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Carles Campuzano y Jordi Xuclà y Carles Puigdemont. De fondo, Eduard Pujol / CG

El mundo posconvergente explota contra Puigdemont por las listas en las generales

Puigdemont apuesta por Eduard Pujol como cabeza de lista al Congreso, mientras se busca que la Crida aglutine a todo el independentismo

17.02.2019 00:00 h.
8 min

Señal de alarma. Todo se precipita con la convocatoria electoral de Pedro Sánchez para el 28 de abril, y el mundo posconvergente ha explotado. A la humillación de esta semana, cuando el grupo parlamentario del PDeCAT trataba de negociar los presupuestos, con una retirada a tiempo de la enmienda a la totalidad, y el propio presidente Quim Torra, teledirigido por Carles Puigdemont, lo impidió, se añade ahora la voluntad del expresidente de imponer a Eduard Pujol como cabeza de lista al Congreso. Toda una forma de hacer y de entender la política se hunde para los diputados del PDeCAT, sin ninguna garantía de éxito, y con Esquerra Republicana comiendo el terreno para ser el partido hegemónico en poco tiempo en el ámbito nacionalista/independentista. Los tiempos, realmente, están cambiando.

CRÓNICA GLOBAL ILUSTRACIÓN

Los rostros eran elocuentes, los de Carles Campuzano, Jordi Xuclà o Ferran Bel. Habían buscado un camino, casi a la desesperada, para retirar la enmienda a la totalidad, y permitir una tramitación que hubiera dado aire al Gobierno de Sánchez, pero también al gobierno de Cataluña. En juego estaba también importantes recursos económicos para las diputaciones provinciales con esas cuentas, que hubieran resultado muy importantes justo en vísperas de unas elecciones municipales, en las que el mundo posconvergente se la juega frente a Esquerra Republicana. Pero no pudo ser, ni Torrra ni Puigdemont estaban dispuestos, ni tampoco el propio Pedro Sánchez, que ya había tomado la decisión de convocar elecciones.

El expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, y el actual líder del Govern, Quim Torra / EFE

Carles Puigdemont y Quim Torra

Sin cultura de partido

Pero, ¿qué ocurre ahora? Con la vicepresidenta del PDeCAT y diputada en el Congreso, Míriam Nogueras, como correo de Puigdemont, centrada ahora en su candidatura a la alcaldía de Mataró, los fieles al expresident han pensado en Eduard Pujol, portavoz adjunto del grupo de Junts per Catalunya en el Parlament. Es un recién llegado. Justo antes de las elecciones del 21D, cuando fue reclutado por Puigdemont, dirigía Rac1, la radio del Grupo Godó. No tiene experiencia ni cultura de partido, pero, eso sí, responde a las directrices del expresidente.

La cuestión central recae en las espaldas de David Bonvehí, el presidente del PDeCAT, que tendrá ahora la responsabilidad de decidir si entrega o no el partido a Puigdemont, para que, ya desde la Crida Nacional per la República, se nombren candidatos y se decida una política del todo o nada, que no enlaza con la experiencia ni la forma de hacer política de los exconvergentes.

Miriam Nogueras, vicepresidenta del PDeCAT, junto a Carles Puigdemont en Waterloo / @miriamnoguerasM

Puigdemont y Míriam Nogueras, en el centro

La lógica populista de la Crida

Esa es la dicotomía que se ha establecido y que se deberá resolver en pocos días. Si Bonvehí cede, habrá una gran contestación interna, con la posibilidad “real”, como explican fuentes conocedoras de esas relaciones, de que se constituya una candidatura paralela, que haya una escisión.

Todo eso estaba en las cabezas de todos los dirigentes del PDeCAT, pero siempre con el horizonte de mayo. Sólo después de las elecciones municipales se tomarían decisiones de calado. Sin embargo, el momento ha llegado ahora, con las elecciones generales del 28 de abril. El PDeCAT no ha dejado de responder a una práctica convergente. Son convergentes sus diputados en Madrid, lo son muchos de los cuadros fundamentales del partido, sus alcaldes y sus muchas conexiones en el tejido asociativo catalán, pasando por la mayoría de los colegios profesionales. La Crida, en cambio, responde a otra lógica, aunque también se hayan camuflado convergentes de toda la vida que buscan una salida personal y que han llegado a la conclusión de que cuanto peor, mejor.

¿Y el PNV, dónde está?

Esa parte del PDeCAT que lucha por su legado convergente, “un partido de 45 años”, que ha ejercido un papel más importante si cabe en la política española que en la catalana, y que ve que todo eso peligra cuando la situación invitaría a acuerdos y a un papel preponderante en Madrid –como hace y nunca ha dejado de hacer el PNV— podría iniciar una nueva andadura que podría ser decisiva tanto en el Congreso como en el Parlament. Sin embargo, nadie se acaba de atrever todavía a dar ese paso. Y la presión de Puigdemont sí podría ahora generar esa dinámica.

Para irritar aún más a dirigentes como la propia Marta Pascal, derrotada en el último congreso del pasado mes de julio por Puigdemont, el secretario general de la Crida, el excomunista Antoni Morral, ha pedido una lista unitaria para concurrir a las generales que incluya a los Comuns, de Ada Colau, a ERC y a todo el mundo independentista, pasando, claro, por el PDeCAT. Esa propuesta no tiene ninguna viabilidad, pero muestra el espíritu de la Crida: un movimiento populista, articulado alrededor de la persona de Puigdemont, que causa un horror descriptible en el ánimo de los veteranos convergentes.

Aitor Esteban, el portavoz del PNV, durante su intervención en la moción de censura presentada por el PSOE contra Mariano Rajoy / EFE

Aitor Esteban, portavoz del PNV en el Congreso

Una estrategia en el Parlament

La relación que se establezca entre el PDeCAT y la Crida para esas elecciones generales será clave. Ya se han producido distintas reuniones sin concretar nada entre Junts per Catalunya y la Crida. Lo que se dirime es una batalla cruenta entre todo ese espacio –con los nombres que sean necesarios—y Esquerra Republicana. Hasta tal punto, que fuentes republicanas admiten que el problema catalán, la pugna del independentismo con el Estado español, no tendrá ninguna salida hasta que no se esclarezca quien tiene la hegemonía en el campo nacionalista.

Esa lucha, esa permanente mirada de reojo, ha sido la responsable, precisamente, como han apuntado diferentes analistas –desde Jordi Amat a Oriol Bartomeus—de la parálisis de la política catalana. Una lucha que llevó a establecer una auténtica subasta para elaborar el Estatut de 2006, y que acabó con un referéndum en el que ERC acabó pidiendo el ‘no’, tras un acuerdo de última hora entre Rodríguez Zapatero y Artur Mas, al margen de la sentencia del Tribunal Constitucional que llegaría en 2010.

Si Puigdemont arrasa al PDeCAT, con nuevas piezas en Madrid, que podrían ser irrelevantes, en función también del resultado electoral que obtengan, una parte de ese mundo posconvergente podría ejercer de puente para tratar de reconducir el embrollo de la política catalana.