Mosaico de Gaudí
La obra más ignorada de Gaudí: un mosaico escondido en una iglesia de Barcelona que todos pisan y pocos reconocen
Nadie reparó en el suelo del genio modernista hasta 1988, cuando fue restaurado por Lluís Bru
También te puede interesar: Rubén del Campo, meteorólogo: "El calor vuelve con intensidad en el tramo final de julio"
Noticias relacionadas
- Los meteorólogos coinciden: la primera quincena de agosto sitúa a España en el centro de una ola de calor intensa
- El pueblo más curioso de Tarragona: 600 años de historia, un monasterio del siglo XII y sin jueves
- Las pozas más escondidas de La Garrotxa: aguas cristalinas, cascadas y un rincón escondido entre bosques volcánicos
¿Queda algo que no se sepa de Gaudí? Poco. Pero incluso con lo que se sabe, aún hay obras del genio modernista a las que nadie mira, incluso cuando pasan por delante y por encima de ellas.
Se trata de una creación hecha en su juventud, pero no por ello menos interesante. Una construcción que, incluso los que la ven cada día, son incapaces de reconocer.
Se encuentra fuera del circuito turístico tradicional, en un barrio modesto y humilde de Barcelona, y no hace falta levantar la vista para disfrutar de ella, basta con bajar la vista al suelo.
Se ha de ir hasta el barrio de Sant Andreu y entrar en la iglesia de Sant Pacià y no mirar ni hacia el altar ni hacia el techo, tampoco a los ventanales o la decoración. Basta solo echar un vistazo al suelo.
El mosaico
Allí se encuentra una pieza única que lleva la firma de un joven Gaudí y que, paradójicamente, miles de personas pisan a diario sin saberlo: un mosaico.
En aquella época, Antoni Gaudí acababa de graduarse. Su estilo aún no había florecido en todo su esplendor modernista, pero su talento ya era evidente y bien valorado.
Cuándo lo hizo
Tan es así que su profesor en la Escuela Provincial de Arquitectura, Joan Torras Guardiola, encargado de la reforma de Sant Pacià, le encargó el diseño del suelo.
El genio modernista ideó unos mosaicos decorados con motivos florales y geométricos, realizados en mármol y arenisca de distintos colores.
La iglesia de Sant Pacià FLICKR
En el diseño también incluyó las letras alfa y omega, símbolo del principio y el fin, y las iniciales J y M, en referencia a Jesús y María, congregación encargada de la iglesia.
El marmolista Luigi Pellerin fue el encargado de ejecutar los dibujos de Gaudí, que decoran el pasillo central y el crucero de la iglesia.
Iglesia incendiada
Aunque alejados del estilo más reconocible del arquitecto, estos mosaicos son una de las primeras obras del arquitecto que empezaba a buscar su estilo.
Lamentablemente, parte de esta creación fue hecha añicos. Durante la Semana Trágica, en 1909, esta iglesia fue el segundo templo en ser incendiado, tras la quema de la parroquia de Sant Andreu.
Obra recuperada
Los sublevados asaltaron Sant Pacià, lo saquearon y, finalmente, le prendieron fuego. Luego la parroquia sirvió para otras muchas cosas y nadie reparó en el mosaico.
Durante la Guerra Civil, tras ser tomada por el comité revolucionario local de Sant Andreu, fue uno de los comedores sociales Durruti. Nadie reparó en el suelo de Gaudí hasta 1988, cuando fue restaurado por Lluís Bru.
Mosaicos de la iglesia de Sant Pacià AYUNTAMIENTO DE BARCELONA
Estos hechos no hacen más que revelar lo volátil y frágil que es la vida de una obra de arte y cómo la historia pesa sobre los rincones más insospechados de cualquier ciudad.
La misma historia del edificio de Sant Pacià, sin ir más lejos, es tan singular como su pavimento. Inicialmente, fue la capilla del convento-colegio de la Congregación de Religiosas de Jesús y María.
Historia el lugar
En 1890, cuando las monjas se mudaron a Sant Gervasi, las religiosas vendieron el edificio a los Hermanos de las Escuelas Cristianas, los maristas, que instalaron su noviciado y una escuela para chicos. Después llegaría la toma y la reutilización del espacio como granero.
Ya en 1923, el Obispado de Barcelona lo compró y lo consagró como iglesia parroquial y, desde 1930, Sant Pacià ha ejercido como tal.
La congregación
En 1985, su interior se enriqueció con las pinturas murales de Eudald Serrasolses y un Cristo Resucitado tallado por Juan María Medina Ayllón. De esta parroquia saldría además una nueva obra de Gaudí.
La congregación de Jesús y María pareció quedar tan encantada con el trabajo del arquitecto modernista que, cuando se mudaron a Sant Gervasi, le hicieron un nuevo encargo: una mesa elaborada con la técnica del trencadís, compuesta por fragmentos de cerámica, vidrio y mármol, que luce en la Sala de Santa Cecília, hoy convertida en sala de reuniones.
Asimismo, tras los incendios de la Semana Trágica en 1909, la Congregación rescató de la parroquia de Sant Pacià cuatro lámparas de madera dorada que todavía se conservan en el colegio Jesús-Maria Sant Gervasi.
La creación representa un pájaro rodeado por una serpiente, figuras cargadas de un simbolismo bíblico más que evidente. Y aun así, nadie repara en ellas.