Vistas de El Rourell

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El pueblo con castillo medieval más pequeño de Tarragona: 400 habitantes, 2 kilómetros cuadrados y una fortaleza del siglo XII convertida en casa señorial

La fortaleza todavía conserva elementos de su pasado defensivo, como parte de las torres y el portal adovelado

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Dicen que el buen perfume se vende en frasco pequeño, y es que el tamaño no importa si el resultado es bueno. Por eso, el pueblo más pequeño de Tarragona conquista con su castillo medieval del siglo XII y sus dos kilómetros cuadrados.

Más de 400 habitantes han caído rendidos a los encantos de El Rourell, una diminuta localidad que destaca por la anécdota y su increíble historia.

En ese pasado y en el paisaje tiene el pueblo las bases de su economía. Erigido en tierras de secano, los cultivos de avellanos, almendros, olivos y viña han sido su motor.

No sería de extrañar que los primeros pobladores acudieran aquí atraídos por las posibilidades del terreno. De hecho, su nombre puede venir de ahí.

Un nombre agrícola

El topónimo “Rourell” deriva del término catalán roure (roble), lo que sugiere la presencia histórica de masas forestales de este tipo.

Lo curioso es que hoy, como consecuencia de la transformación agrícola del entorno, apenas se observan en el lugar.

Una economía basada en el campo

A lo largo de los siglos, el municipio mantuvo una economía basada en la agricultura de subsistencia, organizada en pequeñas explotaciones familiares, con una clara apuesta por los frutos secos.

Aunque el origen del asentamiento responde también a criterios defensivos. Aquí hubo una estructura defensiva que, si bien hoy no se aprecia, dejó sus restos integrados en el casco urbano.

¿De cuándo son estas ruinas? Tal vez de los tiempos de la conquista cristiana frente a Al-Ándalus.

Los primeros documentos de El Rourell se sitúan en la Edad Media y hacen referencia a la repoblación feudal del territorio tras la conquista cristiana.

El castillo

Otra prueba clara del carácter defensivo de este asentamiento, que con el tiempo devino pueblo, es el castillo medieval que aún se conserva.

La fortaleza fue levantada a mediados del siglo XII, después de que estas tierras fueran concedidas a Berenguer de Molnells, uno de los primeros señores del lugar, tras la conquista cristiana del territorio.

La orden del Temple

Pocos años después, el señor del lugar ingresó en la Orden del Temple y cedió todas sus propiedades a los templarios. Fue entonces cuando la fortificación comenzó a transformarse.

Los templarios ampliaron el conjunto con nuevas edificaciones, tierras de cultivo, un molino y una capilla. Esto da una idea de la importancia estratégica que tuvo la zona.

El Rourell.avif

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Hacia finales del siglo XII, El Rourell llegó incluso a convertirse en una pequeña comanda templaria dependiente de Barberà de la Conca. Sin embargo, la presencia templaria fue breve.

En 1248, la Orden del Temple vendió todo el conjunto: el castillo, los molinos, los derechos sobre el agua, los olivares y numerosas tierras agrícolas que formaban parte de la propiedad.

De fortaleza a casa señorial

A partir de entonces pasó por manos de distintas familias nobiliarias. Una de ellas fue la de los marqueses de Vallgornera.

Estos nobles catalanes se hicieron con el castillo y vivieron aquí entre los siglos XVI y XVII. Durante este periodo, transformaron la fortaleza en un gran casal señorial.

Qué ver en El Rourell

No fueron los únicos. El resto de propietarios que habitaron la fortificación hicieron lo propio, adaptando el viejo castillo a las necesidades de cada época. Hasta el punto que hoy se llama el Fortí y es un restaurante que acoge bodas y eventos de todo tipo.

Esto ha hecho que el edificio que se ve hoy tenga poco que ver con el original medieval. Aun así, el castillo todavía conserva elementos de su pasado defensivo, como parte de las torres, el portal adovelado y varios detalles de origen medieval.

Pero El Rourell no se acaba en el castillo. Por muy pequeño que sea, el pueblo también tiene su iglesia. La parroquia de Sant Pere es el principal edificio religioso del municipio.

De origen medieval, al templo le ha pasado lo mismo que al castillo: ha sido objeto de reformas y ampliaciones a lo largo del tiempo, si bien presenta una arquitectura sencilla.

Qué visitar

El casco antiguo de El Rourell no es mucho más. Está conformado por calles estrechas y una edificación continua propia del medievo. Las viviendas responden a modelos de arquitectura popular, con construcciones funcionales, pocas concesiones ornamentales y una clara adaptación a las necesidades agrícolas.

Aun así, no se puede decir que El Rourell responda al modelo del turismo rural convencional. Su interés radica más en el castillo y en la curiosidad de ser el pueblo más pequeño de Tarragona.

Cómo llegar

La ciudad de Tarragona, en cambio, no está muy lejos, a menos de 15 minutos en coche. Desde la antigua Tarraco basta con tomar la A-27 hasta la salida de El Rourell.

Desde Barcelona es prácticamente lo mismo, solo que hay que tomar la AP-7 hasta la salida hacia Tarragona/Valls y enlazar con la A-27. En este caso, el viaje dura alrededor de una hora y 20 minutos.