CastIllo de Rocaberti

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El castillo español donde vivieron los simiotes, unas temidas criaturas: una fortaleza del siglo X a una hora de Girona

La fortaleza hoy es apenas una silueta recortada contra el cielo del Empordà, pero custodia una de las tradiciones orales más singulares de la región

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Hay fortalezas que guardan misterios de todo tipo. El de Cardona, por ejemplo, tiene una habitación maldita y, en la frontera española con Francia, hay otro que alberga extrañas criaturas o, al menos, eso se dice.

Se encuentra a las afueras de La Jonquera (Girona) y, a pesar de que solo quedan ruinas, estas lucen amenazantes sobre una imponente y escarpada montaña granítica.

Tiene sentido. Esta fortificación, como todas las estructuras medievales de este tipo, tenía un carácter defensivo. Pero hay más razones por las que, todavía hoy, no muchos se acercan a ella.

El castillo de Rocabertí es apenas una silueta recortada contra el cielo del Empordà, pero custodia una de las tradiciones orales más singulares de la región: la leyenda de los simiotes.

Qué son los simiotes

Estas criaturas fantásticas son descritas como seres híbridos entre humanos y animales. Sus cuerpos están cubiertos de vello, a excepción de los ojos y los dientes, y forman parte del misticismo que rodea a la edificación.

Según el folclore local, estas figuras habitaban la fortaleza y protagonizaban relatos de carácter moral. El más conocido es el del viajero expulsado por sus supuestos poderes.

Qué dice la leyenda

El hombre llegó allí muerto de frío y se calentó los dedos soplándolos. Los simiotes, allí presentes, no daban crédito. Aun así, lo acogieron, pero cuando vieron que el humano, con otro soplido, enfriaba la sopa, lo acusaron de brujo y lo echaron.

Esta pátina mitológica, que incluye también historias de hadas hilanderas y almas en pena, ha otorgado al castillo un aura de misterio. ¿Existieron todos estos seres? No se sabe, aunque sí se conoce su historia real.

Dónde está

El castillo de Rocabertí fue una pieza clave en el control del territorio. Su primera mención documental data del año 948, aunque los vestigios sugieren una antigüedad mayor. Durante siglos, fue el centro neurálgico del vizcondado de Rocabertí, una de las estirpes más influyentes de la zona, clave para la defensa.

Desde su atalaya se dominaban los pasos de Le Perthus y de Panissars, rutas naturales y comerciales de vital importancia entre la península ibérica y el resto de Europa.

Imbatible

Lo curioso es que, a pesar de su importancia, nunca fue conquistado mediante un asalto militar directo que doblegara sus defensas de forma definitiva. ¿Es, pues, una fortaleza inexpugnable? Eso se dice.

Hay razones que lo explican. Al estar construido sobre un risco de granito prácticamente vertical, el acceso es extremadamente complejo para cualquier ejército.

Cómo era el castillo

La única entrada posible se situaba en el flanco este, donde el desnivel era ligeramente menor, obligando a los atacantes a ascender por una escalera tallada directamente en la roca, lo que los dejaba expuestos a los defensores. Todo ello dificultaba su conquista.

Más allá de eso, el diseño arquitectónico, de reducidas dimensiones, también sorprende. La fortaleza tuvo que ser compacta y eficiente.

La fortaleza en la batalla

La estructura contaba con una cisterna excavada en el propio granito, lo que garantizaba el suministro de agua durante asedios prolongados, evitando que la sed rindiera a la guarnición antes que las armas.

Incluso en momentos de máxima tensión, como durante la invasión francesa de 1288 al servicio de Jaime II de Mallorca, la ocupación fue descrita como fugaz, lo que refuerza la idea de que es inexpugnable.

Aun así, llegó el declive. No fueron las armas las que lo destruyeron, sino el paso del tiempo y los cambios políticos los que acabaron con el castillo de Rocabertí.

Momento de abandono

Tras el Tratado de los Pirineos en 1659, la frontera se estabilizó en la cresta de la Albera y el castillo comenzó a perder su relevancia defensiva. Su uso fue cada vez menor, hasta su abandono.

Hoy, de esa fortaleza de principios del siglo XI quedan solo los restos de su torre triangular y, a su lado, los muros de la capilla de Sant Romà, otros testigos mudos de ese pasado de esplendor.

Cómo llegar

Aun así, el castillo de Rocabertí está protegido como Bien Cultural de Interés Nacional. Eso ayuda a atraer curiosos y amantes de la historia. Llegar no es difícil.

Está a 45 minutos de Girona y a una hora más desde Barcelona. El camino es el mismo: se va por la AP-7, se toma la salida hacia La Jonquera y se siguen las indicaciones. Aunque no se puede acceder a él.