A lo largo del planeta existen localidades diminutas que sorprenden por su pasado y por la personalidad que conservan pese a su reducido tamaño.
Ejemplos como Hum, en Croacia; Durbuy, en Bélgica; Ameixial, en Portugal, o Monowi, en el estado de Nebraska (Estados Unidos), evidencian que el valor histórico y cultural no depende del número de habitantes.
Estos enclaves destacan por relatos singulares y paisajes que los convierten en destinos únicos.
Lugares pequeños
En Cataluña, también, existe un municipio que ostenta el título de ser el más pequeño. Está situado en la comarca del Berguedà, Barcelona, y se trata de Gisclareny.
Según los datos del Instituto Nacional de Estadística 2025, apenas suma 28 vecinos censados y se extiende a lo largo de 36 kilómetros cuadrados, lo que refuerza su carácter rural y tranquilo.
Este núcleo conserva varios puntos de interés que merecen una visita. Uno de los más destacados es la iglesia del Roser, un templo del siglo XVIII ubicado detrás de la casa consistorial.
A ello se suman los restos de Murcurols, una edificación en estado ruinoso que, pese a no ser accesible, se ha convertido en un reclamo para quienes buscan destinos diferentes en plena montaña.
Gliscareny
Qué hacer en Gliscareny
La oferta de actividades al aire libre es otro de sus grandes atractivos. El entorno invita a recorrer senderos que atraviesan valles, rodean pequeños lagos y ascienden por caminos de tierra y roca. Esto permite descubrir rincones poco conocidos de este municipio del Prepirineo catalán.
Muy cerca se encuentra el Parque Natural del Cadí-Moixeró, un espacio protegido de enorme riqueza ecológica. Su variedad de flora y fauna, junto con impresionantes paredes rocosas de siluetas inconfundibles, lo han convertido en un referente para el senderismo y el turismo de naturaleza en la zona.
Un entorno que deja huella en todo aquel que lo visita.
Parque Natural del Cadí – Moixeró
Vivir en un pueblo diminuto
Residir en un municipio tan reducido como Gisclareny ofrece una calidad de vida difícil de encontrar en entornos urbanos. La tranquilidad es uno de sus principales valores: el ritmo pausado, la ausencia de masificación y el contacto constante con la naturaleza favorecen un día a día más saludable y menos estresante.
Además, vivir en un pueblo pequeño permite disfrutar de un entorno seguro, con aire limpio, paisajes abiertos y un silencio que se ha convertido en un auténtico lujo.
Este contexto resulta especialmente atractivo para quienes buscan desconectar del ruido, del tráfico y de la presión propia de las grandes ciudades.
Otros beneficios
Otro de los grandes beneficios es el fuerte sentimiento de comunidad que se genera entre sus habitantes. En localidades como Gisclareny, las relaciones personales son cercanas y auténticas, lo que fomenta la cooperación, la confianza y el apoyo mutuo.
A ello se suma la posibilidad de adoptar un estilo de vida más sostenible, con un mayor respeto por el entorno natural y un acceso directo a actividades al aire libre.
Para muchas personas, estas ventajas compensan con creces la menor oferta de servicios, convirtiendo a los pueblos pequeños en una opción cada vez más valorada para vivir.
