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Lejos del ruido mediático y de la presión de los grandes estadios del fútbol mundial, una de las mayores estrellas del deporte ha encontrado su rincón de paz absoluto.

La doble Balón de Oro, Alexia Putellas, escoge con mimo sus días de descanso para refugiarse en un entorno donde el ritmo lo marcan las olas con una atmósfera dominada por la piedra, el silencio y la brisa marina.

Un refugio costero histórico

La joya de la corona donde descansa la deportista es Calella de Palafrugell, una de las pedanías costeras más pintorescas del municipio de Palafrugell, en plena Costa Brava.

Este rincón de pescadores, que apenas supera los 600 habitantes, ha logrado conservar el antiguo encanto de los pueblos marineros de la zona.

Al caminar por su entramado de calles, se hace evidente que el secreto de su magnetismo radica en el respeto por su historia. La localidad es conocida por la conservación de sus playas y por la preservación de las zonas rurales que se extienden a sus afueras, protegiendo su bello paisaje.

Esta pedanía se caracteriza por una sucesión de pequeñas calas de agua turquesa en un entorno de postal, que ofrece el cobijo perfecto para quienes, como las estrellas del deporte de élite, buscan disfrutar de unos días de descanso total bajo la brisa del Mediterráneo.

Un lienzo de fachadas blancas

Pasear por sus calles es toparse con un lienzo de fachadas encaladas, calles estrechas y portones de colores vibrantes a pie de arena.

En la emblemática playa de Port Bo, las barcas de madera aún descansan sobre la arena, otorgando al paisaje un romanticismo que parece congelado en el tiempo.

Es en este entorno de paz absoluta donde la jugadora acostumbra a pasar sus veranos y escapadas de descanso junto a su círculo más cercano. El rumor suave de las olas rompiendo contra las rocas se convierte en el mejor refugio para desconectar de la alta competición.

Tradición y gastronomía local

La oferta culinaria del Empordà se basa de manera estricta en la combinación de productos frescos del mar y de la huerta, una relación que aquí resulta especialmente evidente y sabrosa.

Uno de los productos más representativos de sus aguas es el erizo de mar, conocido localmente como garota.

Este manjar está íntimamente ligado a la tradición culinaria de la zona y se convierte en el auténtico protagonista de muchas mesas locales durante los meses más fríos y templados.

Más allá de la oferta gastronómica, el propio entorno ayuda a contextualizar esta cocina milenaria. El puerto, las barcas tradicionales, las calas y las antiguas casas de pescadores forman parte de un mismo paisaje vivo que explica el origen marinero de muchos de sus platos más icónicos.

Esta conexión directa entre el territorio y los fogones es uno de los rasgos que definen la localidad y refuerza su identidad aportando un ambiente perfecto para disfrutar de una cena pausada al caer la tarde, compartiendo la calma en sus terrazas de bóvedas de piedra.

Cómo llegar

Para visitar este refugio de pescadores desde Barcelona debes tomar la autopista AP-7 en dirección norte hacia Girona, abandonando la vía en la salida hacia Palamós.

Desde ese punto, las carreteras locales te guiarán de forma directa a través de los campos del Baix Empordà hasta alcanzar la costa.

La mejor época para descubrir la magia de este rincón es durante los meses de mayo, junio o septiembre, evitando las aglomeraciones del verano para poder caminar en silencio por sus playas al amanecer y comprender de inmediato el motivo por el cual las grandes figuras del deporte mundial eligen este destino para recuperar fuerzas.

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