Publicada

Tiene solo 84 habitantes, pero carga con una de las famas más extrañas del territorio: ser el pueblo con peor suerte de Cataluña.

Los hay que tratan de ser benévolos y comprensivos: si se vive en lo alto de una montaña, en plena Edad Media, es fácil que la historia acabe pasando de largo, sin prestar atención al lugar.

De esa idea nace la fama, mitad leyenda y mitad resignación, de uno de los pueblos más peculiares de Cataluña.

Bescaran es uno de esos pueblos catalanes cuyo origen se remonta a tiempos inmemoriales. Se sabe que los romanos se asentaron aquí, pero antes lo hicieron otros, e incluso existen indicios de ocupación desde la prehistoria.

Dónde está

El primer documento escrito que lo menciona, sin embargo, no llega hasta la Edad Media, cuando el pueblo formaba parte de un pequeño entramado feudal típico del Pirineo.

Durante siglos fue cabeza de un reducido término con castillo propio, pero nunca llegó a consolidar un papel relevante en la organización política de la zona.

Historias populares

Siempre fue un lugar pequeño, pero el paso del tiempo lo fue cargando de historias absurdas, olvidos administrativos y relatos populares que han terminado por darle fama. Bescaran es una rareza dentro del imaginario pirenaico.

Uno de los episodios que marcaron su historia fue la cesión de sus propiedades por parte del conde Borrell II al obispado de Urgell.

Vistas de Bescaran MONESTIRS.CAT

A partir de ese momento, el municipio quedó bajo dominio eclesiástico, una circunstancia que contribuyó a su progresivo aislamiento y a la pérdida de peso político.

Ni siquiera el conde de Foix, que en otros territorios reclamó derechos con insistencia, mostró demasiado interés en el lugar, lo que reforzó la idea de un pueblo sistemáticamente ignorado por todos.

Ignorado hasta 1970

Durante siglos, Bescaran mantuvo una independencia administrativa poco habitual en la zona, una situación que se prolongó hasta 1970, cuando quedó integrado en el municipio de Les Valls de Valira. Para entonces, la fama de pueblo olvidado ya formaba parte inseparable de su identidad.

Pero si la historia institucional es discreta, la tradición oral ha sido mucho más generosa. La fama de los habitantes de Bescaran ha dado pie a un sinfín de relatos burlescos transmitidos de generación en generación.

Mitos y leyendas

Se decía, por ejemplo, que las mujeres bajaban constantemente a la Seu d’Urgell porque nunca se acordaban de comprar aceite en cantidad suficiente y solo regresaban con un vaso cada vez.

Tampoco falta el relato que asegura que, en su día, los habitantes de Bescaran no sabían encender fuego y conservaban brasas durante días para no tener que pedir ayuda al alcalde de la capital comarcal.

Estas historias, exageradas o directamente inventadas, forman parte de un imaginario colectivo que los propios vecinos han terminado por asumir con humor.

Lejos de rechazarlas, muchos las cuentan hoy como parte de un patrimonio inmaterial que define al pueblo y lo distingue del resto.

Un campanario sin iglesia

El elemento más desconcertante de Bescaran, sin embargo, no pertenece al terreno de la leyenda, sino al de la arquitectura. El pueblo cuenta con un campanario… sin iglesia.

La torre, aislada y situada fuera del núcleo urbano, pertenece a la antigua iglesia de Sant Martí de Bescaran, hoy desaparecida. El templo se perdió con el paso del tiempo, pero el campanario resistió, convirtiéndose en una anomalía difícil de explicar a simple vista.

Un proyecto ambicioso

La tradición popular añade un capítulo más a esta historia. Según el relato, los vecinos intentaron arrastrar el campanario hasta el pueblo utilizando cuerdas y un rebaño de ovejas, en pleno mes de diciembre.

El resultado habría sido un fracaso absoluto: animales enfermos, cuerdas rotas y la torre inmóvil, exactamente en el mismo lugar donde sigue hoy. Sea o no cierto, el episodio ha pasado a formar parte inseparable del relato colectivo del pueblo.

Campanario de Bescaran WIKIPEDIA

Más allá de estas anécdotas, Bescaran conserva un notable interés histórico. En su entorno se localizan restos vinculados a antiguos núcleos monásticos altomedievales, relacionados con el monasterio de Sant Sadurní de Tavèrnoles.

Aunque algunos de estos espacios fueron abandonados ya en el siglo X, se reconstruyeron entre los siglos XI y XII, dejando muestras de un románico primitivo poco conocido en Cataluña.

Discreción y pocos habitantes

En la actualidad, Bescaran cuenta con menos de 90 habitantes y una vida tranquila marcada por la ganadería, las segundas residencias y el ritmo pausado del Pirineo interior.

Pasear por sus calles permite descubrir un pueblo que ha sabido convivir con su fama, transformando el olvido y la burla en un relato propio. Un lugar donde la historia, la leyenda y el humor se mezclan hasta convertir la mala suerte en seña de identidad.

Noticias relacionadas