Una casa en ruinas de Jafra, la aldea fantasma

Una casa en ruinas de Jafra, la aldea fantasma Barcelona Secreta

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La aldea 'maldita' y deshabitada que nadie espera encontrar a un paso de las playas de Sitges

Este enclave abandonado y cargado de misterio sobrevive devorado por la vegetación en pleno corazón del litoral barcelonés

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A escasos kilómetros del bullicio turístico y las playas masificadas de Barcelona, existe un lugar donde el ruido desaparece de golpe. Es un rincón borrado de los mapas modernos, un espacio donde la naturaleza reclama la historia. El Parque del Garraf actúa aquí como un muro de silencio impenetrable que separa la civilización urbana del olvido rural.

No hace falta viajar a la Cataluña profunda para hallar pueblos fantasma. Este se oculta en un macizo litoral y vigila el mar desde la soledad de sus piedras calcáreas y sus ventanas vacías. Su paisaje kárstico, seco y lleno de simas, convierte el entorno en un escenario casi lunar.

Realidad histórica

Su nombre es Jafra. Situada en el término municipal de Olivella, esta antigua baronía no quedó vacía por una maldición bíblica ni crímenes en serie, sino por un enemigo mucho más tangible: la economía. Durante siglos funcionó como un núcleo agrícola próspero antes de sucumbir al aislamiento.

Ruinas de Jafra

Ruinas de Jafra LUÍS MIGUEL AÑÓN

La filoxera, la plaga que devastó las viñas a finales del siglo XIX, hirió de muerte a la aldea. La falta de electricidad y agua corriente forzó después un éxodo lento hasta el abandono total en la década de los sesenta. Los últimos masoveros cerraron la puerta para siempre y dejaron atrás un caserío condenado a la erosión.

Silencio sepulcral

El visitante encuentra al llegar la belleza decadente de una iglesia sin techo bajo el cielo abierto. Unos cipreses centenarios custodian lo que queda de un cementerio olvidado. La vegetación salvaje invade las lápidas y borra poco a poco los nombres de quienes habitaron estas tierras.

La iglesia de Jafra

La iglesia de Jafra David Palleja Flickr

Parece un escenario postapocalíptico clavado en una zona de senderismo popular. Sin embargo, la atmósfera se vuelve densa al caer la tarde y muchos excursionistas aceleran el paso. La falta de luz artificial en kilómetros a la redonda transforma las sombras en presencias inquietantes.

Mitos cercanos

La geografía del lugar alimenta su leyenda. El enclave se sitúa en el interior del macizo que bordea la famosa costa del Garraf, una carretera vinculada a la tragedia y al famoso mito de la 'niña de la curva'. Ese tramo de asfalto sinuoso acumula muchas crónicas negras.

Aunque el folclore popular mezcla las historias, este pueblo tiene sus propios fantasmas. Aquí no hay autoestopistas, sino rumores de ecos infantiles y sombras tras los muros de la antigua casa señorial. Los amantes de la parapsicología acuden con frecuencia en busca de psicofonías entre los escombros.

Piedra inestable

El esqueleto de la Baronía de Jafra resiste a duras penas. Destaca la iglesia de Santa Maria, documentada ya en el medievo pero reformada siglos después, hoy despojada de su bóveda. Solo los arcos de piedra permanecen firmes como testigos mudos de las antiguas liturgias.

También aguanta en pie la casa de los masoveros. Conviene recordar el mal estado de las estructuras: el verdadero peligro de Jafra reside en los derrumbes, no en los espíritus. Cualquier paso en falso sobre vigas podridas podría convertir la excursión en un accidente grave.

Contraste espiritual

La ironía del destino coloca este icono de lo tétrico a solo un paseo del Palau Novella. Este palacete modernista funciona hoy como el primer monasterio budista de Cataluña. Esta antigua colonia agrícola de indianos renació en 1996 como un centro de paz y meditación.

El Palau Novella en el Garraf

El Palau Novella en el Garraf Diputació de Barcelona

El contraste resulta brutal. Es posible escuchar los mantras y contemplar las estupas doradas para, veinte minutos después, sumergirse en el gris absoluto de las ruinas. Esa transición entre el olor a incienso y el polvo de la historia define la experiencia.

Ruta sencilla

El acceso es apto para todos los públicos. El coche debe quedar en el aparcamiento del Monasterio Budista del Garraf, accesible desde Olivella o Castelldefels. La carretera serpenteante ofrece vistas espectaculares del Mediterráneo antes de adentrarse en la montaña.

Desde allí, una pista forestal ancha sale a la izquierda del recinto. Tras unos 3 kilómetros y unos 40 minutos de marcha entre palmitos y roca, las ruinas aparecen en el camino. El recorrido carece de dificultad técnica y regala una inmersión total en el silencio del parque natural.