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Imagen del 'Bosc de les Cendres' del Cementerio de Collserola, donde se ubica uno de los dos crematorios que tiene Barcelona / CG

Colau prepara el cierre final del crematorio de Collserola

La obsesión anticambio climático de la alcaldesa de Barcelona fulminará uno de los dos hornos funerarios de la ciudad, pese a que Montjuïc opera al límite

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El Ayuntamiento de Barcelona prepara el cierre final del crematorio de Collserola. El equipo de gobierno local ultima la clausura definitiva de un horno funerario que dejó de funcionar en mayo de 2019 por incumplir la normativa vigente en materia de emisiones. Ahora, Cementiris de Barcelona, empresa municipal de camposantos con monopolio en la cremación, sopesa darle el cerrojazo final, pese a que la única instalación operativa en la ciudad de Barcelona funciona al límite.

Así lo aseguran fuentes del sector, que indican que Cementiris "estudia si se molesta en remodelar y reabrir el crematorio de Collserola o si, simplemente, lo cierra de por vida". Con ello pasarían dos cosas. Por un lado, que el crematorio de Montjuïc asumiría, como está haciendo ahora, toda la carga de cremación en Barcelona ciudad. Esta cifra alcanzó los 8.022 cuerpos en 2017, último ejercicio disponible. La empresa municipal conservaría el monopolio de cremación con el 50% de la capacidad que solía tener. Por otro lado, la enseña que comanda Miquel Trepat pondría fin a una instalación contaminante que se inauguró en 1990 en mitad de un parque natural. "Ello entronca muy bien con la nueva obsesión anticambio climático de Colau", explican las mismas fuentes.

Cementiris: "Sin fecha de reapertura"

Preguntada por la cuestión, una portavoz de Cementiris de Barcelona ha recordado que "reiteramos que el crematorio de Collserola requiere una renovación integral de sus instalaciones, así como una adaptación y mejora de los equipamientos existentes de recepción de las familias y de acompañamiento y despido, actualmente insuficientes". ¿Podrá absorber Montjuïc todas las cremaciones derivadas de las empresas funerarias? "Actualmente, las instalaciones del crematorio de Montjuïc satisfacen adecuadamente la demanda existente de incineración", ha insistido la misma representante.

Con respecto a esta última instalación funeraria, Cementiris sostiene que la está renovando --abrió en 1997-- para maximizar el control de emisiones contaminantes. "El crematorio de Montjuïc continúa prestando el servicio con normalidad. Por otro lado, en el marco del proceso de renovación de la licencia medioambiental, estamos incorporando un sistema automático de medición (SAM), que consiste en la monitorización en continuo de emisiones al crematorio", ha indicado la misma fuente. Según la voz oficial de Cementiris, "este sistema estará operativo durante el segundo semestre de 2020".

Uno cerrado y el otro incumple

El escenario actual es pues que Cementiris de Montjuïc continúa con el monopolio de las cremaciones en Barcelona, pero su operativa está coja: tiene solo un horno de los dos operativos. Asimismo y tal y como avanzó este medio, la única instalación de eliminación de restos funerarios incumple las rigurosas exigencias medioambientales, por lo que se llevó un rapapolvo de la Generalitat de Cataluña que le obligó a adquirir el costoso sistema de medición en 2019. Cementiris cuenta pues con un horno cerrado y otro que incumple la legalidad. Ello tiene un impacto sobre los trabajadores, el servicio que se presta a empresas funerarias y ciudadanos, tal y como ocurrió el 17 de enero, cuando se apiñaron los cadáveres en el camposanto por un repunte inesperado de la mortalidad.

A ello se le sumaría ahora la idea de Cementiris, según el sector, de clausurar para siempre una instalación con la que no puede contar desde mayo de 2019. La política, si finalmente se concreta, entroncaría con la nueva obsesión del equipo de la alcaldesa Ada Colau, que ha iniciado una cruzada contra el cambio climático con las exiguas competencias con que cuenta el Ayuntamiento de Barcelona. Esta línea estratégica pasa por iniciativas como la Zona de Bajas Emisiones (ZBE) o el corte de calles como la Via Laietana o la calle Aragó, del que discrepan los comerciantes.