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A comienzos del siglo XIX, en 1835, el castillo de Balsareny que domina el municipio de Barcelona, se convirtió en el epicentro de un estallido social sin precedentes. En plena convulsión política y económica, no fueron ejércitos ni invasiones los que provocaron su incendio, sino los propios vecinos, cansados de lo que la fortaleza simbolizaba: la pervivencia de un sistema feudal que aún controlaba la justicia, las rentas y buena parte de la vida cotidiana. El edificio representaba una jerarquía social cada vez más cuestionada, asociada a privilegios nobiliarios que ya no encajaban con el nuevo clima liberal que empezaba a imponerse.

La quema del castillo

La quema del castillo no fue un ataque al monumento en sí, sino un gesto de rechazo hacia un orden señorial en declive. Aquel episodio marcó el inicio de una etapa convulsa para la localidad, atravesada por inestabilidad política y conflictos armados vinculados a las guerras carlistas. Mientras la fortaleza perdía su valor estratégico, la vida seguía en el valle, sostenida por una economía eminentemente agrícola basada, sobre todo, en el cultivo de la vid. Sin embargo, el golpe definitivo llegó en 1892 con la aparición de la filoxera, una plaga devastadora que arrasó los viñedos de la Cataluña interior y transformó de manera irreversible el modelo económico de este pueblo, provocando crisis, emigración y el abandono de muchas tierras.

Castillo de Balsareny WIKIPEDIA

Con el cambio de siglo, el municipio supo reinventarse. La progresiva orientación hacia actividades industriales permitió una recuperación parcial y la conservación del patrimonio histórico y de las tradiciones populares que aún hoy definen su identidad. Todo ese pasado permanece visible en el paisaje y en sus monumentos.

El pueblo de Barcelona

Situado en la comarca del Bages, Balsareny creció ligado al río Llobregat y a la histórica Sèquia de Manresa, un canal medieval iniciado en 1339 que fue clave para el desarrollo agrario del territorio. Coronando el cerro, el castillo -restaurado entre los siglos XIX y XX- se alza como su gran emblema ofreciendo una panorámica que conecta el trazado del pueblo, los antiguos campos de cultivo y los caminos históricos de una comarca que actúa como puente entre la Cataluña central y los primeros relieves prepirenaicos.

Otro de los espacios más singulares es el santuario de la Mare de Déu del Castell, un enclave de tradición popular ligado a celebraciones religiosas y encuentros vecinales, que permite entender la dimensión espiritual y social del municipio a lo largo del tiempo. También, destacan varias capillas y ermitas repartidas por el término, integradas en el paisaje y conectadas a antiguos caminos rurales.

La vida cultural y festiva aporta una visión más actual del municipio. El calendario local incluye celebraciones arraigadas como la Fiesta Mayor, las actividades vinculadas a Sant Marc o las ferias de carácter popular, que combinan gastronomía, música y tradiciones. Participar en estos eventos o simplemente pasear, durante uno de estos días, permite conocer un Balsareny vivo, donde la historia convive con el día a día de sus habitantes.

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