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Cataluña es tierra de contrastes, donde la historia y la naturaleza a menudo se funden de formas sorprendentes. A veces, la realidad supera a la ficción, y otras veces, sirve de escenario perfecto para ella.

Es el caso de Mura, un pequeño pueblo de la comarca del Bages que parece detenido en el tiempo. Sus calles empedradas y su entorno salvaje lo convirtieron en el plató ideal para una de las películas más laureadas del cine español.

Joya medieval

Situado a apenas una hora en coche de Barcelona, en pleno corazón del Parc Natural de Sant Llorenç del Munt i l'Obac, Mura es una escapada de fin de semana clásica. Sin embargo, muchos visitantes desconocen el tesoro arquitectónico que esconde en sus afueras.

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El pueblo conserva todo su encanto medieval, con la iglesia románica de Sant Martí, del siglo XI, presidiendo un laberinto de callejuelas, arcos de piedra y casas cubiertas de hiedra que invitan a perderse.

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Arquitectura imposible

Pero el verdadero protagonista de esta ruta de senderismo es el Puig de la Balma. Se trata de una masía espectacular que desafía las normas de la construcción tradicional al estar literalmente incrustada en la roca.

La casa aprovecha una gran cavidad natural en la montaña. La piedra caliza no solo hace de muro trasero, sino que sirve de techo natural para gran parte de la vivienda, creando una simbiosis perfecta entre obra humana y geología.

Historia viva

No es un decorado, sino un hogar con historia. Documentada desde el año 1178, esta casa troglodita ha estado habitada ininterrumpidamente. Más de 25 generaciones de masoveros han vivido bajo esa roca.

Durante siglos, sus muros han visto pasar guerras, epidemias y cambios sociales, manteniendo su función agrícola y ganadera. Hoy en día, el Puig de la Balma funciona también como museo etnográfico y alojamiento rural, permitiendo al viajero dormir en la historia.

Plató de cine

Su estética única, entre lúgubre y fascinante, atrapó al director Agustí Villaronga. El cineasta mallorquín eligió este enclave como una de las localizaciones principales para su obra maestra: 'Pa Negre' (2010).

Escena de 'Pa Negre', donde aparece El Puig de la Balma Archivo

La película, ganadora de 9 premios Goya y 13 Gaudí, retrata la dura posguerra rural en Cataluña. La masía, con su aire de refugio inexpugnable y sus sombras naturales, aportó la atmósfera opresiva y mágica que requería la historia.

La excursión

Llegar hasta allí es sencillo y apto para toda la familia. La ruta sale desde el mismo centro de Mura y sigue un sendero bien señalizado (tramo del GR-5) que bordea la riera de Nespres.

Es un paseo de unos 3 o 4 kilómetros entre ida y vuelta, con poco desnivel. El camino discurre entre bosques de encinas y robles, cruzando pequeños puentes de piedra y ofreciendo vistas constantes al macizo de Sant Llorenç.

Paisaje natural

Además de la masía, el entorno ofrece otras curiosidades. Cerca del camino se pueden observar antiguas tinas de vino, construcciones de piedra seca que los payeses usaban antaño para fermentar la uva en el propio viñedo.

Al llegar al Puig de la Balma, la visión de la fachada de piedra fundiéndose con el acantilado justifica la caminata. Es uno de esos lugares fotogénicos que, sin embargo, imponen un respeto silencioso.

Gastronomía local

Para rematar la visita, la tradición manda volver al pueblo y disfrutar de la gastronomía local. Mura es famosa por sus garbanzos (cigronets de Mura), una variedad pequeña y muy sabrosa que se cultiva en la zona.

Ya sea por la cinefilia, por la curiosidad arquitectónica o simplemente por respirar aire puro, esta ruta ofrece una experiencia completa. Un viaje al pasado rural de Cataluña sin alejarse de la capital.

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