En el corazón de la subcomarca del Collsacabra existe un lugar donde la geología parece haber sido diseñada para la huida. Se trata de un sistema de riscos que caen a plomo sobre el valle, creando una frontera natural que durante el siglo XVII fue el terror de las milicias del Virrey.
Este escenario de paredes rojizas y nieblas densas fue el cuartel general de Joan de Serrallonga. El mítico bandolero no eligió este lugar al azar; la complejidad del terreno convertía cualquier intento de captura en una misión suicida para los soldados de la corona.
El refugio de los mil ojos
La clave de este escondite reside en las cuevas naturales que horadan la piedra arenisca. Estas grutas, camufladas por la vegetación y el relieve accidentado, permitían a los forajidos vigilar todo el valle sin ser vistos, garantizando una ventaja táctica absoluta.
Excursionista en las montañas de Les Guilleries
Muchas de estas guaridas se encuentran en los riscos de Tavertet, un pueblo que vive literalmente asomado al abismo. Desde sus miradores, es fácil comprender por qué la justicia nunca pudo doblegar a quienes conocían cada grieta de esta fortaleza natural.
Cómo llegar a la leyenda
Para visitar este bastión histórico desde Barcelona, el trayecto en coche dura aproximadamente una hora y cuarto. La ruta más directa es por la C-17 hasta Vic, para luego tomar la carretera C-153 en dirección a Roda de Ter y L'Esquirol. Posteriormente, el desvío de la BV-5207 que conduce directamente al municipio.
El ascenso final hacia Tavertet es una experiencia en sí misma. La carretera serpentea entre bosques de hayas y robles, ganando altura rápidamente hasta alcanzar el altiplano donde se asienta el núcleo urbano, construido íntegramente en piedra.
Rutas entre riscos y grutas
Una vez en el pueblo, la ruta más emblemática para los viajeros es la que conduce hacia los riscos de l'Avenc. Es un sendero llano que bordea el precipicio y ofrece una de las panorámicas más impactantes de la geografía catalana, con el pantano de Sau a los pies.
Sant Corneli y el risco de L'Avenc
A lo largo de este camino se encuentran señalizadas algunas de las cavidades que sirvieron de refugio. Es fundamental llevar calzado adecuado, ya que el terreno de arenisca puede ser resbaladizo y los márgenes del risco no siempre cuentan con protección.
El mar de niebla
El mejor momento para experimentar la atmósfera que protegía a los bandoleros es durante las mañanas de otoño o invierno. Es entonces cuando se produce el fenómeno del mar de niebla, que cubre completamente el valle y deja los picos flotando en el aire.
Este clima no solo aporta belleza visual, sino que recuerda las condiciones extremas en las que vivían los forajidos. La humedad y el aislamiento eran sus mejores aliados para desaparecer cuando el cerco de las autoridades se estrechaba sobre la comarca.
Pausa en la piedra
La visita no está completa sin recorrer las calles de Tavertet. El pueblo ha sido declarado Bien de Interés Cultural por su impecable conservación. Sus casas de piedra gris, muchas de ellas con siglos de antigüedad, mantienen la estética de la época de los bandidos.
Tavertet
Existen varios establecimientos locales donde degustar la gastronomía de la zona, basada en productos de la tierra como las patatas del bufet o los embutidos de Osona. Es el cierre perfecto para una jornada que mezcla el senderismo de altura con la crónica negra de Cataluña.
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