Retirada de amianto por un técnico

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El riesgo del amianto en comunidades de vecinos antiguas

Retirar el amianto de las construcciones cuanto antes es importante para evitar exposiciones peligrosas para la salud de quienes viven o trabajan en ellas

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La presencia de amianto en edificios residenciales construidos antes de los años 90 sigue siendo una realidad incómoda en muchas ciudades españolas. Durante décadas, este material se utilizó de forma habitual por su bajo coste, su resistencia al calor y su capacidad aislante. Sin embargo, con el paso del tiempo, se ha demostrado que su deterioro supone un problema serio para la salud pública, especialmente en entornos donde conviven muchas personas.

En comunidades de vecinos, el riesgo adquiere una dimensión colectiva. Cubiertas, bajantes, depósitos o elementos comunes pueden contener amianto sin que los residentes sean plenamente conscientes. El desconocimiento y la falta de intervención adecuada prolongan una exposición silenciosa, que no suele manifestarse de forma inmediata, pero que puede tener consecuencias graves a largo plazo si no se actúa con responsabilidad y criterio técnico.

Madrid y el desafío pendiente de la eliminación del amianto

Madrid concentra un elevado número de edificios construidos durante el auge urbanístico del siglo XX. Muchos de ellos incorporaron amianto en cubiertas, fachadas o instalaciones internas. La magnitud del parque inmobiliario antiguo convierte la retirada del amianto en un reto complejo, tanto por su coste como por la necesidad de planificación.

Las administraciones han impulsado campañas informativas y marcos normativos, pero la responsabilidad directa recae en propietarios y comunidades. En este escenario, resulta clave contar con información fiable y con profesionales cualificados. La retirada amianto en Madrid requiere procedimientos específicos que garanticen la seguridad de vecinos y trabajadores, además del cumplimiento de la normativa vigente.

El proceso no se limita a retirar el material visible. Incluye estudios previos, señalización de zonas, uso de equipos de protección y una correcta gestión de residuos. Todo ello debe realizarse sin alterar la convivencia ni generar riesgos adicionales. La intervención improvisada o sin control técnico puede agravar el problema en lugar de resolverlo.

Por qué el amianto sigue presente en miles de edificios residenciales

El amianto se prohibió en España en 2002, pero su uso intensivo durante décadas anteriores explica su permanencia en miles de construcciones. Entre los años 60 y 90, se incorporó a numerosos materiales de obra por su durabilidad y facilidad de instalación. En aquel momento, los riesgos no se comunicaban de forma clara, y la normativa apenas establecía limitaciones.

Además, muchos edificios no han sido sometidos a reformas integrales desde su construcción. La ausencia de intervenciones profundas mantiene intactos elementos que ya han superado su vida útil, lo que incrementa la probabilidad de liberación de fibras. En cambio, cuando se realizan obras parciales sin control especializado, el peligro puede multiplicarse sin que exista una evaluación previa.

Otro factor relevante es la falta de registros claros. En numerosas comunidades no se dispone de documentación técnica que detalle los materiales utilizados, lo que dificulta la identificación del amianto. Por ello, la detección suele producirse de forma tardía, cuando aparecen roturas visibles o se inician trabajos de mantenimiento que levantan sospechas.

Las comunidades de vecinos, las más expuestas al amianto

A diferencia de viviendas unifamiliares, las comunidades de vecinos concentran el riesgo en espacios compartidos. Bajantes, cuartos de contadores, trasteros o garajes son zonas donde el amianto puede permanecer oculto durante años. La exposición no depende solo del estado del material, sino también del uso cotidiano de estas áreas comunes.

Cuando el amianto se encuentra en buen estado, el riesgo es menor. Sin embargo, el envejecimiento natural, las vibraciones o pequeñas reparaciones pueden provocar su degradación progresiva. En ese contexto, las fibras microscópicas se liberan al ambiente sin ser detectadas a simple vista, lo que dificulta la adopción de medidas preventivas inmediatas.

Además, la toma de decisiones en una comunidad suele ser lenta. Los acuerdos requieren consenso, presupuestos y planificación, lo que retrasa actuaciones urgentes. Mientras tanto, los vecinos continúan utilizando espacios potencialmente contaminados. La gestión colectiva, aunque necesaria, puede convertirse en un obstáculo si no existe información clara y asesoramiento especializado.

Riesgos sanitarios asociados a la exposición al amianto

El principal peligro del amianto radica en la inhalación de sus fibras. Estas partículas, extremadamente finas, pueden alojarse en los pulmones y permanecer allí durante años. Las enfermedades asociadas no aparecen de forma inmediata, lo que genera una falsa sensación de seguridad en las fases iniciales de exposición.

Entre los problemas más conocidos se encuentran la asbestosis, el mesotelioma y ciertos tipos de cáncer pulmonar. La relación entre amianto y enfermedades respiratorias está ampliamente documentada, lo que ha motivado su prohibición y la elaboración de protocolos estrictos para su retirada. No obstante, la persistencia del material en edificios antiguos mantiene el riesgo latente.

Es importante subrayar que no existe un nivel de exposición considerado seguro. Incluso contactos breves pueden resultar perjudiciales si se repiten en el tiempo. Por ello, la prevención se basa en la identificación temprana y en la eliminación controlada, evitando cualquier manipulación sin las medidas adecuadas.

Especialistas advierten sobre la necesidad de actuar de forma segura

Los expertos coinciden en que la pasividad no es una opción. Aunque el amianto no siempre representa un peligro inmediato, su presencia prolongada en edificios habitados exige una estrategia clara. Actuar de forma segura implica planificar, informar y ejecutar con rigor, evitando soluciones rápidas que comprometan la salud.

La primera recomendación pasa por la evaluación técnica. Identificar la existencia de amianto y su estado real permite tomar decisiones fundamentadas. A partir de ahí, se debe optar por empresas autorizadas que sigan protocolos homologados. Este enfoque reduce la exposición y minimiza el impacto de las obras en la vida diaria de la comunidad.

Asimismo, la comunicación con los vecinos resulta esencial. Informar sobre los riesgos, los plazos y las medidas adoptadas genera confianza y facilita la colaboración. En un entorno colectivo, la transparencia se convierte en una herramienta clave para avanzar. La eliminación del amianto no es solo una cuestión técnica, sino también un ejercicio de responsabilidad compartida.

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