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Suplementación con colágeno: mitos y realidades

Cada vez más personas usan los suplementos, de todo tipo, buscando todo tipo de beneficios, pero hay que saber lo que es real y lo que no

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Hace apenas unos años, el colágeno era un suplemento relativamente desconocido fuera del ámbito deportivo o de la salud articular. Hoy ocurre justo lo contrario. Lo encontramos en farmacias, supermercados, tiendas especializadas y redes sociales, donde se le atribuyen beneficios de todo tipo.

Como ocurre con casi todo lo que se pone de moda, la cantidad de información contradictoria que circula por la red es enorme. Por un lado, están las promesas casi milagrosas de algunas campañas publicitarias; por el otro, la postura de quienes afirman que no sirve absolutamente para nada. Ante tanto ruido, separar los rumores de la realidad se vuelve imprescindible.

En este artículo analizamos qué dice la evidencia científica sobre la suplementación con colágeno y repasaremos algunos de los mitos más extendidos sobre sus efectos en el organismo.

Mito 1: Todo el colágeno es igual

A simple vista todos los suplementos parecen iguales. Todos prometen beneficios similares y, en ocasiones, las diferencias parecen limitarse al diseño del envase. Sin embargo, basta con revisar la composición para comprobar que no todos contienen el mismo tipo de colágeno ni están formulados con el mismo objetivo.

El colágeno es la proteína estructural más abundante del organismo y existen al menos 28 tipos diferentes. El colágeno hidrolizado tipo I y III es el que suele emplearse para mejorar la elasticidad de la piel, fortalecer el cabello o cuidar los tejidos conectivos. En cambio, para las articulaciones se utiliza principalmente el colágeno tipo II no desnaturalizado (conocido como UC-II), que conserva su estructura original y actúa mediante un mecanismo diferente a nivel articular. Por eso, el primer paso para acertar es elegir el tipo de colágeno que realmente encaja con lo que necesitas.

Mito 2: El cuerpo no absorbe el colágeno oral, así que tomarlo no sirve para nada

Este es probablemente el argumento más repetido por quienes cuestionan la utilidad de los suplementos de colágeno. Y tiene una parte de verdad… pero es una verdad a medias.

Es cierto que una molécula completa de colágeno es demasiado grande para atravesar la pared intestinal. Sin embargo, los suplementos de colágeno hidrolizado no contienen esa proteína intacta. Durante el proceso de hidrólisis esa gran molécula se fragmenta en pequeñas cadenas de aminoácidos llamadas péptidos que el intestino puede asimilar sin problema.

Una revisión sistemática publicada en Journal of Drugs in Dermatology (2019) mostró que estos péptidos hidrolizados atraviesan la barrera intestinal, pasan al torrente sanguíneo y se acumulan en la piel y otros tejidos, estimulando la producción de nuevo colágeno desde el interior.

Mito 3: El colágeno engorda

Este mito no tiene un fundamento real. El colágeno es una proteína y, como cualquier otra, aporta aproximadamente 4 calorías por gramo. Dado que la dosis diaria recomendada suele ser de unos 10 gramos, el aporte energético se queda en unas 40 kcal. por toma, una cantidad irrelevante en la dieta diaria.

El problema no es la proteína en sí, sino la formulación completa del producto. Muchas fórmulas comerciales incluyen azúcares, siropes o aromas artificiales para mejorar el sabor. Esos añadidos sí pueden sumar calorías innecesarias, por lo que conviene leer el etiquetado y la lista de ingredientes antes de comprar.

Mito 4: El colágeno marino se absorbe mejor

El colágeno marino suele venderse como una opción superior o más “pura”, pero la ciencia no respalda que su absorción sea mejor que la del colágeno de origen bovino o porcino.

Lo que determina la eficacia de un suplemento no es tanto la fuente de la proteína, sino el grado de hidrólisis (el tamaño de sus péptidos), la dosis utilizada o los controles de calidad del fabricante.

Además, el colágeno bovino y porcino están compuestos principalmente por colágeno de tipo I y III, precisamente los tipos predominantes en la piel, los tendones y otros tejidos conectivos humanos.

La literatura científica refleja bien esta idea. Un estudio publicado en Nutrients (2019) analizó la biodisponibilidad de distintos tipos de colágeno y concluyó que, a similar tamaño de péptido, la asimilación digestiva es prácticamente idéntica.

Mito 5: Una cápsula de colágeno equivale a una dosis de colágeno en polvo

La mayoría de los ensayos clínicos que respaldan los beneficios del colágeno hidrolizado utilizan dosis de entre 5 y 10 gramos diarios. Una cápsula estándar suele tener entre 500 y 750 miligramos de colágeno. Eso
significa que para alcanzar los 10 gramos tendrías que tomarte entre 13 y 20 cápsulas al día.

En definitiva, las cápsulas pueden ser cómodas para dosis muy pequeñas de ciertos activos, pero si buscas una cantidad efectiva de hidrolizado, el formato en polvo es mucho más práctico.

Mito 6: Sin vitamina C, el colágeno no se absorbe

Esta es una de las creencias más extendidas, pero también una de las que más confusión genera. La vitamina C no es imprescindible para absorber los péptidos de colágeno. Es decir, el colágeno hidrolizado se digiere y absorbe independientemente de que el suplemento lleve o no esta vitamina en su formulación.

Ahora bien, la vitamina C sí es fundamental para la fase posterior: la síntesis celular. Una revisión publicada en The American Journal of Clinical Nutrition (2018) destaca que el ácido ascórbico actúa como
un cofactor esencial para las enzimas que unen y estabilizan las nuevas fibras de colágeno dentro del organismo.

Sin embargo, esto no significa que la vitamina C tenga que estar incluida sí o sí en el mismo suplemento. Puedes optar por una fórmula de colágeno 100% puro y combinar la suplementación con una dieta rica en frutas y verduras que aporte la cantidad necesaria de este nutriente.

Mito 7: Los resultados se notan enseguida

Si hablamos de suplementos, cualquier promesa de cambios radicales en pocos días suena más a marketing que a ciencia. La mayoría de los ensayos clínicos que han evaluado la suplementación con colágeno analizan los resultados después de 8, 12 o incluso 16 semanas de uso continuado.

Por ejemplo, en lo que respecta a la salud articular, una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Clinical and Experimental Rheumatology (2025) analizó 11 ensayos clínicos con 870 personas que padecían artrosis de rodilla. Los investigadores observaron una reducción del dolor y mejora de la función física en comparación con el placebo, aunque recuerdan que todavía son necesarios estudios de mayor calidad para definir el alcance terapéutico y la dosis óptima.

En otras palabras, si decides tomar un suplemento de colágeno debes esperar resultados a medio y largo plazo. Los estudios que muestran beneficios positivos no hablan de días, sino de semanas o meses.

La clave es elegir con criterio

En definitiva, los suplementos de colágeno no son pociones mágicas que van a borrar los años de un plumazo, pero la literatura científica respalda que tienen un impacto positivo y real cuando se eligen bien y se toman de forma constante.

Para obtener buenos resultados, lo ideal es alejarse de fórmulas excesivamente procesadas y apostar por productos con un etiquetado claro, dosis efectivas y estándares de calidad rigurosos. Opciones como las que ofrece Viteba permiten acceder a un producto transparente y enfocado en lo que de verdad importa: cuidar tu piel y tus articulaciones con fórmulas eficaces y respaldadas por la investigación científica.

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