Mateo Jiménez, emprendedor

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Mateo Jiménez empezó con una audiencia de apenas 2.000 suscriptores y terminó convirtiendo una comunidad online en un modelo de negocio

Crear contenido en internet ya no consiste únicamente en perseguir grandes cifras de seguidores

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En los últimos años, las comunidades han ganado terreno como espacios donde personas con intereses comunes pueden compartir conocimientos, experiencias y conversaciones más allá de las publicaciones en redes sociales. Ese formato también ha abierto oportunidades para iniciativas que no parten de audiencias multitudinarias.

Mateo Jiménez se encontraba precisamente en esa situación: publicaba vídeos en YouTube y rondaba los 2.000 suscriptores cuando creó su primera comunidad online. Aquella experiencia acabaría sentando las bases de Skool Scaling, una actividad que hoy supera los 500 lanzamientos de comunidades de Skool en nichos muy diversos.

Una idea que encontró fuera y terminó definiendo su propio camino

El punto de partida llegó al conocer el trabajo de un creador estadounidense que había incorporado una comunidad antes de presentar la oferta de su producto. Mateo accedió a aquel espacio y encontró una dinámica diferente a la que veía habitualmente en internet: primero se reunían personas y contenidos alrededor de un interés compartido y después aparecía la propuesta comercial.

“Yo no tenía mucha autoridad ni conseguía encontrar la forma para diferenciarme del resto”, recuerda. En lugar de buscar esa diferencia únicamente en aquello que podía enseñar, decidió cambiar la manera de presentar y organizar lo que ya sabía. “Y ahí fue cuando se me encendió la bombilla y dije, ¿por qué no? Voy a hacer lo mismo. Y monté mi primera comunidad”.

Los aproximadamente 2.000 suscriptores que tenía entonces le permitieron poner a prueba la idea sin disponer de una gran audiencia. Durante cerca de un año, Jiménez centró sus esfuerzos en mejorar la propuesta y continuar publicando contenido. A medida que avanzaba, otros profesionales empezaron a interesarse por la forma en la que había construido aquel espacio.

A partir de allí comenzó una etapa diferente. El emprendedor pasó de centrarse exclusivamente en su comunidad a aplicar lo aprendido en comunidades de Skool impulsadas por otros profesionales. Cada nuevo caso permitía observar qué funcionaba, qué requería ajustes y qué elementos podían mantenerse, aunque cambiaran el experto, la audiencia o la temática. Ese aprendizaje acabaría dando forma a la metodología de Skool Scaling.

De la primera prueba a un proyecto especializado

Desde entonces, el trabajo se ha extendido a sectores como inteligencia artificial, trading, salud, idiomas, dibujo, fútbol, baloncesto, calistenia o educación canina, junto a especialidades mucho más concretas como el cuidado de loros o las comunidades dirigidas a bateristas de iglesias cristianas. El modelo se dirige especialmente a marcas personales y profesionales que buscan transformar sus conocimientos y su audiencia en un negocio basado en ingresos recurrentes.

La variedad ha permitido al fundador de Skool Scaling comprobar que no todos los casos parten de las mismas condiciones. Entre los factores que influyen sitúa la autoridad del creador en su especialidad, el tamaño de su público, la relación que mantiene con sus seguidores y las características del nicho. Sin embargo, hay un elemento al que concede un peso especial.

“La diferencia suele ser la implicación del fundador”, señala. Para Mateo, construir una comunidad no termina cuando llegan los primeros miembros. La participación de quien está detrás resulta especialmente relevante al principio para generar actividad, conocer qué necesita el grupo y favorecer que, con el tiempo, el espacio adquiera una dinámica propia.

El crecimiento de su primera comunidad acabó influyendo también en su trayectoria personal. El emprendedor abandonó la universidad cuando aquella iniciativa ya funcionaba y generaba ingresos, para concentrar en el negocio las horas que hasta entonces dedicaba a los estudios.

Años después, Mateo Jiménez ha hecho de las comunidades su principal campo de especialización. Lo que comenzó como una forma de diferenciar su propio contenido terminó convirtiéndose en un modelo capaz de trasladar conocimientos especializados a comunidades con potencial para crecer y consolidarse.

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