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Pere Aragonès (i) y Carles Puigdemont (d) en Waterloo / GENCAT

Escepticismo sobre la vuelta de Aragonès al ‘pujolismo'

Reivindicar la gestión del aeropuerto, el déficit fiscal y las inversiones es un cambio de estilo, pero los empresarios creen que el presidente está lastrado por las pugnas 'indepes' y le falta bagaje

6 min

Pere Aragonès formalizó su apuesta por el diálogo y la reconciliación, lo que sonó bien, pero que muy bien a los empresarios. Su discurso, aseguraban algunos asistentes a las jornadas del Círculo de Economía, tuvo dejes de pujolismo. Pero dos días después, el republicano demostró que ni tiene el liderazgo del expresidente, ni le respalda una mayoría sólida. La reunión que mantuvo con Carles Puigdemont el viernes, coincidiendo con la presencia de Pedro Sánchez en esas sesiones, le hizo perder puntos ante un sector económico ávido de pragmatismo y de reconciliación entre gobiernos. No ayudó tampoco el inesperado discurso identitario del consejero de Economía, Jaume Giró, empeñado en demostrar su fidelidad a Waterloo.

Aragonès afrontaba una semana crucial para su recién estrenado gobierno. Es tiempo de reconstrucción social y económica tras el Covid, y su compromiso con el diálogo y la negociación con el Estado es precisamente el discurso que querían oír los empresarios que acudieron a uno de los foros económicos más importantes que se celebran en Cataluña.

El Prat, Puerto y Zona Franca

Que Aragonès reivindicara la gestión catalana del aeropuerto de El Prat, del Puerto y de la Zona Franca rememoró otras épocas, las lideradas por Jordi Pujol, en las que el pacto político --con PP y PSOE-- suponía réditos para Cataluña. Esto es, inversiones y traspaso de competencias. Una estrategia peneuvista que el proceso unilateral de independencia se llevó por delante. El pospujolismo protagonizado por Artur Mas ya había supuesto renuncias a ese pragmatismo pues, durante la negociación del Estatut, el delfín de Pujol --entonces estaba en la oposición, pero José Luis Rodríguez Zapatero lo recibió en la Moncloa-- renunció a la gestión aeroportuaria a cambio de que se reconociera a Cataluña como nación.

Que Aragonès hablara del déficit fiscal catalán e inversiones pendientes del Estado dejó una sensación de déjà vú en la sala del hotel W. Y aunque esas dos reclamaciones formen ya parte del imaginario nacionalista, los empresarios echaban de menos hablar de economía y a eso fue el president. De hecho, Aragonès está considerado como el dirigente más convergente que tiene ERC. Y no solo por su pertenencia a una familia de militantes de CDC.

La foto con el Rey, buscada, pero no deseada

“Aragonès tranquilizó al empresariado, que a su vez reconoce su acercamiento. Pero el problema es que no es Pujol, que lideraba el nacionalismo sin fisuras. Detrás de Aragonès están Waterloo, la CUP y Junts per Catalunya (JxCat), que le obligan a dar bandazos y quedar bien con todos”, explica uno de los asistentes a las jornadas del Círculo.

No en vano, una de las anécdotas, elevada a categoría, fue la foto de Aragonès con el Rey, buscada, pero no deseada, pues había que satisfacer a ese mundo de los negocios recién reconquistado, sin irritar demasiado a la militancia de ERC, a los irreductibles de JxCat y a los antisistema. Las grandes cautelas del dirigente republicano fueron inversamente proporcionales a la mínima asistencia a la quema de fotos del monarca convocada por la Assemblea Nacional Catalana (ANC).

Pragmatismo o inestabilidad

“Aragonès debe representar a todos los catalanes. Por tanto, debe dejar sus proclamas en el Parlament. De lo contrario, será más de lo mismo, inestabilidad política, desconfianza y disminución de la inversión”, advierte otro empresario.

“Para pujolear es necesario ser una persona intelectualmente sólida. No sé si es el caso”, afirma el dirigente de una destacada patronal catalana.

La pelota, en el tejado de la Generalitat

“Aragonès tiene la pelota en su tejado. Pedro Sánchez arriesga mucho con los indultos; las declaraciones tanto de Garamendi (presidente de la CEOE) como de Sànchez Llibre (presidente de Foment) asegurando que sirven para normalizar las cosas y distender, ponen la pelota en el tejado de la Generalitat, en el sentido de que deberá hacer también gestos para distender”, añade esta fuente. Sin embargo, el president plantará a Sánchez en el gran acto que este protagonizará mañana en el Liceu para defender los indultos.

En definitiva, Aragonès afrontó el doble reto de representar un rol institucional y de lealtad en las sesiones del Círculo, con un discurso que apuntara a un cambio de estilo, pero sin indignar a los más radicales de ERC, JxCat y CUP. Se quedó a medio camino. “Aragonès debe demostrar en poco tiempo, de aquí a Navidad, que manda y tiene talla de presidente. Creo que lo tiene muy difícil. Por eso el discurso fue muy flojo, se quedó a medio camino y lógicamente no gustó ni a empresarios ni a los suyos”, concluye el citado miembro de la patronal.