El Salt del Mir

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El pueblo español más mágico de Cataluña: con una cascada escondida de 35 metros, tres molinos en ruinas y una cueva secreta

Un sendero familiar y sombreado en el corazón de Osona para caminar entre saltos de agua y descubrir los secretos de un antiguo molino harinero

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El agua cae con fuerza desde lo alto, dibujando una cola de caballo que rompe el silencio del bosque mucho antes de que la cascada sea visible.

El aire es más fresco, incluso en temporada de verano, y el suelo del camino conserva esa humedad permanente de los bosques de ribera. El Salt del Mir se anuncia así, con sonido, antes de mostrarse del todo.

Se encuentra en la Vall del Ges i el Bisaura, en la comarca de Osona (Barcelona), con una caída de 35 metros de altura. El entorno combina ruinas de antiguos molinos, un puente de madera centenario y un bosque maravilloso, aunque siempre con el agua como hilo conductor del paisaje.

Una excursión fácil, ideal para ir en familia

La ruta hasta la cascada es lineal, tiene una distancia de 3,44 kilómetros y se completa en unas 2 horas. La dificultad es fácil, con algo de desnivel, pero perfectamente asequible para ir con niños.

El punto de partida es el restaurante La Cabanya del Mir, en Santa Maria de Besora.

Solo podrás aparcar junto al restaurante si vas a comer allí; en caso de que no, hay que dejar el coche en los márgenes del camino antes de llegar, con el riesgo de no encontrar sitio o ser multado (podría ser el caso).

Desde el aparcamiento, el camino sigue las indicaciones hacia El Tombo, otro de los nombres con los que se conoce el Salt del Mir.

El puente de madera y el antiguo molino

Tras adentrarse en el bosque del Clot dels Maians y seguir el camino de la izquierda en la primera bifurcación, el sendero baja hasta un puente de madera que cruza la riera de la Foradada, afluente del río Ter.

Junto a él se conserva una antigua esclusa que en su momento hacía funcionar el molino situado metros más abajo.

Sant  de Mir

Sant de Mir

En el lecho del río todavía se distinguen las marcas cuadradas de un antiguo puente por donde pasaban los carros que iban y venían del molino.

Tres molinos en estado de ruina

El conjunto conocido como Molí del Mir estaba formado en realidad por tres molinos de harina, construidos sobre la pendiente que forma la riera.

Hoy se encuentran en estado ruinoso, aunque uno de ellos, accesible por un pequeño desvío, conserva todavía el mecanismo y las muelas originales. Los otros dos aparecen más adelante, ya cerca de la cascada.

Molinos del Salt de Mir.webp

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El tramo de bosque que envuelve los molinos es de vegetación típica de ribera, frondoso y húmedo, especialmente agradable en los meses de calor.

Quien busque un mirador elevado de la cascada puede acceder a uno situado en lo alto de un precipicio, aunque sin ningún tipo de protección ni valla, por lo que conviene tener precaución.

El momento de llegar a la cascada

Al llegar al Salt del Mir hay un mirador desde el que ya se aprecia la caída de agua, pero conviene bajar las escaleras para acercarse de verdad a la cascada.

La forma de cola de caballo es su rasgo más característico, y tras ella se esconde una cavidad a la que se puede entrar cuando el caudal es más bajo.

Para quienes quieran bañarse, es recomendable llevar escarpines, ya que facilitan moverse por la zona rocosa. La mejor época para visitarla es la primavera, o después de días de lluvia, cuando el caudal de agua es mayor.

Salt de Mir 1.webp

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Cómo llegar

El punto de inicio de la ruta es el restaurante La Cabanya del Mir, en el municipio de Santa Maria de Besora (Osona, Barcelona).

Se accede por una pista forestal en buen estado, apta para cualquier tipo de vehículo. Quien prefiera no depender del aparcamiento del restaurante puede dejar el coche en el propio pueblo de Santa Maria de Besora y completar la ruta a pie, aunque en ese caso el recorrido será más largo.