizados con piedra local.
Otro símbolo del desarrollo de la zona, aunque de un siglo anterior, es Cal Muset, una antigua masía que se encuentra un poco más adelante en la ruta.
Esta casa pairal conserva dos portaladas en las que aparecen las fechas 1812 y 1863. Es un edificio de cinco plantas con un cuerpo decorado con elementos de trencadís, al más puro estilo modernista.
Primeras cavidades
Avanzando en la ruta, la intervención del hombre va en retroceso en favor de la naturaleza, con bosques más poblados. Por eso, cuando aparece la Bauma de Can Soteres, coge por sorpresa al senderista.
Es una cavidad natural que durante miles de años se ha ido erosionando hasta formar pequeñas cavidades y abrigos que parecen cuevas, aunque estas llegan más adelante.
Coves de la Font del Ferro
Las Coves de Cal Llucià, también conocidas como Coves de la Font del Ferro, son el punto álgido de esta ruta circular. Se trata de un conjunto de cavidades abiertas en roca caliza que forman varias galerías.
Aunque la longitud física de las cuevas ronda los 33 metros, su red interior alcanza aproximadamente los 450 metros de recorrido, como si fuera un laberinto. Laberinto con trampa, por cierto, solo que aquí no hay un minotauro, sino un pozo de unos seis metros de profundidad.
Montserrat desde el castillo de Castellolí ANOIA TURISME
Más allá de la curiosidad, estas cuevas fueron habitadas durante la Prehistoria. Se sabe por los restos de cerámica y un sílex microlítico del Neolítico que se hallaron en su interior.
Piezas de museo
La importancia de estos hallazgos es tal que parte de los materiales procedentes del yacimiento se conservan actualmente en el Museu d'Arqueologia de Catalunya y en el Museu de la Pell d'Igualada i Comarcal de l'Anoia.
En cualquier caso, las Coves de Cal Llucià son el último punto de interés de esta ruta que, como todo sendero circular, vuelve a su origen. Pero el caminante no termina tal y como lo empezó, sino que se lleva una lección de historia a su casa.