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Un momento de la gran manifestación en Madrid en el Día Internacional de la Mujer, el 8M, de 2018 / EFE

Por qué la izquierda se refugia en el feminismo o los derechos colectivos

Los expertos consideran que lo hace porque carece de un proyecto económico alternativo

09.03.2018 00:00 h.
6 min

Movilización con enorme éxito en el Día Internacional de la Mujer. Con las feministas, los colectivos gais y las minorías étnicas. Con la defensa de derechos.

La impotencia ante el poder financiero, la falta de determinación para aplicar proyectos que combatan la desigualdad económica, y la mirada corta han llevado a la izquierda, en España, pero también en buena parte de los países occidentales como Estados Unidos, a refugiarse en la defensa de derechos de los nuevos movimientos sociales.

¿Es una exageración, una forma de querer desprestigiar a los partidos de izquierda o a los propios colectivos? No, es la valoración de expertos, como Nancy Fraser, profesora de la cátedra Henry A. and Louise Loeb de Ciencias Políticas y Sociales y de Filosofía de la New School de Nueva York. También es la voz de expolíticos que han experimentado esa transformación como el exministro de Economía Carlos Solchaga.

Portavoces y 'portavozas'

Las señales han sido claras. La portavoz de Podemos en el Congreso, Irene Montero, habla de “portavoces y portavozas” y defiende que se trata de “avanzar en la igualdad” y de “visibilizar a la mitad de la población que ha sido invisibilizada”, negando cualquier uso incorrecto del lenguaje. El portavoz del PSOE, Óscar Puente, se mostraba contrario a que el ministro de Economía Luis de Guindos pudiera ser el vicepresidente del BCE, alegando que España debería proponer a una mujer. Mostraba su deseo de apoyar al Gobierno si apostaba por un “perfil técnico y que fuera mujer”. Y los dos partidos de la izquierda apoyaron la huelga y los paros programados para el Día Internacional de la Mujer de este jueves.

Para Fraser lo que ha ocurrido es que la izquierda acabó adoptando las políticas económicas del llamado neoliberalismo y que logró una especie de síntesis con los nuevos movimientos sociales para constituir un neoliberalismo progresista imperante, especialmente, en Estados Unidos, que se puede identificar con la figura de Bill Clinton, y luego con Hillary Clinton, y que tiene como precedente, en Europa, a Tony Blair.

Sectores económicos de 'gama alta'

¿Qué es ese neoliberalismo progresista? Una alianza “de corrientes convencionales con nuevos movimientos sociales como el feminismo, antirracismo, multiculturalidad y derechos del colectivo homosexual, por un lado, y sectores económicos de gama alta, simbólicos basados en los servicios (Wall Street, Silicon Valley y Hollywood), por otra”, como explica en el libro El gran retroceso (Seix Barral).

Si lo llevamos a España, algunos políticos, los que transformaron el país en los años ochenta del siglo pasado, con reconversiones industriales, no dudan en asimilar esa apuesta de la izquierda con la impotencia para hacer frente a los retos económicos globales. Lo explica Carlos Solchaga, exministro de Economía con los gobiernos de Felipe González: “La izquierda no supo cómo resistirse a la tendencia irresponsable de bajada de impuestos –destacó en Crónica Global— y a todo eso se unieron las tendencias que aparecieron en las universidades norteamericanas y que se trasladaron a Europa. El interés se centra más en las injusticias que son consecuencia de factores como el género, ser mujer u hombre, o sobre la orientación sexual. Y eso dejó a la izquierda desnortada”.

Debilitamiento de los conceptos de la izquierda

Esa izquierda neoliberal, que no vio al poder financiero como un adversario al proyecto socialdemócrata, apostó por políticas más laxas, como apunta Nancy Fraser: “El clintonismo carga con buena parte de la responsabilidad respecto al debilitamiento de los sindicatos, el declive de los sueldos, el incremento de la precariedad laboral, o el auge de la familia de los dos sueldos, en sustitución del difunto sueldo familiar”. En su defecto, la izquierda optó por centrarse en la defensa de derechos, de los colectivos individualizados, en función del género o de la orientación sexual.

Esa fue una apuesta del gobierno de Rodríguez Zapatero, que fue bien recibida. Y es ahora también el flanco que buscan el nuevo PSOE de Pedro Sánchez y Podemos, con Pablo Iglesias al frente. ¿Pero es la respuesta que debe dar la izquierda? El debate está servido, aunque la propia izquierda no parece darse por interpelada, ni en España ni en Francia ni en Italia, a pesar de aquellos consejos de Tony Judt, plasmados en Algo va mal (Taurus).

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