Casas de Camprodón

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Parece Suiza, pero es España: el pueblo medieval del siglo XII con la fábrica de galletas más antigua del país y menos de 3.000 habitantes

Lo que comenzó como un negocio familiar orientado a los gustos de la época evolucionó con el tiempo hasta convertirse en una producción reconocible en todo el país

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Hay pueblos de origen medieval que han logrado incluso superar esa fama y ser conocidos por otras virtudes. Camprodon es un buen ejemplo.

Este municipio de Girona ha construido buena parte de su identidad sobre una doble condición que resulta poco habitual: la de villa medieval de montaña y la de sede de una de las marcas de galletas más veteranas del país.

Tampoco está en la Costa Brava, la zona más conocida de la comarca, sino en el Pirineo catalán. Aunque de él sí tiene algo muy característico: patrimonio románico, paisaje alpino y una buena tradición gastronómica.

Su imagen está marcada por el puente Nuevo (Pont Nou), las casas de piedra y el entorno fluvial y verde. Un paisaje que ha hecho que en los últimos años se le compare con Suiza, por su aire ordenado y montañoso.

Origen medieval

El origen histórico de Camprodon se remonta al monasterio de Sant Pere y al mercado concedido por Ramón Berenguer III en 1118, un punto de partida que explica el peso medieval de la villa.

A partir de ese núcleo religioso y comercial, el municipio fue creciendo hasta consolidar un trazado urbano en el que todavía se reconocen huellas de su pasado románico y gótico.

El símbolo de Camprodon

Uno de los símbolos más visibles de esa herencia es el puente Nuevo, construido en el siglo XII, que se ha convertido en una de las estampas más reconocibles del pueblo.

Su silueta de piedra sobre el río Ter resume bien la mezcla de funcionalidad y belleza que define a Camprodon, donde la arquitectura tradicional convive con un paisaje de montaña muy cuidado.

Vista panorámica de Camprodón

Vista panorámica de Camprodón

En torno al puente y al casco antiguo se concentra buena parte del interés patrimonial del municipio. Y es también la imagen de su producto estrella: las galletas Birba, la otra gran seña de identidad local.

En 1893, la familia Birba puso en marcha en Camprodon una pequeña actividad pastelera que acabaría dando lugar a las galletas más conocidas del municipio y a una de las fábricas más antiguas todavía en activo en España en su categoría.

Unas galletas con mucha historia

Lo que comenzó como un negocio familiar orientado a los gustos de la época evolucionó con el tiempo hasta convertirse en una producción consolidada y reconocible en todo el país.

La historia de Birba está estrechamente ligada al desarrollo económico del pueblo. La primera fábrica se inauguró en 1929, cuando la demanda ya había convertido aquel obrador en una actividad de mayor escala.

Superviviente de guerra

La marca mantuvo su base en Camprodon y se fue adaptando a distintos momentos históricos, incluida la Guerra Civil y posteriores etapas de modernización, sin perder del todo la imagen artesanal que la hizo popular.

Esa continuidad ha tenido también un efecto simbólico. Las cajas de galletas, con referencias visuales al puente y al paisaje local, han funcionado durante décadas como una especie de embajadoras del pueblo dentro y fuera de Cataluña.

Puente Nuevo de Camprodón

Puente Nuevo de Camprodón

Para muchos visitantes, la relación entre Camprodon y Birba no es solo un dato comercial, sino una parte esencial de la experiencia de la villa, donde la memoria industrial se suma al atractivo turístico.

Pero Camprodon sigue siendo un pueblo de tamaño modesto, con algo más de 2.000 habitantes, aunque su población aumenta en época de segunda residencia y temporada turística.

Gracias a esa escala reducida ha podido mantener una atmósfera de pueblo de montaña. A ello se suma su valor como punto de acceso a rutas naturales y a una oferta de turismo cultural y gastronómico que ha ido ganando peso.

Cómo llegar

Camprodon está a una hora y cuarto de Girona. Se va por la carretera C-66 hasta enlazar con la C-38, que conduce directamente hacia el valle de Camprodon.

En el caso de salir desde Barcelona, se suele ir por la autopista C-33 o la AP-7 hasta la salida de Granollers, para después continuar por la C-17 hacia Ripoll. Desde allí, se debe enlazar con la C-38 y llegar al destino. En este caso, el viaje supera las dos horas y cuarto.