Habla el Extranjero

Habla el Extranjero Simón Sánchez

Habla el extranjero

Tsunami en Francia (y más allá) por la condena a Le Pen

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Maremoto en Francia. Tras ser condenada -por malversar fondos de la UE- a una inhabilitación de cinco años para ejercer cargos públicos, y a cuatro años de prisión, de los que cumpliría sólo dos en régimen domiciliario -lo que la excluye de las elecciones presidenciales de 2027-, la líder populista de derechas Marine Le Pen ha criticado duramente al poder judicial francés.

Le Pen ha calificado el fallo como una “bomba nuclear” lanzada por el sistema político para impedir su acceso al poder, y ha convocado protestas en la calle para este fin de semana.

La dirigente del partido de extrema derecha Rassemblement National [Agrupación Nacional] afirma que la decisión de los jueces está motivada políticamente, y que millones de franceses están indignados. La condena admite apelación. Los analistas prevén repercusiones que trascienden las fronteras de Francia.

Marine Le Pen, líder del partido ultraderechista Agrupación Nacional

Marine Le Pen, líder del partido ultraderechista Agrupación Nacional A. Pérez Meca / Europa Press

Toda la prensa internacional analiza la situación, pero nosotros nos limitaremos aquí a contar lo que dicen los dos principales periódicos franceses, el conservador Le Figaro y el socialdemócrata Le Monde, en cuyos análisis se resume casi todo lo que dicen los demás.

Sostiene Yves Thréard en su análisis, presentado como “editorial” en Le Figaro y muy crítico con la judicatura: “El discurso antisistema podría aumentar aún más su volumen en una sociedad sacudida por las crisis y atenazada por la desconfianza".

“Marine Le Pen, condenada: los jueces de primera instancia han considerado que su candidatura a la presidencia representaba un «riesgo mayor de alteración del orden público». Por ello, les ha parecido necesario ‘someter la pena de inelegibilidad a ejecución provisional’. No estaban obligados a hacerlo, pero lo hicieron. A sabiendas".

“¿Dura lex, sed lex? La locución no se sostiene. Ni la ley ni el sistema judicial obligaban a los jueces a tomar esta precaución. Estaba enteramente a su discreción. Aunque moleste a los centinelas de la República, François Bayrou (primer ministro de Francia) tiene motivos para sentirse «perturbado» por esta decisión de consecuencias políticas imprevisibles. Es muy raro escuchar a un ministro de Justicia, Gérald Darmanin, esperar públicamente que el juicio de apelación se celebre en el plazo «más razonable posible». El miedo a una radicalización de una parte de la opinión pública es real".

“¿No es ahora, cuando Marine Le Pen está —casi— fuera de la carrera hacia el Elíseo, cuando el riesgo de alteración del orden público, temido por los magistrados, es más preocupante? Ella y su tropa, que durante años habían apostado por la respetabilidad (la famosa «estrategia de la corbata» en los escaños de la Asamblea Nacional), no han tardado en sacar la artillería verbal para denunciar la tiranía de los jueces".

“Tras la normalización del RN, ¿está en marcha una trumpización del movimiento? ‘Es la democracia la que está siendo ejecutada’, profiere el joven Jordan Bardella (repuesto de Le Pen). ‘¡Indignaos!’, añade quien ya sondea sus capacidades para reemplazar a su mentora, que no está dispuesta a cederle el lugar. Este domingo se organizará una concentración de apoyo en París".

“Si finalmente queda descalificada, ¿qué harán los votantes de Marine Le Pen y todos aquellos que, más allá del Rassemblement National, sientan que se burlan de ellos? ¿A quién beneficiará el ‘crimen’? El discurso antisistema podría aumentar aún más su volumen en una sociedad agitada por las crisis y atenazada por la desconfianza. La democracia francesa avanza hacia lo desconocido, sobre una cuerda floja. No temas a la justicia, dice el proverbio, sino al juez.”

Participantes durante la cumbre ‘Patriots’; entre ellos, Santiago Abascal, Marine le Pen, Matteo Salvini y Viktor Orban

Participantes durante la cumbre ‘Patriots’; entre ellos, Santiago Abascal, Marine le Pen, Matteo Salvini y Viktor Orban Ricardo Rubio EUROPA PRESS

 

Veamos ahora los argumentos del editorial de ayer de Le Monde, portavoz de las izquierdas y centro-izquierdas francesas, que sostiene tesis diametralmente opuestas a las del Figaro.

Permítame el lector un inciso: no suelo citar en este espacio de Habla el extranjero al venerable rotativo de izquierdas porque éste advierte que no es lícito hacerlo sin previo acuerdo con la empresa, pero en este caso me tomo la licencia de hacerlo, teniendo en cuenta que excepcionalmente este editorial está publicado “en abierto”, o sea al alcance de cualquier lector, y la urgencia y trascendencia internacional del asunto que nos ocupa. Ahí va, condensado y bajo su titular “La ‘internacional reaccionaria’ contra los jueces”:

“Las críticas expresadas por numerosos líderes populistas sobre el estado de la democracia francesa tras la condena de Marine Le Pen el lunes 31 de marzo revelan hasta qué punto el respeto al Estado de derecho y la separación de poderes están en el centro de la fractura que actualmente divide Occidente.

“El severo fallo dictado el 31 de marzo contra Marine Le Pen, condenada por malversación de fondos públicos, ha tenido un efecto revelador. Inmediatamente dio consistencia inesperada a la ‘internacional reaccionaria’ mencionada en enero por el presidente Emmanuel Macron. Desde Moscú hasta Washington, pasando por Budapest, no han faltado muestras de solidaridad hacia la líder del Reagrupamiento Nacional, así como sentencias apocalípticas sobre el estado de la democracia francesa.

“La tendencia a oponer al ‘pueblo’ —del que esta ‘internacional’ se arroga el monopolio— contra el fantasma de un ‘gobierno de los jueces’ es compartida por todos aquellos que profesan que el derecho debe someterse a los programas políticos más controvertidos y a los calendarios electorales, y que la popularidad garantiza la impunidad. Ciertamente, la trayectoria de Donald Trump […] no puede más que dar esperanzas a los populistas enfrentados a la justicia.

“El respeto al Estado de derecho y la separación de poderes están, de hecho, en el corazón de la fractura que atraviesa lo que durante mucho tiempo se denominó por conveniencia el ‘campo occidental’. Este último se fundó sobre una base de valores que incluyen el principio de igualdad ante la ley. El juez que imparte justicia en nombre del pueblo y que ahora sufre insultos y amenazas por aplicar normas votadas por el poder legislativo es, más que nunca, el símbolo de este cuestionamiento generalizado.

“El respeto a las sentencias constituye uno de los fundamentos de las democracias. Esto no impide, desde luego, impugnar una decisión mediante los recursos ordinarios de apelación. Atacar esta piedra angular implica arriesgarse —o quizás perseguir el objetivo— de poner en peligro todo el edificio institucional ya que, como dijo Montesquieu, ‘para que no se pueda abusar del poder, es preciso que, por la disposición de las cosas, el poder detenga al poder’”.

Atacar a los magistrados cuando no te dan la razón sigue la misma lógica que lleva a Donald Trump, por ejemplo, a multiplicar declaraciones sobre un eventual tercer mandato —prohibido por la Constitución—, incluso aunque quizás solo sea una táctica para retrasar todo debate sobre una sucesión inevitable”.

Todo esto, esta tensión entre el Ejecutivo y el Judicial, ¿no tiene resonancias con cosas que pasan en nuestro país? Como dice el tópico, “ahí lo dejo”.