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El exministro socialista Josep Borrell, que ha presentado su nuevo libro en Madrid, en una imagen de archivo

Josep Borrell: "Los ciudadanos no deberían participar en el referéndum"

El expresidente del Parlamento Europeo cree que el Gobierno tendría que abordar "un plan de choque" para "resolver" muchos de los "problemas reales" que sufre Cataluña

14 min

Josep Borrell (Puebla de Segur, 1947) es expresidente del Parlamento Europeo y exministro socialista de Obras Públicas. Este miércoles ha presentado el libro Escucha, Cataluña, Escucha, España en el Centro Cultural Catalán Blanquerna de Madrid junto a los otros coautores: el exministro de Asuntos Exteriores del PP Josep Piqué; el catedrático en Derecho Constitucional, Francesc de Carreras; y el notario Juan José López Burniol. La obra es de rabiosa actualidad, pero Borrell muestra cierta displicencia al hablar sobre su partido o el desarrollo del referéndum ilegal previsto para el 1 de octubre.

-- En el libro usted define el referéndum como un ejercicio de irresponsabilidad colectivo para mantener la tensión. ¿No hay nada más?

-- Los referéndums son una cosa muy seria, que se utilizan después de un proceso con garantías democráticas, y este no es el caso. No es un procedimiento que cumpla con los requisitos que establecen ninguna de las normas a las que se apela: las resoluciones de las Naciones Unidas o de la Comisión de Venecia las utilizan para mantener la tensión y como un argumento más para demostrar que el Estado español no respeta democráticamente Cataluña. Para reafirmar el discurso nacionalista. Pero el referéndum en estas condiciones no sirve para nada.

-- ¿Cree que se debe impedir el referéndum?

-- Pensaba que quería hablar de mi libro.

-- Sí, pero también de actualidad.

-- Solo sé que el Gobierno ha dicho que no se celebrará y supongo que tiene pensado de qué manera impedirlo. En todo caso lo que hay que hacer es no participar. Los ciudadanos conscientes no deberían participar, y eso es lo que yo voy a defender, y también el PSC y los partidos constitucionales. Este no es un acto que tenga garantías democráticas y si el Tribunal Constitucional declara que no es acorde con la Constitución pues no hay que participar en un acto así. No servirá para nada. El Gobierno no sé qué hará, pero sí sé lo que deben hacer los ciudadanos, que es no participar.

-- Los autores del libro tenían pensado crear un think tank llamado ThinkCat. ¿Ha prosperado la iniciativa?

-- He hablado muchas veces de la necesidad de crear un think tank que apoye los argumentos a favor del mantenimiento de Cataluña dentro de España. Los independentistas tienen muchos. Y tienen el tiempo, el dinero y los recursos humanos que gastan en ello… Quizás, por esta razón, tienen éxito. Y es verdad que el sector que ahora llaman unionista no tiene tantos recursos intelectuales. El Gobierno español no ha hecho lo que debiera hacer. No me refiero solo a este Gobierno, sino que ninguno lo ha hecho. Se debería dar información permanente, continua, avalada. Explicar las cosas. Alguien tendría que hacerlo.

Hay gente que tiene muy emocionalmente asumida la independencia y será insensible a cualquier razonamiento y le dará igual que los argumentos independentistas sean falsos

-- El éxito del procés también ha sido apelar a las emociones. En este libro no se apela a un sentimiento de pertenencia común a España.

-- Hay gente que tiene muy emocionalmente asumida la independencia y será insensible a cualquier razonamiento y le dará igual que los argumentos independentistas sean falsos. Pero luego habrá otra gente que sí será sensible a la razón. Partir de la base de que nadie va a escuchar ninguna razón significaría aceptar que vivimos en un universo invivible, donde la racionalidad no cuenta. Para algunos no cuenta, pero para otros esperamos que sí. Es verdad que vivimos en la época posfactual, donde los hechos no cuentan mucho. El otro día me decía un politólogo americano que el éxito de Trump se puede resumir en aquello de "este señor miente, lo sé, pero estoy de acuerdo con esa mentira". Pues sí, hay gente que le da igual que le digas que Junqueras miente. Entonces, no hay nada que hacer. Pero para alguna gente sí tiene sentido y valor conocer la realidad de las cosas, y las ventajas y los inconvenientes de la realidad que se plantea.

-- En el libro también plantea que el problema es entre catalanes. Más allá del reduccionismo entre Cataluña y España.

-- La sociedad catalana está dividida en dos, aunque los independentistas lo nieguen y apelen a un solo pueblo no es verdad. La sociedad catalana está dividida en dos, partida por la mitad, rajada en vivo por esta cuestión. Un 45% es muy activo. Los independentistas no son mayoría pero son muy activos, pero hay otra mitad que nunca se ha mostrado a favor de la independencia. En las elecciones que calificaron de plebiscitarias se vió. El 52% no votó a favor de la independencia. Además, geográficamente también estamos divididos. Si toda Cataluña fuera como la Cataluña interior, donde vive muy poca gente, probablemente el independentismo sería mayoritario. Pero en la Cataluña metropolitana la mayoría de la población no es independentista, pero hace menos ruido.

-- Ya que saca Barcelona, ¿cree que el PSC debe romper el acuerdo de gobierno con Colau si el ayuntamiento cede espacios para realizar el referéndum?

