Vista aérea de La Mussara

Vista aérea de La Mussara Olaf el Conquistador/YouTube

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La aldea fantasma que flota a 1.000 metros de altura: ruinas y misterio en la cima de Tarragona

Un viaje al pueblo deshabitado más icónico de la Sierra de Prades, donde el silencio y las leyendas conviven con unas vistas espectaculares

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En las cumbres más altas de la Sierra de Prades, la niebla espesa suele abrazar un escenario que resulta tan desolador como fascinante a partes iguales.

Ubicado a casi mil metros sobre el nivel del mar, en este paraje resiste un conjunto de piedras olvidadas que narran, piedra a piedra, el fin de una era rural.

Un balcón hacia el vacío

Lejos del bullicio turístico de la Costa Daurada y sus playas, este rincón esconde una experiencia de silencio absoluto y una conexión profunda con la naturaleza.

Es un destino ideal para aquellos viajeros que buscan algo más que sol; persiguen historias interrumpidas y la belleza cruda que emana de la decadencia.

El mito 

Hablamos de La Mussara, el despoblado más icónico y legendario de Tarragona, que permanece vacío y silencioso desde hace más de medio siglo.

La Mussara: el pueblo abandonado más aterrador de Cataluña

La Mussara: el pueblo abandonado más aterrador de Cataluña Pixabay

El éxodo de sus habitantes no fue repentino ni fruto de un solo evento, sino un goteo constante provocado por la dureza de la montaña y la falta de oportunidades.

Testigos de piedra

Hoy, la silueta inconfundible de la iglesia de Sant Salvador se recorta contra el cielo como el único testigo en pie de la vida comunitaria que allí hubo.

La naturaleza ha ido recuperando el terreno sin prisa, engullendo muros y borrando caminos que antaño recorrieron carros, agricultores y ganado.

Las razones del adiós

¿Por qué se marcharon todos? La respuesta reside en una economía de subsistencia basada en la agricultura de secano que, con los años, dejó de ser rentable.

La carencia de servicios básicos como agua corriente o luz eléctrica en pleno siglo XX hizo que la vida cotidiana fuera una lucha desigual contra los elementos.

Sin relevo generacional

El progresivo envejecimiento de la población y la ausencia total de jóvenes dieron la estocada final al municipio a finales de la década de los 50.

El pueblo abandonado de La Mussara

El pueblo abandonado de La Mussara

Sin un futuro económico claro en las alturas, las familias tuvieron que elegir entre el arraigo a la tierra o la pura supervivencia en el valle.

El destino de sus gentes

La mayoría de los vecinos descendió hasta la vecina Vilaplana, buscando servicios básicos como escuelas y médicos, comodidades que la altura de la sierra les negaba.

Otros, más audaces, emigraron a centros industriales en plena expansión como Reus o Tarragona, cerrando para siempre la puerta de sus casas ancestrales.

Orígenes lejanos

Sin embargo, la historia de La Mussara no es reciente; se hunde en la época medieval, mucho antes de su triste y solitario desenlace.

Iglesia de La Mussara

Iglesia de La Mussara WIKIPEDIA

Durante siglos, sus habitantes moldearon la montaña con esfuerzo para crear un sistema de masías dispersas y complicados cultivos en terrazas.

Cómo llegar al cielo

Visitarlo hoy es asomarse a un mirador privilegiado. Desde el borde del precipicio, se divisa todo el Camp de Tarragona hasta llegar a la línea del mar.

El acceso habitual se realiza desde Vilaplana por una carretera de curvas cerradas que exige una conducción atenta, paciencia y gusto por los paisajes de altura.

Precauciones necesarias

Una vez arriba, es crucial moverse con sentido común. Los edificios son muy inestables y entrar en ellos supone un riesgo innecesario de desprendimientos.

Además, la meteorología aquí es traicionera; la niebla puede aparecer en minutos, creando una atmósfera de misterio envolvente que puede desorientar al caminante.

Senderismo e historia

Para los amantes del deporte al aire libre, el lugar es un punto clave en las rutas de senderismo de la zona, conectando con otros parajes naturales de gran valor.

Caminar entre sus ruinas es un ejercicio de respeto hacia un pasado borrado que, paradójicamente, atrae hoy a más curiosos que cuando el pueblo estaba habitado.