La visita a las Escletxes de la Freixeneda es una de esas experiencias: un recorrido corto, sin grandes exigencias físicas, pero con un punto diferente que suele sorprender a quien lo visita por primera vez.
Este rincón natural se encuentra entre Osona y la Garrotxa, en un entorno de bosque tranquilo y poco frecuentado. No es un espacio acondicionado ni pensado para el turismo masivo, y precisamente por eso mantiene ese aire discreto y auténtico que muchos buscan cuando quieren caminar sin agobios ni multitudes.
El gran atractivo del lugar son sus grietas naturales, aberturas profundas en la roca que se pueden atravesar a pie, entrando y saliendo entre pasillos estrechos, desniveles y pequeños tramos en los que toca avanzar con cuidado.
En algunos puntos, el ambiente es casi de otro mundo: paredes cubiertas de musgo, suelo húmedo y hojas acumuladas que refuerzan la sensación de estar explorando un paisaje escondido.
Una ruta tranquila
Aquí no se viene a hacer una ruta rápida ni a marcar tiempos. La experiencia pide ir despacio, observar el entorno y moverse con calma, porque parte de la gracia está en avanzar sin prisa y dejarse llevar por la curiosidad de lo que aparece tras cada nueva abertura.
Eso sí, conviene extremar la precaución. Hay zonas irregulares, agujeros y tramos que pueden resbalar, especialmente después de la lluvia. No es un lugar peligroso si se recorre con sentido común, pero sí requiere atención constante para evitar sustos.
Si vas con niños o con perro, es importante no perderlos de vista en ningún momento. Y llevar calzado adecuado se vuelve imprescindible para moverse con seguridad por el terreno.
Escletxes de la Freixeneda
Cómo llegar
Para llegar a las Escletxes de la Freixeneda, una de las rutas más habituales inicia el trayecto desde la pista que parte de la carretera local hacia Ciuret o Collfred, tras pasar Vidrà por la BV-5227. Tras circular varios kilómetros por una pista forestal en buen estado, se llega a un pequeño aparcamiento cerca de casas rurales.
Desde ese punto, el camino asciende progresivamente entre el bosque hasta llegar al conjunto de diaclasas que forman las Escletxes. Aunque la ruta no está señalizada en todo su recorrido, por lo que muchos senderistas prefieren llevar un GPS o seguir un track descargado previamente.
Otra alternativa de acceso parte desde Collfred, un poco más arriba en la misma pista forestal, donde también es posible aparcar antes de iniciar la marcha hacia las grietas.
Otras escapadas
Y si te apetece aprovechar la escapada, la zona ofrece otras rutas cercanas que combinan muy bien con esta excursión.
El Torrent de la Masica, los Bufadors de Beví, el Salt del Molí o el Salt del Mir son opciones perfectas para completar un fin de semana de senderismo tranquilo, con bosques, agua y caminos poco concurridos, sin necesidad de pasar horas en el coche.
