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El rincón medieval con más encanto de Girona: torres de vigilancia del siglo XI, pequeñas calles de piedra y un mirador de cuento

Un rincón medieval a un paso del mar para perderse sin rumbo y descubrir el secreto que esconde su rincón más fotografiado

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Las calles suben en pendiente suave, estrechas y empedradas, y la piedra de las fachadas tiene ese tono cálido que solo da el tiempo.

En lo alto, una torre de vigilancia domina el horizonte. Pals es uno de esos lugares donde caminar sin rumbo te hace entender la fama por ser uno de los pueblos con más encanto de Cataluña.

Se esconde en el corazón del Baix Empordà, en la provincia de Girona, a apenas 5 kilómetros de la Costa Brava. El núcleo antiguo corona una colina, dibujando un laberinto de calles estrechas y casas de piedra donde cada rincón te cuenta una historia.

Empieza por una casa con vino dentro

Lo mejor es arrancar por Ca la Pruna, justo fuera de las murallas.

Es una casa fortificada de estilo gótico y renacentista que hoy funciona como casa de la cultura, y dentro tiene una exposición permanente de vinos y cavas de Cataluña. Un aperitivo antes de meterse en el pueblo.

Desde ahí, subiendo por el carrer de la Creu, se llega a la Plaça Major. Aquí se celebraba el mercado antiguo, y aún se conservan edificios que lo demuestran, como la Casa de la Vila, del siglo XIII.

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El barrio del Pedró y la muralla

La parte alta del pueblo es donde realmente se respira la historia: el Barrio del Pedró, con los elementos más importantes de lo que fue el recinto amurallado. Ahí están la Torre de les Hores y la Iglesia de Sant Pere, los dos grandes protagonistas del paisaje.

Para llegar hasta ellos hay que cruzar el Portal de la Vila, un arco gótico que da paso al Carrer Major (probablemente la calle más fotografiada de todo Pals, y con razón).

El camino termina en la Església de Sant Pere, construida literalmente con piedras del antiguo castillo, con una fachada barroca que todavía esconde restos de un templo del Siglo XII.

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Torres que cuentan historias

Justo enfrente de la iglesia se levanta la Torre de Ramonet, del siglo XIII, una de las torres mejor conservadas de toda la muralla. Y hablando de la muralla, quedan tramos suficientes como para poder seguir su recorrido casi entero, lo que da una idea bastante clara de cómo era Pals hace siglos.

Si subes por la Calle de la Torre, llegas hasta la Torre de les Hores, de 15 metros de altura y construida entre los siglos XI y XIII. Desde arriba, la vista sobre toda la comarca compensa cualquier subida.

El mirador que cierra el paseo

Siguiendo por la calle Mayor aparece la Ermita de Pals, en la finca de Can Pi, y un poco más allá, dentro de la muralla, Can Frailem, una casa con un arco de medio punto que antes fue farmacia y hoy es propiedad de la Fundació Vila Casas.

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Al cruzar la muralla llega el momento que mejor resume la visita: el Mirador de Josep Pla, con vistas abiertas a toda la comarca del Empordà.

Desde aquí también arranca el Paseo Arqueológico, perfecto para quien quiera alargar un poco más la tarde.

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Cómo llegar

En coche desde Barcelona, hay que tomar la autopista AP-7 en dirección a Girona hasta la salida 9 (Vidreres/Lloret), siguiendo después las indicaciones hacia Palamós por la C-31.

En transporte público, la línea de autobuses Sarfa conecta Pals con Barcelona y Girona; no hay estación de tren propia, la más cercana es la de Flaçà.

La mejor época para visitar Pals es en mayo y junio, evitando agosto, cuando la afluencia de visitantes puede complicar especialmente el aparcamiento.