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Jordi Sànchez y Jordi Cuixart en su primera intervención desde el techo del coche policial el 20 de septiembre / TV3

El documental 20-S de Roures alimenta la revuelta independentista

La visión del reportaje emitido en TV3 es que se trató de una manifestación improvisada sin ningún tipo de incidente frente al departamento de Economía

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Una manifestación improvisada, con miles y miles de personas, que no podían tolerar que los agentes de la Guardia Civil entraran en “las instituciones catalanas”. De fondo, la posibilidad real de que fueran los propios agentes y los policías los que forzaran altercados, y, por tanto, poder justificar luego las potenciales cargas. Ese es el doble mensaje del documental 20-S emitido este jueves en TV3 elaborado por la productora Mediapro, de Jaume Roures. Un documental que alimenta la revuelta independentista, con el objetivo de que se pueda utilizar para las defensas de Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, en la cárcel, precisamente, por su actuación a lo largo de ese día, el 20 de septiembre, frente al departamento de Economía de la Generalitat.

Las concentraciones ante el departamento de Economía se produjeron, según el documental, de forma espontánea, desde el momento en el que los medios de comunicación informaban, a primera hora de la mañana, del registro de la Guardia Civil. El reportaje se centra también en el intento de registro en la sede de la CUP por parte de la Policía, con cientos de militantes de la formación anticapitalista impidiendo la entrada, al no tener los agentes una orden judicial, con largas declaraciones de David Fernández, en el mismo día, y a posteriori para completar el reportaje.

Mediador

A través de casi entrevistas preparadas para la ocasión, en el documental aparecen los testimonios de Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, intercalados con las reflexiones de Joaquín Urías, catedrático de derecho constitucional de la Universidad de Sevilla. La idea es que no hubo violencia, ni tampoco se considera que hubo un delito de sedición. La imagen constante de Sànchez le presenta como un mediador, que se siente engañado por la Guardia Civil, cuando, según su versión, después de lograr que se pueda establecer un cordón de paso, en la puerta del departamento de Economía, para que pudieran salir los agentes judiciales responsables del registro, éstos reclamaron después que se desalojara el lugar, para poder acceder y salir con sus coches, que quedaron destrozados.

También aparece el exMajor de los Mossos D’Esquadra, Josep Lluís Trapero, quien, con la misma versión, --su voz ante el juez—señala que no se podía desalojar ya a tanta gente, “unas 25.000 o 30.000 personas”.

"Prou Atacs a la democràcia"

La cuestión es que esas concentraciones fueron espontáneas, según los implicados, aunque, posteriormente, con las personas ya frente al departamento de Economía, la ANC y Òmnium Cultural pudieran animar a mantener la manifestación.

El hecho es que a través de las redes sociales, con el hastag de CridaDemocràcia, lanzado por Òmnium Cultural, se pedía ya a las 8.29 de la mañana que se organizaran concentraciones “urgentes” ante el departamento de Economía. “Prou atacs a la democràcia”, se clamaba en esas redes sociales, animando a concentrarse y a pedir que salieran de allí los agentes de la Guardia Civil. Eso no aparece en ningún momento en el reportaje.

El 78, "c'est fini"

El documental sirve ahora como acicate, --al margen de si puede servir o no a las defensas de Jordi Sànchez y Jordi Cuixart-- para mantener viva la tensión entre el independentismo. En un momento de perplejidad, tras el cambio de Gobierno en la Moncloa, el independentismo se propone mantener el pulso con el Estado, con el argumento de que hubo “la construcción de un relato político”, como apunta en el documental Joaquín Urías, que nada tendría que ver con los hechos efectivos.

En el reportaje se intercalan diferentes voces y manifestaciones, con Lluís Llach como una de las estrellas. En una entrevista con un equipo de televisión en lengua francesa, en el transcurso del fragor, con manifestantes con sus estaladas frente a Economía, Llach sentencia: “La Constitución de 1978, c’est fini”, con cánticos, alentados por el propio Jordi Sànchez, con la voluntad de llegar al 1 de octubre, de “votarem”.