La ruta de la nutria

La ruta de la nutria

Viajes

La ruta más refrescante de Tarragona: con cascada de 30 metros, mirador de madera, bosques de Prades y aguas cristalinas

El truco para recorrer el corazón de los Pirineos cuesta abajo y sumergirse en un paisaje donde el ruido desaparece

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El Río de Sant Nicolau aparece y desaparece entre los árboles, pero siempre se escucha. Su sonido cambia a lo largo del camino, a veces un murmullo suave sobre piedras planas, a veces un golpe seco que anuncia que algo más grande se acerca.

Caminar por el Valle de Sant Nicolau es, básicamente, seguir el agua.

El recorrido forma parte del Parque Nacional de Aigüestortes i Estany de Sant Maurici, en la comarca de la Alta Ribagorça (Lleida). Conecta el Planell d'Aigüestortes con el aparcamiento de la Palanca de la Molina, cerca de Boí, en casi 8 kilómetros donde el agua, el bosque y la roca se turnan el protagonismo.

El nombre tiene su historia

La ruta lleva este nombre porque el Valle de Sant Nicolau es uno de los pocos lugares del Pirineo donde la nutria (llúdriga en catalán) vive en determinadas épocas del año.

Es un animal tímido y escurridizo que no se deja ver fácilmente. Muchos caminantes terminan el recorrido sin haberla encontrado, y aun así vuelven a casa con la sensación de haber visto mucho.

El truco para evitar las cuestas

La opción más cómoda es subir en coche hasta el Planell de Aigüestortes e ir bajando.

La subida tiene tramos con piedra suelta que castigan las piernas; la bajada se hace más llevadera. Los palos de madera con la punta amarilla son la señal de que estás en el camino correcto.

En algunos puntos el sendero se cruza con la carretera, pero pronto baja de nuevo a la ribera izquierda del río, donde el camino se mete entre el bosque y el ruido desaparece.

Un bosque frío y vivo

El primer tramo es de sombra densa, aire fresco y suelo húmedo incluso en pleno verano. La luz entra filtrada entre las copas y el olor a tierra mojada lo impregna todo.

Aquí crece uno de los mejores bosques mixtos de caducifolios y coníferas del parque, hayas, abedules y robles conviviendo con el pino negro, el árbol más característico de Aigüestortes.

Por el camino también aparecen troncos caídos que siguen llenos de vida, insectos, hongos y animales que se esconden en la madera vieja. El bosque de Aigüestortes no descansa nunca.

La cascada con pozas de gigante

En algún punto el río cambia de sonido y se vuelve más contundente.

Llega entonces la cascada escalonada de Sant Esperit, de unos 30 metros de altura, donde el agua ha excavado con el tiempo las llamadas marmitas de gigante, pozas circulares formadas por los cantos rodados que giran arrastrados por la corriente hasta dejar su marca en la roca. Lo impresionante no es la altura sino la fuerza del agua.

Un poco más adelante hay un mirador de madera desde donde las vistas son perfectas, seguras y donde te puedes tomar un respiro.

Cascada de Sant Esperit.JPG

Cascada de Sant Esperit.JPG

El lago y la ermita escondida

Después de la cascada el valle se abre de golpe y aparece el Estany de Llebreta, un lago verde y tranquilo, rodeado de montañas, que se originó tras las glaciaciones sobre una antigua cubeta glacial.

Desde aquí, cruzando hacia la solana, una subida exigente lleva hasta la ermita de Sant Nicolau, una construcción románica a 1.668 metros de altitud con una sola nave y ábside. Un letrero junto a ella advierte de que las coronas de unos reyes francos están enterradas en los alrededores, y que quien las toque morirá.

Nadie parece haberse molestado en comprobarlo...

Riu de Sant Nicolau.JPG

Riu de Sant Nicolau.JPG

Una ruta apta para todos

Esta ruta está pensada precisamente para disfrutar. La mayor parte del recorrido es en bajada y está pensada para personas acostumbradas a caminatas tranquilas de entre 3 y 4 horas.

No necesitas ser un montañero experto para venir; basta con que te apetezca un paseo, ropa cómoda y ganas de perder la mirada en la naturaleza.

Cómo llegar

El punto de inicio es el aparcamiento de la Palanca de la Molina, accesible desde Boí por la carretera L-500 en dirección a Caldes de Boí. Boí está en el Valle de Boí (Alta Ribagorça, Lleida), a unos 140 km de Lleida y aproximadamente 300 km de Barcelona por la N-230.

Conviene llegar temprano en verano para encontrar aparcamiento y llevar calzado de montaña con buena suela si se sube desde la Molina.