Girona atesora paisajes capaces de poner a prueba las leyes de la física y la valentía de cualquier viajero desprevenido. Existe una construcción románica en la provincia que se asoma al abismo con una firmeza inusual. La estructura parece hacer equilibrios sobre un espolón rocoso casi como si la montaña quisiera deshacerse de ella.
Las leyendas locales aseguran que el mundo se partió en dos justo en este punto geográfico para dejar al templo aislado en el margen. Este capricho geológico ofrece hoy un mirador natural privilegiado sobre los valles y las primeras estribaciones del Pirineo. Es un destino ideal para quienes buscan unir historia y adrenalina.
Al borde
El municipio que custodia este tesoro es Amer y es conocido mediáticamente por ser el lugar de nacimiento de Carles Puigdemont. Sin embargo su verdadero atractivo turístico reside tanto en su patrimonio urbano como en la ermita de Santa Brígida. Esta pequeña joya arquitectónica regala las mejores panorámicas de la comarca de la Selva.
El municipio de Amer, en Girona
Este tranquilo pueblo acoge a 2.423 habitantes según los últimos datos del Idescat y ofrece una vida social vibrante. El viajero encuentra aquí una atmósfera auténtica lejos de las masificaciones habituales de la costa. Amer funciona como un campo base perfecto para explorar el entorno natural del valle.
Plaza histórica
Su casco urbano esconde la Plaza de la Villa que está considerada la segunda plaza porticada más grande de toda Cataluña. Los adoquines de este recinto rectangular han visto pasar siglos de mercados y celebraciones populares. Es el corazón latente de la villa y el lugar donde convergen vecinos y visitantes.
Esglesia de Santa Maria de Amer
Muy cerca se alza el Monasterio de Santa Maria d’Amer que fue un centro de poder eclesiástico clave durante la Edad Media. El conjunto monumental destaca por su majestuosidad y explica la importancia histórica que tuvo esta población. La visita al núcleo urbano justifica por sí sola el desplazamiento hasta aquí.
Altura imponente
La ermita de Santa Brígida vigila el pueblo desde las alturas al estar situada a 397 metros sobre el nivel del mar. La ubicación no es casualidad sino fruto de la necesidad defensiva y espiritual de siglos pasados. El edificio se encuentra literalmente colgado sobre el paisaje con vistas a la Vall d’Hostoles.
ERMITA SANTA BRÍGIDA D'AMER
Los orígenes de este templo en la cima se remontan a los siglos XI y XII en plena expansión del arte románico. Aunque el ábside semicircular mantiene la esencia de aquella época los muros actuales narran una historia turbulenta. Los terremotos de 1427 devastaron la zona y obligaron a realizar reconstrucciones posteriores.
Tradición viva
Este lugar funciona también como un centro de reunión social muy querido por los vecinos de la localidad. Cada primer domingo de febrero se celebra un tradicional aplec que llena la montaña de música y sardanas. Resulta muy curioso el concurso de silbidos con caracolas marinas que forma parte del folclore local.
La restauración realizada en 2001 aseguró la estabilidad del conjunto ante la evidente fragilidad del terreno rocoso. Los excursionistas utilizan hoy el edificio anexo rehabilitado como refugio tras el ascenso. Es un punto de pausa obligado para contemplar la inmensidad del territorio gerundense.
Ruta sencilla
Para llegar a la ermita es necesario calzarse las botas y realizar una caminata de dificultad moderada. El sendero parte desde la antigua estación del tren que hoy es un punto clave de la Vía Verde del Carrilet. El camino asciende de forma constante durante unos cuarenta minutos entre vegetación mediterránea.
El acceso al pueblo por carretera es muy cómodo a través de la C-63 desde Olot o desde Santa Coloma de Farners. Amer se posiciona así como una parada obligatoria para disfrutar de gastronomía y arquitectura en una sola jornada. Es la escapada perfecta para redescubrir el patrimonio catalán más vertiginoso.
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