Es un clásico en las listas de los pueblos más bonitos de Cataluña y del resto de España. No es para menos: su origen y su espectacular ubicación son más que especiales.
No es para menos, su sobrecogedora orografía lo sitúa sobre los restos de lava vertidos por los volcanes de la zona hace ya más de 200.000 años.
Los más avispados ya pueden deducir que se trata de un pueblo de la comarca de la Garrotxa, conocida por ser la zona con más volcanes de toda Cataluña (aunque todos ya están dormidos).
Si ya se acaba indicando que el municipio está sobre un acantilado de 50 metros, la respuesta es obvia: el lugar en cuestión es Castellfollit de la Roca.
Nombre revelador
Su propio nombre ya desvela algo del misterio que guarda. Todo el pueblo es un espectacular mirador natural erigido sobre lava y roca milenaria.
Y, a sus pies, el abismo y toda la inmensidad de los valles de los ríos Fluvià y Toronell. Una buena puerta de entrada al Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa.
Casas colgantes
Se deduce por la composición geológica de la roca del acantilado, un impresionante risco basáltico donde las casas parecen sostenerse por arte de magia, al mismo tiempo que se precipitan casi al vacío.
Una imagen que bien merece la pena inmortalizar en una fotografía donde sobresale, aún más alto, el campanario de la iglesia de Sant Salvador, del siglo XIII. Se recomienda, eso sí, hacerlo desde lejos.
Vista de Castellfollit de la Roca
Conexión Gaudí
Esa impresionante atalaya tiene además mucha relación con la arquitectura. No porque la construcción de las casas fuera un reto, sino porque esta piedra que sostiene a Castellfollit fue usada por el mismísimo Gaudí para construir las columnas del Park Güell.
Pero, si uno quiere tocar esa piedra, no hace falta que vaya a Barcelona; también se puede ver y palpar en muchas de las calles y rincones del municipio, como la plaza de Josep Pla.
Más allá de la foto
Y es que, más allá de la foto panorámica y su ubicación, el pueblo ofrece mucho más. Para empezar, un bonito paseo a pie con inmejorables vistas.
El visitante tampoco puede perderse su iglesia, cuya historia está marcada por la desgracia. En el siglo XV fue dañada por un terremoto que sacudió la localidad y, siglos más tarde, fue destruida por los efectos de la Guerra Civil. Sin embargo, el tesón de los lugareños hizo que se levantara de nuevo.
Qué comer
Junto a esta iglesia, otros dos atractivos turísticos de la localidad son el Museo del Embutido, donde uno puede ver todo el proceso de elaboración de la carne, y el curioso Museo del Vietnam, con un destacado catálogo museístico alrededor de esta contienda bélica.
Terminado ya el paseo cultural, toca disfrutar de la gastronomía. Es conocido Ca la Paula, especializado en cocina mediterránea y, si uno es más de cocina casera, puede ir a Mont Roc.
Comida y rutas
Y, al terminar el ágape, uno puede acercarse a Cal Tuset, todo un paraíso para los amantes de los dulces, con su amplia variedad de sorprendentes y deliciosas magdalenas para todos los gustos.
Luego, se puede bajar la comida dando un paseo por algunas de las bonitas rutas que acercan al visitante hasta el Parque Natural de la Zona Volcánica. Por planes, no será.
Cómo llegar
Los vecinos de Girona tienen acceso casi directo. Está a 45 minutos en coche. Se toma la autovía A-26, que tiene salida a Castellfollit de la Roca.
Desde Barcelona, el viaje dura más de una hora y hay dos maneras de llegar. Por un lado, la AP-7 hasta la salida que enlaza con la C-66 y la A-26. Por otro, también se puede ir por la C-17, que pasa por Vic y Ripoll.
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