-- De eso tampoco trato en mi libro.

-- Lo sé, pero usted acaba de mencionar el área metropolitana y me ha hecho pensar en Barcelona.

-- Es que no lo sé. Me hace unas preguntas a las que no tengo respuesta. Yo qué sé lo que va hacer el PSC.

-- Pues volviendo al libro. Usted sitúa el origen del conflicto en el proceso de construcción identitaria hecho por Pujol, y no tanto en el argumento recurrente de la sentencia del Constitucional sobre el Estatut.

-- La sentencia del Estatut es un hecho puntual, que forma parte de un proceso largo y continuo. Empieza conscientemente Pujol desde el primer momento que se sentó en el Palau de la Generalitat. Tenía muy claro que su objetivo final era el que era, pero no podía decirlo, pero suponían las bases para que se llegara a él.

 La sociedad catalana está dividida en dos, partida por la mitad, rajada en vivo por esta cuestión

-- ¿Qué medidas considera primordiales para intentar resolver el conflicto?

-- Está claro que de esta situación tenemos que salir desde el diálogo y el acuerdo. Y un acuerdo sobre aquellas circunstancias que puedan permitir que una parte de los catalanes que hoy se decantan por la independencia entiendan que Cataluña puede desarrollar plenamente su personalidad sin dejar, por ello, de formar parte del Estado español. Eso requiere, sin duda, una reforma constitucional, cierto reconocimiento identitario pero sin llegar a lo que pretenden los independentistas de que Cataluña es una entidad política y jurídica soberana. La financiación también se debe revisar, aunque Andalucía, por ejemplo, está peor financiada que Cataluña. Los de Cataluña no son los más graves, pero los problemas que hay se deben arreglar. Inversiones. Desde que yo me fuí del Ministerio de Obras Públicas hace 20 años no se ha dado un golpe de pala en las carreteras que unen Cataluña con Aragón por el Pirineo, por ejemplo. El Gobierno debería hacer un plan de choque para resolver todos los problemas, que los hay, y que son los que impulsan el sentimiento independentista. Todos los problemas que se puedan resolver a través de la actividad gubernamental, sin tener que reformar la Constitución, como son hacer un plan de inversiones o resolver el tema del Corredor Mediterráneo. Estas cosas ya deberían estar resueltas y el Gobierno tiene su responsabilidad en no haberlo hecho.

-- ¿España es un Estado plurinacional?

-- Sí que lo es. Esto lo explico en el libro.

-- ¿Cuántas naciones hay?

-- Ay señor… cuántas naciones hay. Cataluña puede ser, ¿no? El libro se ocupa de ello… Lo demás es un problema de sentimiento o de historia. Está claro que la mayoría de ciudadanos catalanes sienten que Cataluña es una nación.

-- En su partido también han sugerido que Madrid puede ser nación. ¿No se puede concretar cuántas naciones hay en España?

-- No las voy a contar, pero está claro que Madrid no tiene el sentimiento de identidad que tiene Cataluña.

-- ¿Está usted de acuerdo con la propuesta plurinacional de Pedro Sánchez? Una propuesta que dista bastante del PSOE de Felipe González del que usted formó parte durante muchos años.

-- Pero el propio Felipe González ha escrito artículos diciendo que el reconocimiento del carácter plurinacional de España es la mejor garantía de nuestro futuro.

-- ¿No fue invitado a TV3 a presentar su anterior libro Las cuentas y los cuentos de la independencia porque se acercaban elecciones?

-- Estaba previsto hacer una entrevista en TV3 sobre este libro. Seguramente la concertaron sin saber de qué iba y cuando vieron el contenido debieron pensar que no favorecía las tesis independentistas y cancelaron la entrevista por las buenas, dando una excusa absurda. Cuando intenté hacerla otro día tampoco fue posible. Esta historia demuestra bien la independencia de los medios... TV3 es un pessebre al que están muy enchufados todos los que defienden las tesis independentistas y del que estamos vetados, a la hora de la verdad, los que tenemos posiciones contrarias.

-- En el libro habla de las promesas incumplidas de inversión de Rajoy en Cataluña, y que finalmente este dinero prometido se fue al País Vasco.

-- No dije exactamente esto. No se fue el dinero prometido. Sí que es verdad que hubo unas promesas de inversiones que todavía no se han materializado y que no se puede argumentar que fuera por falta de recursos porque poco tiempo después hubo un acuerdo con el Gobierno vasco sobre la cuantía del cupo que significaba un aumento sustancial de éste.

-- ¿A qué atribuye este incumplimiento por parte de Rajoy?

-- Hay tantas promesas incumplidas… Hay tantas veces que se ha dicho que se va hacer y no se hace. No creo que obedezca a una mala voluntad ni a una actitud contraria a los intereses Cataluña como algunos dicen. Pueden ser dificultades administrativas, o dificultades para llevar a cabo la inversión. Pero, en fin, no me parecen dificultades insuperables. Han habido muchos retrasos que, de no haberse producido, el sentimiento de agravio no se habría producido tanto. Cuando alguien utiliza una ineficiencia como un instrumento de lucha política y de agravio lo que sí que tiene que hacer el Gobierno es resolver ese problema para que no se pueda utilizar, sobre todo cuando el problema existe y es real.