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Primeras planas

Trump: Hitler y el anticristo en el despacho oval

La prensa norteamericana entona un mea culpa colectivo y se prepara para el gobierno de la basura blanca. Los medios echan la culpa a la América profunda

10 min

Sudores fríos, temblor de piernas, descomposición intestinal y estupor generalizado. Aunque parezca mentira, los grandes líderes del mundo mundial no previeron el triunfo de Donald Trump, cuya llegada al poder a través de las urnas se compara directamente con la de Adolf Hitler. El anticristo se sienta en la Casa Blanca, que ahora viene a ser algo así como la pensión de Psicosis o el establo de la Matanza de Texas. Del sueño americano a la pesadilla, conmoción, inquietud, vértigo, incertidumbre y predicción de grandes catástrofes. Vísperas de mucho, días de nada. Trumpquilidad, please.

Como en el caso del Brexit, habrá que esperar hasta el 20 de enero a que Trump tome posesión y asiente sus posaderas en la silla de Obama. Mientras, se miden con tipómetro sus palabras, sus gestos y sus intenciones ocultas.

La basura blanca, dicen en los medios, ha conquistado los Estados Unidos. Según tal versión, América es del hombre blanco que come perritos, bebe refrescos con azúcar y en su vida ha salido del condado, salvo para luchar en lejanos desiertos. La carne de cañón ya tiene representante, aunque es más que probable que de la euforia se pase a la decepción a causa de los fuertes contrapoderes que no podrá sortear el presidente palurdo. Aún así, el mundo ya tiene un nuevo peligro público y no es Kim Jong un.

Los principales mandatarios mundiales se consuelan en la creencia de que Trump cambiará de registro, que el patán se moderará, que el bocazas se convertirá en un sutil diplomático y que nadie puede ser peor presidente que Bush jr. De momento, el triunfo del candidato equivocado pone en tela de juicio a los medios norteamericanos y a los genios que cocinan las encuestas, cuya actividad comienza a parecerse más a la de la bruja Lola que a la estadística.

En El Confidencial, Daniel Forcada repasa la prensa de papel americana, cuyos editores, editorialistas y analistas están entre aterrados y estupefactos. Expone Forcada: "“Su victoria es un golpe humillante para los medios de comunicación, los encuestadores y la dirigencia demócrata dominada por Clinton”. The New York Times, el diario por excelencia de los Estados Unidos, no pone parche ni venda alguna para ejemplificar en su editorial de este miércoles el tremendo batacazo que la victoria de Donald Trump ha supuesto para los grandes medios de comunicación del país y creadores de opinión, alineados en su mayoría con la candidata demócrata. Ni han sabido frenar la ola de apego popular hacia el dirigente conservador ni, mucho menos, adivinar y prever la magnitud de su victoria de este 8 de noviembre. The Wall Street también ahonda en esa sensación de desconcierto que se les ha quedado a las principales y más influyentes manchetas". (...)

Continúa el análisis de otros medios: "El diario 'USA Today' señala como la clave de la victoria el voto de una nación profundamente desilusionada con Washington, que desprecia a las élites y alienada por el declive de los empleos en la industria manufacturera. “Trump no era la elección de este Consejo Editorial para ser presidente. De hecho, lo consideramos incapaz para la presidencia y expresamos serias reservas sobre su capacidad para manejar efectivamente los asuntos de la nación en el país y en el extranjero”, recuerdan en su editorial. Sin embargo, “Trump es la persona elegida por el pueblo estadounidense. Y, en una democracia, eso es razón suficiente para aceptar el resultado sin violencia”, aseguran".

Con la prensa americana en el rincón de pensar, la española teoriza sobre el renacer de la Asociación Nacional del Rifle y el estereotipo de paleto que habría dado alas a Trump. Beatriz Juez firma una crónica para El Mundo desde Washington en la que atribuye el desastre a los votantes del cinturón de la Biblia y del óxido: "Trump logró grandes avances en áreas de la América rural, lo que le ayudó a derrotar a Hillary Clinton y sus seguidores urbanos. La movilización sin precedentes del voto latino y de las mujeres con estudios universitarios no fue suficiente para llevar a Clinton a la Casa Blanca, como esperaban en un principio los analistas. El muro de votos que los latinos quería construir para impedir que Trump llegara a la Casa Blanca, se desmoronó. El multimillonario logró convencer a suficientes votantes de que sólo él sería capaz de "hacer Estados Unidos grande de nuevo". Según el diario The New York Times, a Trump le fue mejor en los condados industriales del medio Oeste, donde los blancos sin estudios universitarios son mayoría".

Sigue: "Clinton ganó en las grandes ciudades, pero fue rechazada en las ciudades pequeñas, especialmente en el cinturón industrial. La candidata demócrata tampoco logró el apoyo que la comunidad afroamericana había dado, en 2008 y 2012, a Barack Obama, el primer presidente negro de Estados Unidos. Los votantes de clase trabajadora que solían votar al ex presidente Bill Clinton en los años 90 no se vieron seducidos por el mensaje de Clinton, quien tiene fama de ser una mujer fría y calculadora". 

De La Vanguardia sobresale el perfil de Trump a cargo de Joaquín Luna: "¿Reveses? Muchos. El tipo de fiascos que podrían conducir a algunos a la depresión y a hombres como Donald Trump le llevan a escribir libros de autoayuda –“sufrí un revés tan mayúsculo a principios de la década de 1990 que estoy en la lista de récords Guinness por ostentar el mayor descalabro económico de la historia”, pasaje de Nunca tires la toalla–, exhibir masculinidad –“sin ninguna vacilación” se hubiera acostado con Diana de Gales– o bendecir veladas de boxeo –su deporte–, concursos de misses o crear incluso universidades (tras cuyo fracaso se pasó a realities en los que instruía sobre cómo llegara ser tan grandes como él)".

Y: "Sin este ego, tan televisivo, ningún candidato habría destrozado a sus rivales republicanos ni habría aguantado una campaña presidencial en la que ha hecho de todo, salvo lo más decisivo: dejar de ser él mismo. Los asesores, los equipos de campaña, los estrategas no han podido con él: “Dejad a Trump ser Trump”, les repetía uno de sus hombre de confianza".

En España, que hasta hace una semana estaba a otra cosa, la impresión es que Trump es un desastre tan mayúsculo como imprevisto. Así lo cuenta Miguel González en El País: "Ni siquiera el jefe del servicio secreto CNI, Félix Sanz, pronosticó la victoria de Trump. El Gobierno español no tenía un plan b en caso de derrota de Clinton. Tender puentes con el equipo del presidente electo de EE UU es ahora una de las tareas urgentes a las que deberá aplicarse Mariano Rajoy. La escasa sintonía entre el PP y el Partido Republicano supondrá un obstáculo. El Ministerio de Exteriores elaboró dos notas confidenciales sobre quiénes serían los nombres clave de la futura Administración estadounidense: una, en caso de victoria de Hillary Clinton; otra, si ganaba Donald Trump. La diferencia estriba en que los componentes de la primera lista eran viejos conocidos para España; los de la segunda, totalmente ignotos".

Por cierto, la bolsa de Nueva York aguantó perfectamente el tipo.

10 de noviembre, santoral: Andrés Avelino, León Magno, Orestes y Probo.