El turismo catalán avanza imparable hacia un nuevo techo histórico, pulverizando los registros de visitantes y gasto en un 2025 que confirma la potencia del sector. La maquinaria funciona a pleno rendimiento y se reafirma como el motor económico indiscutible del territorio, ajena a cualquier síntoma de desaceleración.
Este éxito de facturación se apoya en una singularidad demográfica que distingue a Cataluña del resto de España. La comunidad actúa como un potente imán laboral, absorbiendo un volumen de mano de obra extranjera para sostener el servicio que no tiene comparación con ninguna otra autonomía.
Esa puerta de entrada masiva, sin embargo, conduce al sector con la retribución más baja del mercado. Las cifras revelan la paradoja de una industria que, pese a vivir su época dorada en ingresos, mantiene a la inmensa mayoría de su plantilla muy lejos de los sueldos medios nacionales.
Un tercio del empleo migrante
El informe presentado esta semana por Comisiones Obreras (CCOO) confirma una "distribución desigual" en el mapa nacional que sitúa a la comunidad en una posición única. De todo el colectivo de trabajadores migrantes que sostiene la hostelería española, el 37% se concentra exclusivamente en Cataluña.
Se trata de una cifra que evidencia la inmensa capacidad de absorción del mercado laboral catalán frente al resto de autonomías. Esta dependencia de la fuerza de trabajo exterior es muy superior a la media estatal.
Un camarero, sirviendo en un bar de la Plaza Real de Barcelona
Si en el conjunto de España la hostelería funciona como puerta de acceso para el 29% de las personas recién llegadas (unos 448.000 trabajadores en total), en el territorio catalán este fenómeno se dispara.
La región se ha consolidado como el destino prioritario y casi hegemónico para quienes buscan su primera oportunidad, pues asume más de un tercio de todo el empleo internacional del sector.
Salarios "especialmente bajos"
Esta fuerza laboral aterriza en una realidad retributiva que choca frontalmente con la facturación empresarial. El 95% de los trabajadores se queda por debajo del salario medio nacional, una brecha estructural que Ramón González, secretario general de la Federación de Servicios de CCOO, atribuye a que el sector ofrece "históricamente" unos "salarios especialmente bajos", cifrados en una media de apenas 16.985 euros anuales.
El sindicato advierte sobre el empobrecimiento paradójico en los destinos de éxito. González señala que la renta per cápita en las localidades de "monocultivo" turístico es "de las más bajas" del país y lamenta que, en un año de ingresos récord como 2025, "no se hayan conseguido mejores datos" en cuanto a la calidad y estabilidad de las nóminas.
Montaña rusa
La precariedad no es solo cuestión de nómina, sino de inestabilidad extrema. El sector destruye en un solo mes de temporada baja un tercio de todo el empleo generado durante seis meses de éxito, eliminando más de 100.000 puestos tras el verano.
Imagen de un camarero sirviendo una bebida en una terraza
A esta volatilidad se suma una tasa de parcialidad del 33% que lastra los ingresos reales de las plantillas. La montaña rusa de la contratación impide consolidar equipos estables a pesar de que la temporada turística es cada vez más larga.
Menos peso salarial
Mientras la facturación crece, el esfuerzo salarial de las empresas ha caído hasta representar solo el 31% de sus ingresos. Aunque el coste medio por empleado no alcanza los 23.000 euros, los márgenes empresariales se han ensanchado a costa de las retribuciones.
Para intentar corregir estos desequilibrios, patronal y sindicatos han activado recientemente una Mesa de Diálogo en Fitur. El reto ahora es trasladar a la administración medidas concretas que transformen los récords de visitantes en dignidad laboral.
