Gorg de la Mola
Parece Bali, pero es Barcelona: ruta entre barrancos, pozas de aguas turquesas y un salto de agua de 5 metros
El paisaje no encaja con la idea habitual del entorno metropolitano: caminos estrechos, una riera que puede mostrar tonos turquesa en determinados tramos y una pequeña cascada
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“Un lugar que parece Bali… pero está mucho más cerca de lo que imaginas”. Así reza más de una publicación en redes sociales sobre una de las pozas más próximas y conocidas de Barcelona.
Es más, hay quien dice que cada vez va más gente, pero ocurre lo mismo en la isla del Índico y no le resta belleza. Además, acercarse aquí sale bastante más barato.
El Gorg de la Mola está a unos escasos 45 minutos de Barcelona y ofrece una de esas imágenes que sorprenden.
El paisaje no encaja con la idea habitual del entorno metropolitano: barrancos estrechos, una riera que puede mostrar tonos turquesa en determinados tramos y un pequeño salto de agua que, cuando el caudal acompaña, dibuja una escena casi tropical.
Dónde está
La poza se encuentra en el Parc Natural de Sant Llorenç del Munt i l’Obac, uno de los grandes pulmones naturales del interior de la provincia y una de las escapadas más accesibles y conocidas desde la capital catalana.
La ruta no responde al modelo de excursión típica. Aquí el camino se descubre a partir de senderos forestales, tramos de riera y desvíos que se adentran en barrancos secundarios. Esa condición más discreta forma parte de su atractivo.
Salto de agua
El elemento más reconocible del recorrido es el Gorg de la Mola, con un salto de agua de entre cuatro y cinco metros, dependiendo de la época del año y de las lluvias recientes.
No se trata de una gran cascada, pero con el salto el agua adopta reflejos verdosos y azulados que intensifican la sensación de estar ante un espacio muy alejado del entorno urbano.
El atractivo de esta ruta no reside únicamente en el gorg en sí, sino en la diversidad del paisaje que lo rodea. El relieve abrupto del macizo, formado por conglomerados erosionados durante millones de años, crea formas caprichosas que acompañan el recorrido.
El entorno está integrado dentro de un espacio natural protegido. La fragilidad del sistema hídrico, junto con la presión creciente de visitantes en determinados momentos del año, ha llevado a insistir en la importancia de mantener el equilibrio del entorno.
Caminos hacia la poza
Eso no quita que haya una red de senderos muy completa, con rutas que conectan ermitas, miradores naturales y formaciones geológicas singulares.
Uno de los caminos más habituales para acceder al Gorg de la Mola parte desde Matadepera. Desde aquí salen rutas que ascienden hacia La Mola, entre ellas el histórico Camí dels Monjos, utilizado tradicionalmente como vía de conexión entre el valle y el monasterio situado en la cima.
El Gorg de la Mola con su cascada de aguas cristalinas
A lo largo del recorrido aparecen desvíos menos evidentes que se internan hacia torrentes secundarios, donde se esconden pozas y pequeños saltos de agua como el que da nombre a esta ruta.
Terrassa también funciona como puerta de entrada al espacio natural. Desde zonas como Can Robert o desde los accesos habilitados en el entorno del parque, se pueden enlazar itinerarios que combinan subida hacia la montaña con descensos puntuales hacia la riera.
Cómo llegar
El recorrido no siempre resulta intuitivo. Aunque existen tramos conocidos, parte del encanto del Gorg de la Mola reside en que no se presenta como una ruta lineal y obvia. Requiere atención, orientación básica y, en muchos casos, el apoyo de mapas digitales o algo de experiencia previa en senderismo.
Claro que uno puede llegar a Matadepera o Terrassa y dejarse llevar por los senderos. No se tarda más de 40 minutos en llegar desde Barcelona por la C-16.