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La búsqueda de localizaciones para grandes producciones internacionales suele centrarse en destinos exóticos o ciudades monumentales, pero en ocasiones, el tesoro se encuentra mucho más cerca de lo esperado. En la comarca del Maresme, conocida tradicionalmente por su turismo de sol y playa, se esconde un municipio que captó la atención de la mayor serie de televisión de la última década. Este enclave custodia un patrimonio arquitectónico que fue capaz de seducir a los responsables de HBO sin necesidad de salir de la provincia de Barcelona.

Este rincón costero custodia en su término municipal una joya que mezcla el pasado medieval con el auge de la burguesía catalana. Lejos del bullicio del paseo marítimo, adentrándose hacia la montaña, se alza una edificación rodeada de vegetación que transformó su identidad para la ficción. Los productores encontraron allí el escenario perfecto para representar un reino de fantasía, validando el potencial cinematográfico de la región ante una audiencia de millones de espectadores.

Escenario real

El nombre propio detrás de este escenario es Canet de Mar, y la joya oculta es el Castell de Santa Florentina. Su aparición estelar tuvo lugar durante la sexta temporada de Juego de Tronos, concretamente en el episodio titulado Sangre de mi sangre. La fortaleza sirvió para dar vida a Colina Cuerno (Horn Hill), el hogar ancestral de la Casa Tarly, donde el personaje de Samwell Tarly acude junto a Gilly buscando refugio en la mansión de su estricta familia.

Castillo Santa Florentina donde se rodó Juego de Tronos / Castillo Santa Florentina

La elección de Santa Florentina respondió a una necesidad estética muy concreta por parte del equipo de arte de la serie. Buscaban una localización que transmitiera riqueza, nobleza y antigüedad, alejándose de la frialdad de los castillos del norte. La arquitectura del edificio, con sus galerías góticas y sus detalles ornamentales, encajó perfectamente con la descripción literaria de la residencia de los Tarly, una de las familias más poderosas del universo de George R.R. Martin.

Fusión histórica

Aunque su fama reciente se debe a la televisión, la importancia histórica del edificio se remonta muchos siglos atrás. Sus cimientos descansan sobre una antigua villa romana y una masía fortificada del siglo XI conocida como Can Muntaner. El recinto sirvió originalmente como defensa contra los ataques piratas que asolaban la costa catalana, evolucionando con el paso del tiempo hasta convertirse en una residencia señorial de gran relevancia en la zona.

Interior del Castillo de Santa Florentina Wikipedia

Sin embargo, su aspecto actual es fruto de una ambiciosa reforma realizada a finales del siglo XIX y principios del XX. El propietario, Ramón de Montaner i Vila, encargó la remodelación a su sobrino, el célebre arquitecto Lluís Domènech i Montaner. Este maestro del modernismo integró elementos antiguos del monasterio del Tallat con nuevas estructuras neogóticas, creando un conjunto armonioso donde destacan las gárgolas, las vidrieras coloreadas y los trabajos en hierro forjado.

Riqueza cultural

La presencia de este castillo no es un hecho aislado, sino que responde a la profunda huella que el modernismo dejó en Canet de Mar. El municipio funciona como un museo al aire libre donde se puede rastrear el legado de arquitectos de renombre que veranearon o residieron allí. El propio Domènech i Montaner estableció en el pueblo su taller y su residencia familiar, dejando una impronta que va mucho más allá de la fortaleza de Santa Florentina.

Castillo de Santa Florentina Freepik

El visitante que recorre el núcleo urbano descubre un catálogo patrimonial envidiable, con edificios como el Ateneo Canetense o la Casa Roura. Estas construcciones, financiadas por la burguesía industrial de la época, convierten al pueblo en uno de los referentes del modernismo catalán. La visita al castillo, que admite recorridos guiados, se complementa de forma natural con un paseo por estas calles que respiran historia y arte a partes iguales.

Vía rápida

Para llegar a este enclave desde Barcelona, la opción más rápida en vehículo privado es tomar la autopista C-32 en dirección a Girona. La salida hacia Canet de Mar conecta directamente con el municipio, y desde el centro urbano, una pista asfaltada conduce hasta las inmediaciones del castillo, situado en un entorno boscoso. El trayecto total dura aproximadamente cuarenta y cinco minutos, dependiendo del tráfico de salida de la ciudad condal.

Alternativamente, el transporte público ofrece una conexión cómoda y sostenible a través de la línea R1 de Rodalies de Catalunya. El tren bordea la costa ofreciendo vistas al mar durante todo el recorrido hasta la estación de Canet. Desde allí, se puede acceder al centro del pueblo a pie, aunque para llegar hasta Santa Florentina es recomendable realizar una caminata de unos veinte minutos o tomar un taxi local que cubra la distancia hasta la puerta de la fortaleza.

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