Si se quiere ir a un pueblo donde estar fresco, no hace falta irse a los Pirineos o lejos de España. El interior de Tarragona tiene un municipio sorprendente por su arquitectura y por su emplazamiento.
Está a los pies del macizo de Els Ports, en la comarca de la Terra Alta. Tiene apenas unos cientos de habitantes y su nombre es Arnes.
Aquí hay de todo y buena parte es destacable. Hasta el ayuntamiento es el edificio más emblemático del pueblo.
Construido en 1584, está considerado una de las mejores muestras de arquitectura civil renacentista de Cataluña.
Un bien protegido
Lo es por su elegante fachada porticada, los grandes ventanales y la cuidada decoración de su interior, parte de ella a la vista del público. Su valor arquitectónico es tal que está catalogado como Bien Cultural de Interés Nacional.
Muy cerca se encuentra otro de los grandes referentes patrimoniales de Arnes: la iglesia de Santa María Magdalena. En este caso, de estilo barroco.
Iglesia de dos estilos
El templo complementa a nivel estilístico al ayuntamiento. Primero, porque cuando se erigió, a finales del siglo XVII, se construyó sobre una edificación anterior de origen gótico.
En cambio, si ahora destaca es por sus formas barrocas. Su interior y su estructura reflejan la evolución arquitectónica del lugar.
Vistas de Arnes
Aunque no todo son edificios. El Carrer Bonaire es una de las calles más pintorescas del pueblo, flanqueada por viviendas tradicionales de piedra y pequeñas construcciones que evocan el pasado medieval de Arnes.
En sus inmediaciones se conserva el portal del Sastre, una de las antiguas entradas a la villa amurallada y uno de los pocos vestigios que todavía recuerdan el antiguo recinto defensivo.
El papel de la miel
Pero Arnes no solo vive de su patrimonio arquitectónico. La tradición también le aporta valor. La producción de miel ha formado parte de la economía local durante generaciones y sigue siendo uno de los elementos más característicos del municipio.
Por eso, el municipio cuenta con el Centre d'Interpretació de la Mel, un espacio dedicado a divulgar la importancia histórica de la apicultura en la zona.
Una nevera natural
Aunque si algo sorprende de sus usos y costumbres es el llamado Povet de la Neu, una antigua construcción destinada al almacenamiento de nieve durante los meses de invierno.
Antes de la llegada de la refrigeración moderna, estos pozos permitían conservar hielo para utilizarlo durante el verano, algo esencial en los pueblos de montaña. Hoy se pueden visitar.
Más común, pero no por ello menos atractivo, es contar con un molino. Aun así, el Molí de l'Oli es uno de esos antiguos molinos ahora rehabilitados.
Hoy funciona como centro de información del Parque Natural dels Ports. Ofrece información sobre rutas y espacios naturales y permite conocer cómo funcionaba la producción de aceite en el pasado.
El entorno
Luego está el entorno, donde además de las montañas domina el agua. El paisaje que rodea Arnes guarda algunas de las pozas y rincones fluviales más espectaculares de Tarragona.
Uno de los más conocidos es el Toll del Vidre, una piscina natural formada por las aguas del río Algars que se ha convertido en uno de los lugares más fotografiados de la comarca.
Las piscinas naturales
El agua, de tonos turquesa y gran transparencia, discurre entre paredes rocosas modeladas durante siglos por la erosión.
Aunque si algo se lleva el protagonismo es una pequeña cascada que cae sobre el gorg. De ahí que sea uno de los lugares más frecuentados en verano.
Toll de vidre
Claro que hay más. No muy lejos se encuentra el Toll de la Palanca, otra zona de baño natural mucho más desconocida y tranquila.
Está en el área recreativa de Santa Madrona, otro punto conocido de Arnes. No está muy lejos del pueblo y es menos espectacular, pero igual de refrescante.
Una ermita en la montaña
Y si uno se acerca a esta poza, puede ver la ermita de Santa Madrona, uno de los espacios religiosos más queridos por los vecinos de Arnes, que mantiene una estrecha relación con las tradiciones populares del lugar.
A su alrededor, hay también un área recreativa, que se ha convertido en un punto de encuentro para excursionistas y familias que buscan disfrutar de la naturaleza.
Un estrecho de vértigo
Por último, si uno es más aventurero, siempre puede acercarse a Els Estrets d'Arnes, un espectacular desfiladero excavado por el río, convertido en uno de los escenarios más impresionantes del Parque Natural dels Ports.
No es para menos. Las paredes de roca se elevan a ambos lados del cauce, con el agua al fondo, que crea pequeñas pozas.
Cómo llegar
Si se quiere ir, hay un buen rato en coche: una hora y 45 minutos desde Tarragona y dos horas y media desde Barcelona. Se va por carreteras diferentes en ambos casos.
Se coge la A-7 hasta la salida hacia la C-12, que, a su vez, enlaza con la T-330, atravesando Horta de Sant Joan.
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