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Ya ha llegado el calor y no todo el mundo puede ir a la playa. Además, hacerlo puede convertirse en un verdadero tormento: retenciones, aglomeraciones a la hora de comer e incluso la imposibilidad de extender la toalla en la arena. Pero existen alternativas.

La naturaleza siempre es sabia y sabe cómo regular las altas temperaturas. En los bosques no solo hay sombra, sino también ríos, cascadas e incluso piscinas naturales donde refrescarse.

No hace falta irse muy lejos. En la misma provincia de Barcelona, a medio camino de Lleida, hay una cascada de más de 30 metros con pozas y un color verde esmeralda que recuerda a paisajes tropicales. Es la Font y el Gorg de les Tàpies.

Espacio libre de aglomeraciones

No es un gran parque natural ni un destino masificado, ni siquiera en verano. Es solo un rincón escondido en plena naturaleza con todo lo necesario para enfrentarse al calor.

Este pequeño paraje se articula alrededor del torrent de les Tàpies, que ha ido excavando el terreno hasta formar una cascada vertical y varias pozas en su base.

El sonido del agua

Al encontrarse en una zona de vegetación muy diversa, cada visita ofrece un paisaje distinto. En primavera, todo es sonido de fauna, color y agua desbordada en la cascada.

En verano, cuando el caudal baja, las pozas se vuelven más accesibles y el lugar se presta a chapuzones y ratos de descanso a la sombra, siempre con precaución y respeto por el entorno.

La joya del lugar es el salto principal del torrente, una cascada de más de 30 metros que cae por una pared rocosa hasta un gorg de aguas claras.

Por encima y por debajo de este punto se encadenan otras pozas más pequeñas, donde el agua se remansa formando pequeñas “piscinas” naturales en las que se reflejan los árboles de ribera.

Más allá de la cascada

El entorno vegetal sorprende por su densidad. Aunque el Bages suele asociarse a un paisaje de secano, aquí la presencia constante de agua crea un microclima mucho más húmedo.

Alrededor del torrente crecen robles, encinas, pinos y una variada vegetación de ribera, con arbustos y plantas que colonizan las rocas y los márgenes. Es casi como un oasis.

Que hay en la ruta

El agua que alimenta el torrente circula a través de capas de roca caliza y otros materiales permeables, lo que favorece procesos típicamente kársticos: disolución de la roca, pequeñas cavidades, filtraciones y surgencias.

Con el tiempo, estos procesos han generado depósitos de travertino, un tipo de roca calcárea que se forma cuando el agua rica en carbonato precipita y se solidifica. Son la huella petrificada de antiguos cursos de agua y de cascadas que han cambiado ligeramente de posición.

Vegetación en la ruta del Gorg de les Tàpies

Durante siglos, la Font de les Tàpies fue un punto de agua esencial para la vida rural. Les Tàpies era el conjunto de masías agropecuarias de la zona.

El ganado, los cultivos y los propios habitantes de la masía dependían de este manantial en épocas de sequía o cuando los pozos no eran suficientes.

El sendero

Para aprovechar mejor el recurso, se construyeron pequeñas obras hidráulicas: canalizaciones que llevaban el agua hasta balsas de uso agrícola, muros de contención y, en algunos casos, sistemas tan ingeniosos como el ariete hidráulico.

Parte de ese pasado puede contemplarse en una ruta de unos 8-9 kilómetros, que se recorre en unas tres horas a pie.

El recorrido coincide en algunos puntos con antiguos caminos históricos, como los que enlazaban Manresa con Vic, hoy integrados en variantes del Camino de Santiago de Cataluña.

A lo largo del recorrido es posible encontrar vestigios de hornos de cal, pequeñas construcciones agrícolas y elementos de piedra seca que hablan de una larga ocupación humana y de la explotación tradicional de los recursos locales.

Cómo llegar

Llegar en coche es sencillo, sobre todo desde Lleida. El trayecto dura unos 40 minutos: se puede tomar la C-13 o la A-2 y enlazar después con la C-25 y la C-55, o seguir combinaciones locales más directas según el punto de partida.

Desde Barcelona, el viaje ya alcanza las dos horas. La ruta más habitual pasa por la A-2 o la AP-2 y, una vez en Manresa, enlaza con la C-55 hacia Artés.

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