El castillo Raimat

El castillo Raimat

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El refugio de Franco en Cataluña: un castillo medieval abandonado rodeado por miles de hectáreas de viñedos, símbolo de la burguesía catalana

Las tropas de Franco entraron en Cataluña y vieron en esa fortaleza una atalaya perfecta para controlar la situación

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Cataluña fue una de las comunidades autónomas que más sufrió la dictadura de Franco. El golpista prohibió el catalán una vez arrebató el poder al Gobierno legítimo de la II República y persiguió a sus defensores, además de a anarquistas, comunistas y todos los opositores al régimen.

Lo curioso es que el dictador encontró aquí su refugio durante la Guerra Civil. Cuando sus tropas cruzaron la plana de Lleida, conocida por ser el huerto de Europa, dio con un castillo abandonado que le sirvió de morada improvisada.

Hoy, ese punto de la geografía leridana se ha convertido en algo mucho más grande: un majestuoso enclave perteneciente a una de las familias más aristocráticas de Cataluña, donde se celebran eventos de todo tipo: el castillo de Raimat.

Antes de esta transformación, hay que viajar un poco en el tiempo para ver cómo se produjeron estos cambios de manos.

Una primera recuperación

Todo empieza en 1914, cuando el entonces responsable de Codorniu, Manuel Raventós Domènech, quiso mudarse a la Plana.

Encontró un castillo parcialmente derruido, rodeado de grandes hectáreas ideales para plantar vid. No lo dudó y se hizo con él.

Reconstrucción de la zona

El noble catalán se quedó no solo con el inmueble, también con las 3.200 hectáreas que lo rodean y se puso manos a la obra.

A las más de 100 acequias que construyó, añadió el asfaltado de carreteras y los servicios de agua y luz que eran necesarios. Eso sin contar con las reformas de lo que iba a ser su fortaleza.

Interior del Castillo Raimat

Interior del Castillo Raimat TURISME DE CATALUNYA

El primer encargado de convertirlo en un espacio de lujo fue Rafael Masó, que en 1932 rehizo la torre, elevó la zona residencial a cuatro plantas y ubicó en ellas diez suites. Pero llegó la guerra.

Las tropas de Franco entraron en Cataluña y vieron en esa fortaleza una atalaya perfecta para controlar la situación. Desde allí dirigió la cruenta batalla del Ebro.

Residencia (temporal) de Franco

De esa época quedan el recuerdo de las víctimas y la cama de su habitación, la misma que aloja una trampilla que la conecta con el salón principal.

Por suerte, la guerra acabó, al igual que la terrible dictadura. El castillo ahora es propiedad de la presidenta de la Fundación Comunitaria Raimat-Lleida, Elena de Carandini.

Todo se puede visitar, junto con el castillo, que se ha convertido en un espacio ideal y de lujo para la celebración de eventos culturales y empresariales. La condición es respetar el entorno y el castillo.

El castillo Raimat

El castillo Raimat INSTAGRAM

En sus paredes y estancias se palpan las historias de las diferentes familias que lo habitaron. En la fachada, se deja ver el paso del tiempo y la aridez de la tierra que lo rodea.

En las baldosas azules del salón principal, la tradición vinícola está grabada y dibujada en forma de manos y racimos de uvas.

Símbolo de la burguesía catalana

El castillo de Raimat se mantiene como símbolo de la cultura y la burguesía catalanas. Una fortaleza rodeada por el trabajo de la tierra que, desde hace dos años, acoge el Raimat Arts Festival.

Pero no solo se abre al público para este evento. Este castillo está disponible para todo tipo de celebraciones, donde además de disfrutar de un lugar cargado de historia, se puede contemplar un paisaje que al atardecer se viste de dorado y naranja.

Cómo llegar

Disfrutarlo es cuestión de un momento si se parte desde Lleida. Esta fortaleza convertida en residencia está a poco más de 20 minutos de la ciudad. Basta con tomar la carretera LV-9224 en dirección al núcleo de Raimat y seguir las indicaciones correspondientes.

Desde Barcelona, el viaje requiere algo más de tiempo: una hora y media. La ruta más rápida es la A-2 y, poco antes de llegar a la capital del Segrià, desviarse hacia Raimat siguiendo la señalización local.