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Hay nombres de lugares que pasan desapercibidos y otros que llaman la atención desde el primer momento. En Cataluña existe un pequeño pueblo cuyo topónimo suele provocar sorpresa, sonrisas e incluso cierta incomodidad. 

Sin embargo, detrás de ese nombre poco afortunado se esconde un núcleo cargado de historia, con un patrimonio medieval notable y una población que apenas supera las pocas decenas de vecinos.

Malmercat es uno de esos pueblos que demuestran que el nombre no lo es todo. Con menos de 50 habitantes censados, conserva restos de un pasado feudal relevante y un templo románico que se ha convertido en su principal seña de identidad

Lejos de ser un simple punto anecdótico en el mapa, este pequeño núcleo resume bien la historia de muchos pueblos del Pirineo catalán: origen medieval, despoblación progresiva y un patrimonio que resiste al paso del tiempo.

Un nombre curioso

El topónimo Malmercat suele interpretarse de forma literal como “mal mercado”, una asociación que hoy resulta llamativa, pero que no tiene por qué responder a un significado negativo en su origen. 

Joan Coromines apunta que Malmercat viene de una comparación del mercado del municipio con los de los pueblos de alrededor. Pero no es la única, ya que no se descarta que en realidad sea una mala asimilación de Vallmercat o Bellmercat. 

Toponimia discutida

A pesar de todo, Coromines no descarta que Malmercat no sea solo más que el apellido de una saga o linaje de una familia del Pallars medieval que controlaba castillos y zonas del entorno.

En cualquier caso, el nombre ha terminado convirtiéndose en uno de los elementos más comentados del pueblo, hasta el punto de ser su principal carta de presentación.

Vistas de Malmercat XTEC

Más allá de la anécdota, Malmercat fue durante siglos un asentamiento con cierta relevancia estratégica, vinculado a la organización del territorio y al control de los caminos del valle.

La historia de Malmercat se remonta a la Edad Media. Está documentado ya en el siglo XII, asociado a una fortificación conocida como el castillo de Malmercat, también llamado en algunas fuentes Castell de Bielsa

El castillo

Aunque hoy solo se conservan restos muy fragmentarios, su emplazamiento permite entender su función defensiva y de control del entorno.

Desde este punto elevado se dominaban las tierras agrícolas y los pasos naturales del valle, en una época en la que el territorio se articulaba a partir de pequeños núcleos fortificados y dominios señoriales. 

Iglesia románica

Con el paso de los siglos y la pérdida de valor estratégico, el castillo fue abandonado, pero su presencia sigue marcando el perfil del pueblo y su memoria histórica.

El elemento patrimonial más destacado de Malmercat es la iglesia de Sant Andreu, un templo románico de líneas sobrias que resume bien la arquitectura religiosa rural del Pirineo. 

Iglesia de Malmercat WIKIPEDIA

Construida con piedra local, presenta una estructura sencilla, pensada más para el uso comunitario que para la monumentalidad.

La iglesia conserva elementos característicos del románico, como la nave única, el ábside semicircular y una ornamentación muy contenida. 

Punto de encuentro

Su ubicación, ligeramente dominante respecto al entorno inmediato, refuerza su papel simbólico como centro espiritual y social del antiguo núcleo.

Durante siglos, Sant Andreu fue el punto de reunión de la comunidad, no solo para el culto religioso, sino también como espacio de cohesión social. 

Despoblación

Hoy sigue siendo uno de los principales atractivos del pueblo, tanto por su valor histórico como por el entorno paisajístico que la rodea.

Como muchos núcleos rurales del Pirineo catalán, Malmercat sufrió un fuerte proceso de despoblación a lo largo del siglo XX. 

El abandono de las actividades agrícolas tradicionales y la emigración hacia zonas urbanas redujeron progresivamente el número de habitantes.

Actualmente, el pueblo cuenta con menos de 50 vecinos, muchos de ellos personas mayores, y algunas viviendas se utilizan como segundas residencias. 

Aun así, el trazado urbano y las construcciones tradicionales se han conservado en buena medida, lo que permite leer con claridad la estructura original del núcleo.

Patrimonio

Más allá del castillo y la iglesia, Malmercat conserva un conjunto de casas de piedra, calles estrechas y pequeños espacios abiertos que reflejan una forma de vida ligada al medio rural. 

El entorno natural, marcado por el relieve pirenaico y la proximidad de la Noguera Pallaresa, refuerza la sensación de aislamiento y tranquilidad.

El paisaje no es un simple telón de fondo, sino una parte esencial de la identidad del pueblo. 

Campos, bosques y caminos tradicionales ayudan a comprender cómo se organizaba la vida cotidiana durante siglos y por qué este tipo de asentamientos tuvieron sentido en su contexto histórico.

Detrás de su nombre desafortunado se esconde un rincón que conserva la memoria medieval, un templo románico de gran valor y una forma de habitar el territorio cada vez más escasa. Un pequeño pueblo que, pese a su tamaño, sigue teniendo mucho que contar.

Cómo llegar

Quién quiera descubrirlo, puede ir en coche sin problema. Desde Lleida es una hora y 45 minutos de viaje. Se va por la C-13 hasta Sort donde se enlaza con la N-260. De allí se toma el desvío a la LV-5131.

Desde Barcelona, el viaje es mucho más largo, una hora más. Y es que se ha de ir por la A-2 en dirección a Lleida, para después enlazar con la C-13 y seguir el recorrido anterior.

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