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Hay construcciones que no se entienden solo como edificios, sino como una prolongación del paisaje. Algunas no se levantan sobre el terreno, sino que parecen surgir de él.

Es el caso de la ermita de L’Abellera, un santuario que ha llamado la atención de publicaciones especializadas como National Geographic.

La revista, que desde hace años viene destacando pueblos, rincones y ejemplos de arquitectura de Cataluña, ha vuelto a hacer referencia a esta iglesia por una característica poco común: "sostiene a una montaña", reza su titular.

Y, a pesar de no ser del todo así, algo de razón tiene. La sensación que provoca es que la ermita aguanta el peso de toda una montaña, aunque la realidad es otra.

Iglesia incrustada

La iglesia no se apoya en la cueva que la alberga, sino que se incrusta en ella. Tanto es así que la piedra forma parte del edificio y actúa como pared, techo y estructura.

De ahí la idea que resume su singularidad: no es un templo que se posa sobre la montaña, sino uno que parece sostenerla.

Origen entre devoción y leyenda

La pregunta es obvia: ¿qué hace una ermita en un lugar tan peculiar como este? Para descubrirlo hay que recurrir a la historia.

La construcción de la ermita se sitúa en el siglo XVI, aunque su origen se vincula a prácticas devocionales anteriores, propias del mundo medieval.

La ermita de L’Abellera CATALUNYA TURISME

La tradición popular explica que la imagen de la Virgen fue hallada en este mismo enclave por un pastor que buscaba miel, una actividad habitual en la zona.

Cada intento de trasladar la talla a otro lugar acababa con su regreso al punto original, interpretado como una señal de que debía venerarse allí. Por ello se decidió erigir un templo en este lugar tan particular.

Arquitectura mínima

Aunque pueda parecer extraordinario, desde el punto de vista arquitectónico la ermita responde a un planteamiento extremadamente funcional, y la roca no se disimula ni se reviste: se acepta como parte esencial del conjunto.

Este rasgo es uno de los elementos que más interés ha despertado entre divulgadores del patrimonio y especialistas en paisaje cultural.

Integración total

La ermita no altera el perfil de la montaña ni introduce volúmenes artificiales visibles desde la distancia. Su impacto visual es reducido, pero su fuerza simbólica es notable.

En cuanto a su arquitectura, es de lo más simple. Se trata de un edificio de una sola nave, sin ornamentación destacada, concebido para adaptarse a una cavidad natural ya existente.

Su simplicidad y el hecho de encontrarse en una cueva natural, apartada del municipio, hicieron que durante siglos L’Abellera fuera un lugar asociado al recogimiento y a la vida eremítica, aunque también cargado de leyendas.

Algunas tradiciones la relacionan con la figura de Bernat Boïl, monje que acompañó a Cristóbal Colón en su segundo viaje a América y que, según la leyenda, habría vivido en la cueva antes de la construcción del santuario.

Enlace Real

También se ha vinculado el enclave con la reina Margarida de Prades, última reina consorte de la Corona de Aragón y viuda del rey Martí l’Humà, aunque estos relatos se mueven entre la documentación histórica y la transmisión oral.

La leyenda cuenta que, tras la muerte del monarca y su progresivo retiro de la vida pública, Margarida habría buscado refugio espiritual y recogimiento en lugares apartados y de difícil acceso, entre ellos este santuario incrustado en la montaña.

Mitos, leyendas e Historia

Si bien es cierto que la reina buscó este tipo de espacios, no hay datos que atestigüen que se refugiara en esta ermita.

En cualquier caso, la acumulación de historias ha contribuido a dotar al lugar de una dimensión simbólica que va más allá de lo arquitectónico.

Parte trasera de la ermita de L’Abellera CATALUNYA TURISME

Lo que sí acredita la historia es que, como otros edificios religiosos, la ermita sufrió graves daños durante la Guerra Civil. En 1936 fue saqueada y la imagen original de la Virgen desapareció.

Años después, en 1940, se instaló una nueva escultura de mármol procedente de Sarral, lo que permitió recuperar el culto y la devoción popular.

Patrimonio arquitectónico

En 1956, la imagen fue coronada en un acto que consolidó de nuevo el papel simbólico del santuario dentro de la comarca. Estos episodios forman parte de la historia reciente del edificio y explican su estado actual, fruto tanto de la tradición como de las reconstrucciones posteriores.

En cualquier caso, la ermita de L’Abellera está catalogada como Bien Cultural de Interés Local, una figura de protección que reconoce su valor histórico, arquitectónico y paisajístico.

Qué destaca National Geographic

No se trata solo de preservar un edificio, sino de conservar una relación concreta entre arquitectura y entorno natural.

Este enfoque coincide con el interés mostrado por National Geographic, que ha puesto el acento en la capacidad del lugar para ilustrar una forma ancestral de construir sin imponer, de habitar sin transformar de manera agresiva el territorio.

El entorno inmediato refuerza el carácter singular de la ermita. El acceso se realiza a pie, por pistas forestales y senderos que obligan a reducir el ritmo y a tomar conciencia del paisaje. No hay grandes explanadas ni infraestructuras turísticas, lo que mantiene intacta la sensación de aislamiento.

Desde el santuario, la vista se abre sobre valles, bosques y pueblos dispersos, ofreciendo una perspectiva amplia del interior de Tarragona. El silencio y la altura contribuyen a una experiencia singular.

Cómo llegar

Llegar hasta ella no es complicado. Basta con acercarse a Prades, que se encuentra a aproximadamente una hora de Tarragona. El trayecto se realiza por la T-11 en dirección a Reus hasta enlazar con la N-420. Una vez en Les Borges del Camp, se toma la C-242 en dirección a Prades y, ya en el municipio, se siguen las indicaciones hacia la ermita.

Desde Barcelona, el desplazamiento es más largo y alcanza alrededor de una hora y cuarenta y cinco minutos. Se toma la AP-7 hasta la salida de Reus y, desde allí, se continúa por la T-11 y la N-420 hasta Les Borges del Camp, para enlazar después con la C-242 en dirección a Prades.

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